"Passion Simple" lo que tú sientes se llama obsesión

Autor: Filmin

"Passion Simple" lo que tú sientes se llama obsesión

Gracias a La Casa Encendida, y hasta el 7 de junio, recuperamos "Passion Simple", tórrida adaptación al cine de la novela "Pura pasión", de Annie Ernaux, que dirige la franco-libanesa Danielle Arbid. Una historia sobre el deseo femenino, las pasiones desbordadas y los bucles febriles en los que nos sumerge la obsesión.

¿De qué trata?

Hélène, madre divorciada y profesora de literatura en la univer... Olvidad lo que he dicho. Hélène es una mujer que desea y quiere ser deseada. Ha optado por complicarse la vida al empezar una relación sexual con Alexandre, un hombre ruso, casado y trabajador de la embajada de su país en París. Un tipo que parece salido de una prisión siberiana y que la satisface sexualmente como nadie, pero que le ofrece poco más. Ni siquiera le permite llamarle o escribirle un mensaje, y sus encuentros esporádicos siempre surgen a petición de él. Probablemente este hermetismo afectivo y esta disponibilidad caprichosa ayudan a que Hélène acabe obsesionándose de un modo enfermizo por su partenaire del Este. Como decía la canción: "No es amor; lo que tú sientes se llama obsesión".

¿Quién está detrás?

Habitual del circuito de festivales, premiada en Locarno, Palm Springs o Las Palmas, pero curiosamente jamás distribuída en nuestro país, la directora Danielle Arbid firma su primera adaptación cinematográfica de una novela y su primer largometraje no nacido de un guion propio. No obstante, "Passion Simple" le permite recuperar algunos de los temas de su cine, como la carnalidad y el deseo sexual, presentes en títulos como "Un homme perdu" o el corto "The Smell of Sex".

¿Quién aparece?

La actriz Laetitia Dosch, a la que muchos descubrimos en la sensacional "La batalla de Solferino", y que ganó el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Valladolid por "Bienvenida a Montparnasse" es, de algún modo, un subgénero en sí misma. Sus extraños y hechizantes ojos azules con brillo amarillo alrededor del iris y, sobre todo, esa actitud de estar siempre desbordada por la situación, le permiten defender personajes femeninos fuertes, carismáticos y emocionalmente complejos. La Hélène de "Passion Simple" le exige un sobreesfuerzo carnal en una película repleta de escenas de sexo nada timoratas, en las que se folla mucho y sin ropa. Su objeto de deseo es Sergei Polunin, visto en películas como "Gorrión rojo" o "Asesinato en el Orient Express".


¿Qué es?

Lo que podría haber sido "Cincuenta sombras de Grey" + "Amor idiota", de Ventura Pons + el soft porno feminista de Erika Lust, donde la mujer es sujeto deseante y no objeto de deseo.

¿Qué ofrece?

Hay un chiste bastante machista, aunque bastante ingenioso también, que asegura que puedes reconocer una película porno dirigida por una mujer porque al final de la misma los protagonistas se casan. Si vamos un poco más allá del chascarrillo, podemos deducir que el deseo masculino y el femenino se activan mediante mecanismos muy distintos. Y adivinamos que hay algo que podríamos llamar "relato" que resulta imprescindible para explicar cómo y por qué desean las mujeres.

La Hélène de "Passion Simple" dista mucho de ser Glenn Close en "Atracción fatal". En primer lugar, porque el relato asume su punto de vista y con él, todas sus acciones y decisiones. Jamás la presenta como a una víctima y lo más interesante es que, pese a que en su relación con Alexandre es "la otra" y pese al patetismo de algunas de las situaciones que vive, la película la ubica como sujeto activo del deseo. El ruso es su juguete, su satisfyer, pese a su actitud de empotrador y sus desapariciones constantes. Esta es una película sobre el deseo de una mujer escrita por una mujer y dirigida por una mujer, y en cierto sentido eso es algo, si no revolucionario, sí al menos contemporáneo.

Arbid filma el sexo como una melodía de pieles, como el contacto fluido entre dos cuerpos, y no como el traqueteo mecánico de órganos del porno mainstream. Algunos creen que el erotismo femenino rehuye la carnalidad escondiendola bajo las sábanas pero lo único que no hay en "Passion simple" es una sucesión reglada de actos y posturas. Como si fuese un gran orgasmo femenino, la película es circular, alcanza el clímax de manera intermitente, entra en bucle una y otra vez, y acaba resignándose ante la finitud corporal del ser humano.

"Cuando le volví a ver, ya no se parecía en nada al Alexandre que había conocido. El hombre al que amé había desaparecido para siempre", afirma Hélène al final del film. En este punto regresamos al "relato" del chiste: el ruso fue una fantasía, y todas las fantasías acaban evaporándose cuando se acomodan en la realidad.

Publica un comentario

Sin comentarios