"Phoenix" un deleite digno de Vértigo, Los ojos sin rostro y Douglas Sirk
El director y los dos protagonistas de "Barbara" (Oso de Plata en Berlín 2012) regresan por todo lo alto, desde el más puro deleite, con un estudio fascinante sobre el trauma del Holocausto destilado a un microcosmos íntimo y apasionado. "Phoenix" ofrece todo aquello que esperábamos de ella. Es decir, uno de los mejores títulos que probablemente disfrutemos a lo largo del año.
¿De qué va?
Una cantante fue traicionada y enviada a un campo de concentración. Vuelve con la cara totalmente desfigurada y pide a un eminente cirujano que se la reconstruya para que sea lo más parecida a como era antes. Recuperada de la operación empieza a buscar a su marido, un pianista. Pero el reencuentro no es lo que ella esperaba.
¿Quién está detrás?
El aclamado director de la excelente "Bárbara"
¿Quién sale?
Christian Petzold vuelve a contar con su fetiche pareja protagonista. Su siempre imponente musa, Nina Hoss (inolvidable"Barbara") y Ronald Zehrfeld (cuya caracterizción directamente nos lleva a la aparición en pantalla de Rock Hudson).

¿Qué es?
Un colosal melodrama de Douglas Sirk llevado al terreno de las devastadoras consecuencias de la II Guerra Mundial, con excitantes retazos de "Vértigo", "Los Ojos sin Rostro" y con aroma al mejor Fassbinder.
¿Qué ofrece?
Un estudio sobre el trauma del Holocausto que se siente tan fascinante como sobrio y elegante, destilado a un prisma apasionadamente íntimo. En el corazón de "Phoenix" yace una sobregogedora historia de (des)amor, sin embargo, lo que ante todo emerge sobre ella es una sugestiva metáfora política de la memoria histórica. Lo es en el sentido de presentar personajes que se muestran incapaces de afrontar e interiorizar de forma ética y moral los actos cometidos durante la época de supervivencia extrema a la que les ha sometido la guerra. Y es que, en lo nuevo de Christian Petzold vivimos un traición pasional y el (supuesto) camino de redención que lo debería apaliar y reconciliar. Es decir, nos lleva por los caminos comunes de la clásica tragedia romántica. No más lejos de la realidad, el aclamado realizador germano los transgrede, no solo desde el subversivo desarrollo de su sólida y hermética trama, o desde su teatral puesta en escena, también desde su refinada y compleja propuesta visual. "Phoenix" es un film profundamente noir que sin embargo, se plasma sobre unos arrolladores 35 mm que lucen sus mejores galas, proyectándose desde el imponente Cinemascope para dibujar en ella una paleta de colores eminentemente saturada. Elementos de contraste que transgreden el insondable sello autorial de los grandes melodramas de Douglas Sirk para llevarnos al hierático y nada maniqueo terreno de Christian Petzold. Es su inconfundible forma de 'iluminar' el funesto agujero negro que supone la II Guerra Mundial para la eterna historia de la humanidad. Sobre todo, para quienes se vieron sacudidos por ella. Tan conmovedora como estimulante, enriquecedora y hermosa, "Phoenix" es otro de los grandes títulos por los que recordaremos este 2015.