Crónicas AMFF 2022: "Soul of a Beast", gritos de juventud

Autor: Pablo Gómez Fuente: Filmin

Crónicas AMFF 2022: "Soul of a Beast", gritos de juventud

Con un espíritu de rebelión y belleza, "Soul of a Beast" se abre paso en el Atlàntida Mallorca Film Fest, posicionándose como una de las películas más singulares del repertorio. Una oda a la juventud y a las posibilidades del medio de la mano del director suizo Lorenz Menz. Un viaje onírico y liberador enmascarado de romance juvenil que no ha dejado indiferente a nadie. 


¿Dé qué va?


Durante un verano, Gabriel, un padre adolescente, se enamora de la misteriosa Corey, la novia de su mejor amigo Joel. Profundamente herido por sus deshonestas intenciones, Joel revela la verdad sobre el complicado pasado de Gabriel: no tiene un solo hijo.


¿Quién está detrás?


De origen suizo y americano, Lorenz Merz se formó en música, pintura y fotografía antes de dar el salto completo al cine. Escribe, dirige y realiza la fotografía de sus películas. Su ópera prima, "Cherry Pie" (2013), tuvo una buena acogida en festivales y fue nominada a mejor fotografía en los premios del Cine Suizo. Con su segunda, "Soul of a Beast" (2021), obtuvo la mención especial en el Festival de Locarno, confirmando su posición en la lista de directores a los que prestar atención en el futuro próximo.


¿Qué es?


Un coming of age que desmonta toda forma narrativa para ofrecer un viaje sensorial y surrealista a la psique de Gabriel, un joven atrapado entre el mundo adolescente y el mundo adulto.


Dos o tres cosas que sabemos sobre ella

Una noche de verano, el joven Gabriel conoce a Corey, la novia de Joel, su mejor amigo. Es lo que diríamos un flechazo, y ambos lo saben. A los pocos días, Joel marcha de viaje con la familia, dejando vía libre para que los dos dejen crecer su amor. El problema es que Gabriel es el padre de un pequeño niño de cuatro niños, ya que su expareja no está capacitada para cuidarlo. Esta trama de triángulo amoroso, no ejerce más que de telón de fondo para dar rienda suelta a un convulso retrato de una adolescencia que se debate entre la rebelión y la responsabilidad de cuidar de un niño. Con un mundo visual deudor de Wong Kar Wai ("Happy Together", "Fallen Angels") y la libertad narrativa de Gaspar Noé ("Climax", "Enter The Void"), Merz se aleja de todo convencionalismo, apostando por un cine de la emoción, por encima de la comprensión. Gabriel se siente atrapado en una vida que no es la que le tocaría a un joven de veinte años. Toda la dedicación que comporta el cuidado de su hijo entra en colisión cuando conoce a Corey. Este encuentro despierta en él un mundo socarrado. Su mente empieza a derivar entre la realidad y la fantasía. Lo racional e irracional se entremezclan y tiene un impacto directo en la propia película. Distintos géneros se van fusionando a medida que avanza el metraje (romántico, coming of age, post-apocalíptico, samuráis...) sin llegar a caer en un mero pastiche. Una voz en japonés va narrando la historia, como si se tratase de una antigua leyenda popular, mientras Gabriel va dejando atrás el mundo físico para adentrarse en su propio ser, un lugar donde deberá enfrentarse a sus propios traumas y sentimientos.


Merz traza una de las películas más singulares y ambiciosas que se podrán ver este año. Un relato con una fuerza jovial que pide a gritos libertad y rebelión, emoción y belleza, enfrente de un mundo cada vez más cuadriculado. Todos los departamentos, desde la fotografía, la edición a la interpretación, participan del mismo baile, ofreciéndole al espectador la oportunidad de soltar el volante y dejarse llevar por las imágenes y sonidos. Una obra que, sin duda, devolverá la fe a aquellos desencantados sobre las posibilidades de este arte.



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