Arauco tiene una pena
Violeta Parra ya lo vaticinaba: "Arauco tiene una pena, más negra que su chamal, ya no son los españoles los que les hacen llorar. Hoy son los propios chilenos los que le quitan su pan. Levántate Cayupán" El ambiente político está algido en el extremo sur del mundo. En un país llamado Chile, los chilenos se enfrentan con sus propios antepasados en la eterna lucha por las tierras de la Araucanía. El pasado miércoles, la última de las desgracias: el asesinato de Camilo Catrillanca, el último indigena sacrificado. ¿Solo sangre y más mas sangre? ¿Solo sangre y más mas sangre?¿Solo sangre y más mas sangre? Escribía el poeta Raúl Zurita en memoria de Catrillanca."El horror continúa, el asesinato de Camilo Catrillanca perpetúa todos los crímenes, los repite con mayor ferocidad en el pueblo mapuche". Como decía la cantautora chilena Violeta Parra en su canción "Arauco tiene una pena" las batalla en la Araucanía vienen de antaño: "Arauco tiene una pena, que no la puedo callar, son injusticias de siglo, que todos ven aplicar, nadie le ha puesto remedio, pudiéndolo remediar. Levántate Cayúpan".
Para conocer mejor el álgido contexto político y social que se vive en Chile, nada mejor que los documentales de Patricio Guzmán. El documentalista chileno más reconocido internacionalmente, cuyas obras fueron expuestas en una retrospectiva el año pasado en la Filmoteca de Catalunya. Como mencionó en aquella ocasión, con el mismo tono pausado de la voz en off de sus filmes: “un país sin cine documental, es como una familia sin álbumes de fotos” y para eso, Chile tiene a Patricio Guzmán. Valiente cineasta chileno, detenido dos semanas en el Estadio Nacional durante el golpe de estado de Chile y que lo único que quería, era salvar las cintas de lo que se convertiría en “La Batalla de Chile”, trilogía con la que se dio a conocer al mundo y que tuvo amplía repercusión internacional.
Patricio Guzmán creía que el océano contenía la historia de la humanidad entera, la memoria del agua. En el caso de Chile, geográfica y metafóricamente, el agua es su frontera más larga. Esta obra magna, funciona como fábula entre la historia política del Chile reciente y un viaje a la memoria y territorios muchos más concretos. Guzmán cuenta que antes de la llegada del hombre blanco, en el extremo sur de Chile, los habitantes de la Patagonia, vivían en unión con el cosmos, comían lo que el agua les traía y caminaban sobre el mar. En un paralelismo, relaciona el exterminio de los indígenas patagónicos con los miles de desaparecidos durante la Dictadura de Pinochet, el botón de nácar por el que se vendió el indígena Jemmy Button a la civilización inglesa, navegando desde la Edad de Piedra a la Revolución Industrial, con el botón de un detenido desaparecido encontrado en los rieles de un tren oxidado, lanzado al medio del mar en la década del 70. ¿Cuántos botones habrán en el océano? El botón se vuelve así el punto de evocación.
Relata Guzmán que los mapas de Fitz Roy, el capitán del barco que se llevó a Jemmy Button, abrieron la puerta a los colonos y así un grupo de hombres blancos gobernaron por más de 150 años un país silencioso. La revolución de Salvador Allende rompió ese silencio, estallando un gran movimiento social que abarcó la mitad de un país, se oyeron voces que nunca se habían escuchado, Allende empezó a devolver a los nativos las tierras usurpadas en siglos anteriores pero la libertad duró poco y fue aniquilada por un golpe financiado por EE.UU. La Dictadura cayó sobre Chile durante 17 años, hubo 800 cárceles secretas, con más de 3500 funcionarios, muchos torturadores que descuartizaban vivos y violaban mujeres. Dawson, la isla donde murieron cientos de indígenas en las misiones católicas, fue transformada en un campo de concentración para los ministros de Allende. También fueron encerrados más de 700 seguidores que vivían en la Patagonia, siendo víctimas de una violencia que ya conocían los indígenas. A Guzmán le gustaría que estos pueblos del agua no hubiesen desaparecido. A mi me gustaría que los Araucanos no desaparecieran.

Nostalgia de la luz, presenta también en modo de fábula, un nuevo paralelismo entre dos diferentes búsquedas en el desierto de Atacama: una mancha marrón, en nuestro planeta húmedo donde no existe ni un grado de humedad, envueltos por el polvo estelar, los científicos de todo el mundo, construyeron los más grandes telescopios de la tierra. La ciencia se enamoró del cielo de Chile. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del pueblo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura de Pinochet. El desierto como un gran contenedor del pasado. Mientras los astrónomos, buscan la vida extraterrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares. Luego de ver el documental uno no se puede sacar las voces de esas mujeres de la cabeza: “Ojalá los telescopios, no mirarán solo al cielo, sino que pudiesen traspasar la tierra para poderlos ubicar”.
Como expresa el poeta Raúl Zurita en su último poema, lo que pasa con Camilo es una perpetuación de la dictadura de Pinochet y de la persecución por causas políticas: "con este asesinato la democracia se transforma en una mascarada sangrienta, en un disfraz lleno de sangre, el estado de derecho es solo una caréta que oculta y perpetúa a los criminales. No hay democracia, no hay derecho, no hay justicia, solo hay crímen y horror"

Y para ahondar en la grandísima cantautora chilena Violeta Parra, tenemos este Dirigido por Andres Wood, uno de los más grandes directores del cine chileno.
Jordi Costa para "El País" le dedica prosperas palabras: "Heterodoxo y apasionante biopic que esquiva hábilmente el peligro de convertirse en hagiografía. Wood vuelve a manejar su material con la ambición y la precisión de su estupenda "Machica (2004), despliega los fulgores de una vida exepcional, sin someterse a la ataduras de molde drámaticos canónicos: desde los comienzos errantes hasta el aislamiento final, el cineasta construye una identidad conflictiva, atiende a los claroscuros y logra momento musicales que parecen número de equilibrismo entre tiempos, espacio y emociones enfrentadas"
En este biopic Violeta Parra es visitada por los recuerdos de los hombres que dieron forma a su vida: su humilde padre, su marido y su último amante. Poco a poco descubrirá sus secretos, miedos, frustraciones y alegrías. Desde sus inicios como cantante de feria junto a su hermana, hasta su consagración internacional como compositora y artista en París, donde expuso sus arpilleras en el Museo del Louvre sus logros son mostrados en un recorrido apasionante junto con los personajes que marcaron sus sueños, risas y lágrimas.
Violeta fue la madre del folclore latinoamericano en la carpa que construyó en La Reina en Santiago de Chile. En una maravillosa escena, la joven Violeta Parra —una extraordinaria Francisca Gavilán que hace toda una creación de su personaje y aprendió a tocar guitarra para encarnar a la folclorista— visita a un anciano en una apartada zona rural de Chile y le pide que cante una canción de duelo. El anciano se niega. "La artista logra convencerle de que esa canción que conserva en su memoria y que puede morir con él es un tesoro, algo que tendría que ser compartido. La labor de Violeta Parra como folclorista —es decir, como alguien profundamente comprometido con la memoria personal y colectiva— tuvo su correspondencia y continuidad con las carreras artísticas de sus hijos Ángel e Isabel. El primero es, asimismo, el autor de la biografía que ha tomado Andrés Wood como punto de partida para esta película, que juega con la estructura fluida de los recuerdos y acaba dibujando un retrato complejo de alguien que amó la vida pero acabó saltando de la misma en plena marcha"
Violeta nace en San Fabián de Alico en Chile pero como dicen sus versos, se quedo en el sur, precisamente en la Región de la Araucanía que hoy se ve amenazada, ella ya lo auguraba: "Miren cómo sonríen los presidentes cuando le hacen promesas al inocente. Miren cómo le ofrecen al sindicato, este mundo y el otro los candidatos. Miren el hervidero de vigilante para rociar de flores al estudante. Miren cómo relumbran Carabineros para hacerle premios a los obreros. Miren cómo se visten cabo y sargento para teñir de rojo los pavimentos".
