"Cegados por el Sol" o como tirarse a "La Piscina"

Autor: Joan Sala Fuente: Filmin

Comidas interminables, secretos inconfesables, plata, perlas, oro, algún que otro diamante, mucho dorado y allí, en un lado de la mesa, Tilda Swinton, británica llegada a la ciudad de la moda de Italia, madre de una familia de jerarquía patriarcal en la que encajaría a la perfección ese título de clásico español de los 80: sé infiel y no mires con quién. Hablamos de la hermosa y excepcionalmente pulcra "Yo soy el amor". Fue el contundente y revelador debut en el cine de Luca Guadagnino, un tipo con clase y mucho estilo que, para su segundo film hace suyo el reto, de altos vuelos, de realizar el remake de "La Piscina" de Jacques Deray. Si alguien debía intentarlo, es él.

¿De qué va?

Las vacaciones de una estrella de rock y su novio cineasta en la isla italiana de Pantelleria se ven interrumpidas por la visita inesperada de un antiguo amante y su joven hija. Cegados por el sol es un sensual retrato de deseo, celos y rock and roll bajo el sol del Mediterráneo.

¿Quién está detrás?

El director debutante de "Yo soy el amor" se tira a "La Piscina".

¿Quién sale?

El cuarteto lo conforman un impertérrito Mathias Schonaerts, que tiene ante si el complicado reto de evocar a Alain Delon, una Tilda Swinton en plan rockstar que a pesar de que prácticamente no media palabra (por una operación de cuerdas vocales que desde un principio se indica que ha sufrido su personaje) con su elegante gestualidad e imponente presencia igualmente acapara, una Dakota Johnson en plan Lolita un tanto sobreinterpretada pero con mucha guasa, y el auténtico rey de la función, un extravagante y definitivamente tronchante Ralph Fiennes, que se lleva la palma.

¿Qué es?

Remake de “La Piscina” (Jacques Deray, 1969), uno de los films más taquilleros de la carrera de Alain Delon, auténtico fenómeno comercial a finales de los años 60 cuyo guión firmó el guionista preferido de Luis Buñuel, Jean-Claude Carrière.

¿Qué ofrece?

Su título original, "A Bigger Splash", que hace referencia al mítico cuadro de David Hockney, habla por si solo. Desde su apabullante comienzo, Luca Guadagnino pone las cartas encima de la mesa: "Cegados por el Sol" se presenta como un remake muy consciente en todo momento de la semilla de la que nace, como una personalísima puesta al día que, pese a la evidente fidelidad que demuestra profesar a su genial antecesora (en líneas generales, y pese a cambiar St. Tropez por un remoto chalet en Sicilia, el transcurso de la acción transita mismos lugares comunes) ello no significa que imprimiendo sugerentes cambios y matices (empleo del flashback o la modificación en el background y las profesión de los personajes) la realice de forma completamente personificada. Difícil reto el suyo, lo supera desplegando su elegante y seductor universo, incurriendo en este caso, en un tono cómico que parece no tomarse en serio, que se siente tan vacilón como hilarante, y en el que además imprime un ritmo vigoroso y trepidante que se sustenta sobre un atronador empleo de la banda sonora que lleva los Rolling Stones como bandera. Y es que, tal y como debía ser, "Cegados por el sol" cumple con el cometido principal de seducir y divertir, de plasmarse con el brío que su sofisticado referente exige. Quizás sea es tono imprevisible (pasa de lo autoparódico a lo trascendental sin apenas pestañear) o quizás sea ese garbo, esa explosividad, con la que se rebelan sus principales protagonistas (tanto quienes están ante cámara como quien está tras ella) lo que deja a uno con la sensación de que el goce y jugueteo que brinda este ejemplar remake es de un poso considerable. Luca Guadagnino se tira a la piscina, y con mucho estilo. Chapuzón, pero en el mejor de los sentidos.


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