Los trasplantes en el cine: “Lo mejor de mí”

Fuente: Héctor Prats (vía Personas Que)

Lidiar con una enfermedad grave, como puede ser la hepatitis C y los trasplantes de hígado que puede suponer su superación, siempre es algo difícil y que parece que hay que sufrir solo. Pero la compañía de seres queridos y consejos sabios ayudará en el trance, y eso es algo que los de PersonasQue saben muy bien, y quieren hacerlo llegar a todo el mundo. Con la película "Lo mejor de mí" de Roser Aguilar como ejemplo, exploramos las dificultades y procesos emocionales que conlleva una hepatitis C y un trasplante de hígado. También podemos leer el artículo en su revista.

Las historias de amor son complicadas a menudo. En una relación, tiene que haber reciprocidad, dar al mismo tiempo que recibir, y eso no siempre es fácil. Solamente cuando existe un vínculo sincero entre una pareja, ese intercambio de sentimientos y acciones será fluido y gratificante. Cuando dos personas se quieren de verdad, no les costará nada dar lo mejor de ellos mismos al otro, aunque eso signifique perder algo propio.

Raquel (Marian Álvarez, protagonista de la reciente y aclamada “La herida”), locutora de radio durante las noches, decide irse a vivir con su novio Tomás, atleta vocacional. Es un paso importante que hará que sus vidas estén un poco más unidas, haciendo crecer la ilusión y el cariño entre ellos. Las cosas se van poniendo serias, es hora de empezar a sentar la cabeza y pensar en el futuro. Pero nadie puede prever ciertas enfermedades, y Tomás es asaltado por una hepatitis C por motivos no demasiado claros. La dolencia afecta el hígado y hace muy probabe que Tomás necesite un trasplante. El día a día de la pareja se para de repente, sus planes quedan congelados y, para compensarlo, Raquel intenta hacer más llevadera la estancia hospitalaria de Tomás.

Durante el encierro que provoca la enfermedad, ambos protagonistas se irán conociendo de una forma que no hubieran imaginado. La proximidad incómoda, necesitada de una esperanza que Raquel aporta en la mayor medida que puede, luchará contra la impotencia estática de Tomás de estar prostrado en cama y depender de otra persona para sobrevivir, mientras que uno y otro se dan cuenta de todo lo que se puede llegar a hacer por amor.

La directora, Roser Aguilar, comenta que “a nadie le gusta estar en el hospital, pero todos pasamos por ello”. Con gran valentía, afronta las posibles trabas de rodar una película sobre una enfermedad, que, como la misma directora dice, es un tema poco agradecido y el cual mucha gente tiende a evitar por culpa de preconcepciones erróneas. En cambio, consigue que el resultado sea una obra sencilla y de fácil digestión, tierna, y fuertemente humana, tocando tanto el tema de la salud como el de los sentimientos.

En la historia de una enfermedad hay muchas realidades paralelas, como la que toma principal fuerza en “Lo mejor de mí”, la de la persona que acompaña al enfermo durante su convalescencia. “La enfermedad puede parecer un infierno, pero entre Raquel y Tomás es una forma de conocerse mejor”, señala Aguilar. Los vínculos y fricciones que se generan son pequeños retratos en bruto del alma humana, fragmentos vitales con un considerable grado de verdad, que en ningún momento eluden las dificultades de la situación.

De hecho, el relato llega a ser tan verosímil que nos planteamos cuán duro ha sido el trabajo de interpretación de los actores. Marian Álvarez comenta que siempre ha trabajado sus papeles desde una visceralidad muy fuerte, pero que en esta película, la directora ha conseguido contenerla para sacarle (y a todo el equipo, considerando los medios tan limitados con que contaban) lo mejor de ella.

La experiencia interpretativa de Juan Sanz (el actor que hace de Tomás), no obstante, es algo más compleja. Comenta que, cuando le llegó el guión, vio un problema esencial en el hecho que su personaje apenas se movía. Debía encontrar una manera de trasladar toda su expresividad al rostro, a la mirada, debía sentirse igual de cansado que Tomás para conseguir encarnar su ánimo. Le planteó a la directora que podría adelgazarse, y no paró hasta perder 13 kilos. Fue entonces cuando empezó a notarse realmente débil, y esa sensación le permitió llegar hasta el fondo emotivo de su personaje, finalmente bordando el papel de enfermo renal.

Hay sacrificios considerables como éste, por amor al arte, pero otros mucho más grandes se hacen por amor, como lo es una donación en vida. Cuando alguien realmente nos importa, estamos dispuestos a hacerlo prácticamente todo por su bien. Aunque trasplantar una parte de tí mismo a otro sea una decisión difícil, acaba valiendo la pena por todas las ventajas que comportan a un precio razonable, y, sin lugar a duda, consigue crear un vínculo emotivo mucho más fuerte del que podría crear cualquier otra donación material.

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