11 sesiones inolvidables de Punto de Vista 2020

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

11 sesiones inolvidables de Punto de Vista 2020

“Imagina un ojo desvinculado de las leyes de la perspectiva manufacturadas por el hombre, un ojo desprejuiciado por la lógica compositiva, un ojo que no responde al nombre de todo pero que debe conocer cada objeto encontrado en la vida a través de una aventura de percepción”. La celebérrima introducción que escribe Stan Brakhage al inicio de "Metaphors on Vision" puede ayudar a acercarnos de primera mano a lo que nos plantea un festival como Punto de Vista, el Festival Internacional de Cine Documental de Navarra. Un certamen conocido en la industria por su propuesta frontal y sin concesiones en el que se genera un espacio cómodo para las propuestas más radicales e inaccesibles del panorama internacional. Para ceñir esta idea, apuntar que su sección oficial es de las pocas que no posée estándares de duración, largos y cortos transitan libremente en igualdad de condiciones. Por este motivo, en este artículo no valoramos dirimir entre cortometrajes y largometrajes a la par que decidimos también incluir a las retrospectivas, sin duda una de las señas de identidad de un festival cuyo programa se sustenta en el extremo cuidado del comisariado y programación (que nos demuestra que también puede ser un modo de configurar historias). En tiempos de vorágine festivalera, Punto de Vista aporta un refugio para el apaciguamiento y la comprensión del debate y la divulgación como elementos fundamentales de la experiencia cinematográfica. Os proponemos un paseo por este festival soñado.

 

-RETROSPECTIVA: “MEDITACIONES SOBRE EL PRESENTE”, con Ute Aurand, Helga Fanderl, Renate Sami y Jeannette Muñoz.

Siempre resulta muy emocionante para cualquier apetito cinéfilo que se precie conocer de primera mano la obra de cineastas que escapan fuera de su radar, o que al menos, permanecían marcados como una tarea pendiente dentro de su lista. En todas las sesiones dedicadas al trabajo de las cineastas que encabezan el título, se confina lo que es el espíritu de Punto de Vista, un pozo de conocimiento y lugar seguro para la expresión fílmica y performática. Aunque bien es cierto que la praxis de su cine resulte complejo de sintetizar en unas pocas líneas (recomendamos encarecidamente el ensayo dedicado a la obra de las cuatro editado por Garbiñe Ortega y María Palacios Cruz en el marco del festival), quizás nuestros esfuerzos deberían ir encarados al estudio del diálogo fílmico propuesto por la curadoría del festival. Resulta un inmenso placer la pericia con la que se ha indagado en la organicidad dialéctica que coexiste entre las obras proyectadas, ya que prácticamente todas corresponden a cuestiones fílmicas de corte epistolar y, ante todo, gestuales. En este aspecto, el programa subraya la idea de “Meditar sobre el Presente” (cita de Robert Beavers rescatada para la ocasión), contando con directoras cuyos actos de filmar y vivir brotan como simbióticos, inseparables el uno del otro. Se trata de piezas cortas montadas en cámara, proyecciones impunes captadas desde el presente. ¿Y qué hay todavía más coetáneo que una obra sin conclusión? El privilegio de asistir a los retazos de "Puchuncaví", la monumental obra en proceso de la artista chilena Jeannette Muñoz, fuertemente arraigada a la desazón política que vive Chile en la actualidad, no tuvo parangón. Constituída por composiciones imposibles de sobrexposiciones, zooms (una disección de profundidad que recuerda al trabajo de Johann Lurf en Vertigo Rush) y otro tipo de trucajes abstractos, sumergieron en la embriaguez a una audiencia que, ante aquel vendaval cromático-corporal, le resultó engorroso contener la sorpresa a espuertas (el film era silente). Muñoz complementó su trabajo en curso maquinando una singular performance. Tres de ellas (lamentablemente Renate Sami no pudo acudir a la cita) compartieron sus impresiones con las películas programadas antes y después de las proyecciones, lo cual puso de manifiesto la necesaria unión entre formas distintas de comprender el cine desde el presente. Por último, hacer hincapié en la calidad de proyección analógica, no solo del programa, que fue excelente, sino de todo el conjunto del festival, ya que prácticamente toda la obra se pudo disfrutar en copias de 16mm (excepto dos cintas de Sami, rodadas en digital). 


  -APIYEMIYEKI?, de Ana Vaz

Premio a la mejor película, ex-aequo con "Un Film Dramatique", de Éric Baudelaire.


El flamante trabajo de la demandada cineasta brasileña Ana Vaz da comienzo con una retahíla de imágenes que nos remiten directamente al universo desangelado, aunque trufado de un virtuosismo arquitectónico de “Extinction”, de Salomé Lamas. Páramos en blanco y negro colisionan con el inquietante futurismo de los edificios de Brasilía. Poco a poco iremos desentrañando uno de los episodios más vergonzosos de la historia brasileña, un genocidio indígena masivo en pos del “progreso” y crecimiento industrial. Empuñando un dominio envidiable de la convivencia forzada entre el material de archivo y el filmado in situ con uno de los testimonios de las atrocidades, las valientes trazas formales, y el hallazgo de la obra en su totalidad, es el de dar voz a los infantes que sufrieron dichos abusos a partir de su único modo de representación al abasto, los dibujos. A la postre, el escabroso análisis se puede extrapolar perfectamente a la situación que propició el ultraderechista Bolsonaro el pasado verano con los incendios en el Amazonas (emplazamiento en el que tiene lugar este cortometraje). En la que el presidente brasileño otorgó un poder inusitado a los terratenientes para poder recalificar terrenos protegidos. El film más impactante de la sección oficial logró llevarse a casa el galardón a la mejor película, todo un logro para una competencia de tan alto nivel.



  -PLAYBACK. ENSAYO DE UNA DESPEDIDA, de Agustina Comedi

Rebobine, por favor. Para esta reflexión política sobre la invisibilización pretérita (aunque de sombra alargada expandida a un presente de tintes reaccionarios) y reiterada de los colectivos LGTBIQ+, Agustina Comedi echa mano de un exhaustivo archivo VHS perteneciente a un colectivo “drag queen” llamado Kalas, formado por “La Colo”, “La Gallega” y “La Delpi”. Desde la voz en off de “La Delpi” (dueña del archivo e hilo narrativo), una de las supervivientes de la epidemia de SIDA durante los años 80, Comedi enarbola un relato apocado, triste, que a la par sirve para conceder una oportunidad de despedirse de todas aquellas amigas que ya no están, que perecieron víctimas de una enfermedad enmudecida. Espléndido festín metafílmico dedicado a lo que simboliza narrar (y sobrevivir) con dignidad, dedicado a abrazar la necesidad de emerger un cine sobre hechos que, a ojos de la represión institucional, jamás llegaron a suceder. El empleo del mecanismo lisérgico de la cinta de video como artefacto narrativo temporalmente moldeable (jugando a la vez con los conceptos de verdad y mentira), lleva a la cinta a unas cotas de decoro y emoción verdaderamente lacrimosas.


  -FOCO DEDICADO A TACITA DEAN

Recupero para este texto una pequeña crisis de fe que tuvimos antes de asistir, por los pelos, a la retrospectiva de la artista británica Tacita Dean en la Filmoteca Navarra. Agitadas, las palabras de un compañero de fatigas resonaban en la entrada. La razón de tan poco convencimiento por la obra de Dean era de materia formal, que el formato escogido (Cinemascope 35mm) para registrar las caras de las personas que filma, despojaba a las películas de cualquier tipo de intimidad potencial. Y es que, aunque esta cuestión sí que haga acto de presencia, no se puede dejar de lado lo acuradamente medido que está el instante de serenidad en la que captura esas anatomías y bustos en plena harmonía. En el primer film proyectado, “His Picture in Little”, Dean echa mano de tres actores sobradamente conocidos (Ben Whishaw, Stephen Dillane y David Warner) para habilitar un juego de espejos y pantallas partidas remitente a “Femme Fatale” o “Obsession”, de Brian de Palma. Dean dispone una conversación muda, gestando una conexión humana a partir del dispositivo cinematográfico del primer plano, una idea simple cierto, pero también hermosa y poco frecuente de experimentar en una sala de cine. Para el siguiente, "Providence", Dean expone a Warner (en solitario) a un mecanismo similar, solo que esta vez instándolo a un diálogo con espacios que destilan vida. Una vez más, el carácter silente de las películas ayudó a zambullir a la audiencia a un estado de candidez y serenidad.   


  -JIÍBIE, de Laura Huertas Millán

El cine de Laura Huertas Millán se expande. Tras maravillar al Festival de Rotterdam con la modélica “La Libertad”, la colombiana vuelve a adentrarse en las profundidades de la selva para reflexionar sobre la identidad espiritual y política de un país, partiendo de la significancia de los elementos naturales que lo componen. En particular, Huertas rastrea la entidad de uno de los grandes temas recurrentes de la historia del cine de gángsters, la cocaína, para embarcarlo hacia un terreno insólito y desconocido para el espectador. Es indispensable apuntar esto último ya que, los deseos de Huertas son clarividentes. Esto no es una crónica morbosa más sobre la asociación de la planta de coca con el “glamour” del narcotráfico (“Narcos”) o sobre el origen de ello (con más finura, “Pájaros de Verano”, de Ciro Guerra y Cristina Gallego), sino una exploración sensitiva de corte etnográfico sobre aquello que acontece en el interior de un proceso sacro, asentado y venerado por el conocimiento indígena.


  -A TONGUE CALLED MOTHER, de Eva Giolo

El lenguaje nos hace libres o esclavos de nuestra realidad perceptiva. Este esclarecedor y luminoso cortometraje belga se apoya en una paradoja bellísima. La realizadora Eva Giolo configura en este "coming of age" desdibujado el cruce de caminos que pone en fricción a una mujer mayor con Alzheimer que está perdiendo la capacidad cognitiva de comunicarse y su nieta, que, por el contrario, se encuentra de pleno en la erosión del aprendizaje escolar. Con el tiempo, se irán ayudando la una a la otra para comprender mejor el mundo que las rodea.


  -THOSE THAT, AT A DISTANCE, RESEMBLE ANOTHER, de Jessica Sarah Rinland

El amor que profesa el festival de Iruña por la obra de Rinland es sobradamente conocido. La artista británico-argentina ya brilló en la pasada edición con uno de los títulos capitales y que más dieron que hablar entre los asistentes, académicos y periodistas, “Black Pond”. En su nuevo trabajo, presentado en el Festival de Locarno y Toronto, Rinland efectúa un acercamiento literal (es susceptible de ser leída como una sinfonía de planos detalle) al proceso de restauración y preservación de fósiles y arte histórico. Vaya por delante el valor de un oficio basado en la meticulosidad y un perfeccionismo minucioso, Rinland medita sobre la coexistencia limítrofe entre la realidad y la ficción, inspirada por los recursos ergotistas de Abbas Kiarostami en “Copia Certificada” (cinta que a su vez miraba de igual a igual a “Te Querré Siempre”, de Roberto Rossellini). Yendo al fondo de este largometraje trascendental, Rinland se pregunta sobre la esencia del séptimo arte desde una perspectiva estructuralista y formal, filmando el visor de una cámara digital para descubrir los primeros indicios de la identidad digital audiovisual, una identidad formulada en base a la reproducción. Citando a una de las restauradoras durante una secuencia del filme: “La copia es perfecta e inalterable, mientras que el original es víctima del tiempo y de la realidad”

 

-VALDEDIÓS, de Elena Duque

Recogiendo uno de los preceptos que citábamos al inicio de esta entrada, Punto de Vista no discrimina entre cortometrajes y largometrajes. Una coyuntura idónea para gozar de la nueva pieza de Elena Duque, que apenas roza los cuatro minutos de duración. "Valdediós" certifica el buen hacer de los delirios que propone la cineasta hispano-venezolana. La sucesión de imágenes propuesta en torno al monasterio de Valdediós choca con dulzura contra la partitura hermosa de Johann Sebastian Bach, que instala al espectador un poso de entereza. Entrañable cinta en Super-8 tintada con trazas de animación tradicional que versa sobre el misticismo de lugares concretos. En consecuencia, plantea como la magia telúrica de un espacio puede llegar a apoderarse del gesto de filmar, conduciéndolo y desviando a su vez, la mirada de la cineasta.


  -X FILMS, con Maider Fernández Iriarte, Laida Lertxundi y Alberto Gracia

Proyecto vencedor: "Tengan cuidado ahí fuera", de Alberto Gracia

Las cinematografías periféricas españolas gozan de una salud de hierro. Iniciativas como X Films, que apoyan y financian proyectos, son esenciales para preservar industrias alternativas. En este caso, el festival organiza un “concurso” entre tres cineastas que competirán por la realización de una obra que se estrenará en la edición siguiente. La cineasta Maddi Barber presentó, en la edición presente, el proyecto triunfador del año pasado, “Gorriak”. El día previo a la deliberación del jurado, los cineastas a competición (Laida Lertxundi, Alberto Gracia y Maider Fernández Iriarte) tuvieron la oportunidad de presentarse ante el público y mostrar algunos de sus trabajos anteriores, sesión a la que asistimos con gran expectación y curiosidad. Por un lado, en unos puntos cardinales distantes en el espacio-tiempo, el cine de Lertxundi, que proyectó en 16mm "Footnotes to a House of Love" y "The Room Called Heaven", podría emparejarse con el de Quentin Tarantino en su empleo de la mística y sensualidad fetichista inherentes de la cultura popular. El acierto se rige por su brillantez formal, escudriñando las brechas y rupturas que se ubican entre los distintos elementos sintácticos que conforman las películas (imagen y sonido diegético). En su turno, Gracia (“O Quinto Evanxeo de Gaspar Hauser”) reveló fragmentos de sus películas anteriores y una pieza independiente, "Microfugas #1". El gallego nos sumió en una suerte de vaivén posindustrial nihilista que bien podría haber pertenecido al imaginario de Nine Inch Nails o al de los transeúntes de los años más duros de la Ruta Destroy valenciana. En último lugar, si bien muchos la conocimos con la estupenda “Las Letras de Jordi”, desconocíamos los cortometrajes de Maider Fernández Iriarte. En la sesión tuvimos el placer de ver su primer trabajo, un delicadísimo retrato de distintas mujeres cuyo punto de anclaje se articula por las paredes de los espacios en los que habitan. 

 

-LA ESPADA ME LA HA REGALADO, de Miriam Martín

Por último, recomendamos este insólito y necesario retrato de La Casa de Campo de Madrid realizado por la cineasta Miriam Martín. Una diminuta obra que cuenta con un exultante y poderosísimo trabajo sonoro, que nos regala una de las mejores secuencias de todo el festival. En las partidas de petanca rutinarias e inocentes que forman parte del día a día en la casa de campo resuenan ecos de bombas y disparos, ecos del pasado, ecos de un campo de batalla. Por otro lado, echando mano de un sutil trabajo de puesta en escena, Martín enfrenta al espacio con su propio reflejo, dinamitando las convenciones de plano contraplano y accediendo, mediante las convenciones del cine paisajista a un pasado que nunca fue filmado, gesto que nos recuerda a algunos pasajes del cine de James Benning como "13 Lakes" o "Stemple Pass".


  -AN OCEAN FEELING, programa curado por Erika Balsom.

El océano se desvanece. Si ya el podcast “Marea Nocturna”, oficiado por la “crew” del Festival de Sitges Desirée de Fez, Xavi Sánchez Pons, Jordi Sánchez Navarro y Ángel Sala, apuntaba con brillantez la deriva oceánica que está tomando el cine fantástico (con “The Lighthouse” a la cabeza), Punto de Vista también sacó a la palestra la tendencia climática en su programación y diseño (desde el cartel o el universo sonoro en el tiempo de espera de las salas hasta la despampanante pieza creada por Lois Patiño ex profeso para el festival). La ansiosa devoción consumista del hombre ha acechado asiduamente a la fauna marina y la calidad del agua. A raíz de todas estas cuestiones, la prestigiosa curadora Erika Balsom (jurado en la edición pasada) trazó un recorrido a través de distintas películas que exploran los vínculos (y desavenencias) entre el hombre y el gran azul. Balsom nos descubrió como el cineasta japonés de los años 70 Noriaki Tsuchimoto ya profetizaba como el capitalismo exacerbado, producto del liberalismo salvaje, lleva a devorar la vida de cuerpos humanos. En una de sus muchas películas sobre el tema (17 ni más ni menos), "The Shiranui Sea" Tsuchimoto disecciona un grave suceso sanitario (muy en boga en estos días) vinculado a la contaminación del pescado por Mercurio por los residuos químicos de una macroplanta industrial. A su vez, también pudimos ver el salvaje retrato (no apto para aprensivos) de Vittorio de Seta sobre los pescadores de atunes y el fresco que pinta de Lois Patiño de la “Costa da Morte”.


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