Crónica Sevilla 2014: "Cábala Caníbal" a jugar

Fuente: Joan Sala (filmin)

Crónica Sevilla 2014: "Cábala Caníbal" a jugar

"Castilla es para mi como un gran McGuffin". Es el propio Daniel V. Villamediana quien nos brinda la clave más acertada posible para definir el trayecto que hasta el momento recorre la singular y emergente filmografía del personalísimo director de "El Brau Blau", "La vida sublime" y "De Occulta Philosophia". A lo largo de ella ha exorcisado la memoria histórica, familiar, pero ante todo personal, que marca su origen y vida, debiéndose siempre a su tierra natal. Un trayecto interior que bien podéis recorrer y descubrir en filmin, y que, de forma absolutamente apoteósica, ha desembocado en el Festival de Sevilla con una desatada, locuaz y lúdica "Cábala Caníbal".

¿De qué va?

Un manuscrito encontrado (y luego vuelto a desaparecer) en el interior del muro divisorio entre la casa de la familia de Villamediana y la casa contigua en un pueblo de Castilla activa el mecanismo de esta Cábala Caníbal. Película que rastrea la propia memoria familiar, y bucea por las raíces del ocultismo y de la historia negra de España a través de ese libro tachado como “cosa de judíos” por el cura local, posible huella de la Inquisición y de la conversión judía.

¿Quién está detrás?

La de Daniel V. Villamediana es una nueva mirada que emerge desde el riesgo y la radicalidad, pero ante todo desde el profundo y riguroso intelecto cinéfilo y la exploración propia y personal, de los lazos históricos y familiares que le unen a su originaria Castilla. Una visión primitiva y contemplativa, pero también exploradora, que lo emparenta directamente con una emergente nueva ola de realizadores españoles (Los Hijos, el nuevo cine gallego...) comandada en su caso por el inconformismo, el carisma y el atrevimiento de Luís Miñarro, quien nuevamente le produce.

¿Qué es?

Lo más cercano que podemos encontrar a Val del Omar en la historia reciente (y no tan reciente) del cine español.

¿Qué ofrece?

Una insólita búsqueda personal de carácter tan experimental y lúdico, como excepcionalmente autobiográfico y rigurosamente histórico. Como si de un salto sin red en Google se tratara, asociando de forma absolutamente libre y encadenada una imagen tras otra, una imagen frente a otra, el cineasta castellano plasma una pantallla partida rebosante de estimulantes contrastes, que tienen en su propia voz en off su inapelable hilo conductor. Tanto es así, que uno tiene la sensación de que el empleo experimental de las imágenes (vía archivo y formato Mini DV) tienen como objetivo principal dar accesibilidad a su frondoso, complejo y profundo texto. Es decir, el mundo al revés. Un recurso cuya meta es siempre retar al espectador, Villamediana lo transgrede despojando el material de su propio significado y dotándole de uno nuevo (las imágenes de "Haxan" o incluso "Fanny & Alexander" son fácilmente identificables, aunque lo importante es que en este caso adquieren un significado nuevo) para que sirva de puerta de entrada a su propia cábala interior.

Y es que, algo se tenía que inventar para ser capaz de abarcar en una misma mirada el espectro familiar tanto como el histórico y personal, partiendo de la incisiva exploración y revelación de sus propios orígenes y principales miedos que tiene en la Cábala judía y la búsqueda del Zohar (pero ante todo la magia del cine) su inopinado reflejo. Elocuentes contradicciónes, sugeretes fugas que, "Cábala Caníbal" aúna con sorprendente ocurrencia y latente visceralidad, pero también con severa disciplina antropológica y arte cinética, erigiéndose así en una obra con tanta personalidad como particularidad, que tiene además la audacia de sortear con atino toda posible amenaza de narcisismo a la que su arriesgada base formal y argumental equívocamente puede apuntar. Lo demuestra el no tan simple hecho de que nos logre hacer partícipes de sus principales dudas y propios miedos, provocando que también sean los nuestros, o bien nos proyecte unos nuevos. Un radical, sublime y ocurrente broche de oro para una personalísima trilogía que resulta tan estimulantemente confesional y reflexiva como peculiarmente aventurera y precisamente, cabal. Y como tal, se termina por fagotizar. Es el epílogo soñado, el final más acertado. Más aún, teniendo en cuenta que la clave de todo está en el origen. Veremos que viene de nuevo, pero por descontado que desde ya lo aguardamos.

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