“Julia & I”: Nuestros demonios interiores

Autor: Gerard Cassadó

“Julia & I”: Nuestros demonios interiores

Quizás la película que mejor ha sabido retratar un trastorno mental sea “Una mujer bajo la influencia…” de John Cassavettes, con una formidable Gena Rowlands firmando una de las mejores interpretaciones de la historia del cine, sin exagerar. Uno de los mejores aciertos de la película era retratar cómo la normalidad, la cotidianidad, se mezclaba con el tormento mental que afectaba a la protagonista, y cómo su entorno (en especial su marido y los compañeros de trabajo de este) habían asimilado las peculiaridades de esa mujer bajo la influencia de sus sombras, las drogas de farmacia y demás alteraciones emocionales.

La directora Nina Hobert filma su vida y la de su vida Julia Werup a lo largo de varios meses infernales, en los que las adicciones, la ansiedad y la depresión amenazan con hundir sus vidas. A modo de video-diario, Nina relata un infierno mediante las diferentes voces que se aglutinan en la película: confesiones en off, llamadas telefónicas, diversos testimonios… Mientras Julia tiene problemas con el alcohol y la cocaína, y un bolso lleno de blísters variados, Nina no se reconoce en su cuerpo de mujer, ha flirteado con la anorexia y vive en el abismo que distancia su imagen exterior de su yo interior. 

“Julia & I” es un “quejío”, un grito de socorro. Y sin embargo las vidas de Julia y Nina avanzan porque la vida jamás se para. Y en ese avance, ambas van alcanzando cimas de éxito profesional realmente admirables que contrastan con el dolor que ambas manifiestan. “Julia & I” es una gran reflexión sobre la salud mental porque habla sobre cómo es posible vivir “bajo la influencia” y salir airoso del envite, y cómo una imagen exterior de belleza y éxito no garantiza, ni mucho menos, la felicidad. Como si Gena Rowlands, al salir de aquella casa abarrotada de gente, ocupara su silla en un gran despacho de ejecutiva. Al final de la película, Nina no tiene más remedio que resignificar todas las imágenes que nos ha mostrado aceptando que no fueron agujeros negros que absorbieron la vida, sino etapas de un tour que, tal vez, era necesario cruzar.

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