"La caída del imperio americano" defendiendo lo indefendible

Autor: Germán de Heras Álvarez

"La caída del imperio americano" defendiendo lo indefendible

Este viernes llega a los cines, gracias a Wanda Films, la nueva película de Denys Arcand, “La caída del imperio americano”, un retrato sobre la influencia norteamericana en el mundo que se presenta como una ficción, pero que inevitablemente encuentra su correspondencia en la realidad más actual. Avaricia y ética se confrontan en un largometraje que refleja las contradicciones continuas de la sociedad actual, que se no tiene claros sus principios, que vive al día; más bien, que sobrevive. Y aunque se trata de un manifiesto serio y crudo sobre el destino que le espera a la humanidad a causa del dinero, la producción canadiense está constantemente apelando al entretenimiento, a la sátira e, incluso, al amor. Una joya que solo necesita pocos segundos para cambiar del surrealismo al hiperrealismo y sacarnos la mejor sonrisa. Suponemos que al mal tiempo, buena cara.

¿De qué va?

Pierre-Paul Daoust, de 36 años, es un intelectual con un doctorado en filosofía que se ve obligado a trabajar como repartidor para poder vivir decentemente. Un día, mientras reparte un paquete, se ve envuelto en un atraco que acaba mal: dos muertos y bolsas por el suelo repletas de millones. Pierre-Paul se enfrenta a un dilema, ¿irse con las manos vacías o coger el dinero y huir?

¿Quién está detrás?

No necesita demasiadas presentaciones. Denys Arcand. Nominado al Oscar en 1990 a la Mejor película de habla no inglesa por “Jesús de Montreal” y ganador en 2004 del Oscar por Mejor guión original gracias a “Las invasiones bárbaras”. Ese mismo año ganó en Cannes el premio a Mejor guión en Cannes y también ha desfilado por las alfombras de los BAFTA, los Premios Europeos y los César, sosteniendo algunas estatuillas entre sus manos. Director, guionista, actor y productor canadiense polémico, controvertido, pero, sobre todo, comprometido con la realidad social y cultural de su tierra natal, Quebec. No tiene reparos en afirmar el sometimiento mundial al imperio americano y las brutales consecuencias de su paulatino declive. Así lo expresa en las entrevistas y así lo plasma en su saga temática, “El declive”, que lleva construyendo desde 1986 y está plagada de dardos contra el poder, mezclando sátira y diversos géneros.

¿Quién sale?

Con claras intenciones, Denys Arcand ha elegido para la ocasión a un reparto completamente canadiense, francófono, pero sin olvidar que el inglés está siempre pululando en la órbita social de su país. Rémy Girard, conocido actor en el mundo cinematográfico del cineasta, repite en la saga después de ser uno de los personajes bárbaros en 2003. El sórdido trío protagonista lo completan Vincent Leclerc (“El renacido”, “Asalto al poder”) y la debutante en un largometraje, Maripier Morin. Asimismo, Arcand vuelve a contar con Éric Bruneau, presente en “El reino de la belleza”, y habitual en el cine del también canadiense Xavier Dolan (“Los amores imaginarios” y “Laurence Anyways”). Completan el reparto Maxim Roy y Louis Morissette, interpretando a una peculiar pareja de policías.

¿Qué es?

La lógica y necesaria continuación a la trilogía temática de "El Declive del Imperio Americano", "Las invasiones bárbaras" y "La edad de la ignorancia".

¿Qué ofrece?

No parece que vayamos a ver destrucción en “La caída del imperio americano”. No es que Estados Unidos esté cayendo, sino que está arrastrando consigo al resto del planeta. Y ahí está Canadá, donde el número de gente sin hogar crece, sobre todo entre aquellas etnias más minoritarias de la región. La caída habla de una sociedad corrompida y podrida desde sus entrañas, donde el dinero es el máximo exponente de este declive que Denys Arcand lleva retratando desde hace más de 30 años. A momentos parece un documental repleto de recreaciones desarrollado a través de caminos aparentemente tortuosos para la ficción, pero el atrevimiento nos acaba regalando un ritmo trepidante y lleno de sencillez para procesos tediosos y complejos como la evasión fiscal. No tenemos que entender demasiado sobre esta ingeniería económica para conectar con la pedagogía del director y saber que la realidad siempre seguirá superando a la ficción.

Arcand ofrece una mezcla de géneros con un pulso sólido y a través de un estilo totalmente sobrio que no da lugar a equívocos. A momentos nos encontramos inmersos en una película de atracos, pero las transiciones tan encadenadas y ligeras nos transportan a una comedia romántica, a un thriller o a un noir con tremenda facilidad y acierto. Esto es gracias a un reparto extrañamente coral que desprende química por todos los costados y que se está divirtiendo al mismo tiempo que el espectador. Las dos horas de largometraje te sumergen poco a poco en una trama que se despoja de cualquier tensión para encontrar esa justicia social que tanto echamos en falta en la vida real. No hay sutilezas ni tampoco metáforas. Los golpes al sistema económico y político son directos y sin rodeos; todo se verbaliza y se discute en un universo evidentemente inverosímil, pero inevitablemente anclado a esa realidad que el 99% de la sociedad nunca puede ver.

Sin embargo, el largometraje no es tanto una crítica como una llamada a la conciencia, al despertar. Pierre puede ser cualquiera de nosotros, es un Robin Hood moderno que se pone el mundo por montera de un día para otro y utiliza los propios mecanismos de las clases altas para contar que quizás deberíamos tener esperanza en la humanidad para no ser arrastrados por lo que está por venir y que, de alguna manera, todos sabemos y nunca queremos reconocer. El canadiense es claro en su mensaje: “Estás defendiendo lo indefendible”. Todo es una cuestión de ética y filosofía, aunque la propia profesión no parezca sacar de la ilusión de la “clase media” al protagonista. Sin caer en ningún tipo de moralismo y apelando al sentido común, “La caída del imperio americano” nos presenta una historia sobre voluntad, algo que otros llaman fe y que puede resumirse en querer.

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