Jia Zhang-ke en días de furia
El director de "Naturaleza Muerta" ha perdido la paciencia. Es la conclusión que, de buenas a primeras, sacamos en su momento tras asistir a la contundente violencia con la que nos asestaba la colosal "Un Toque de Violencia" en el Festival de Cannes 2013, donde se hizo con un Premio al Mejor Guión que más bien se le queda corto. Su reciente estreno en filmin nos da buena cuenta de ello.
Jia Zhang-Ke se pone noir para golpearnos con un estremecedor film en el que la sangre sacude de forma brutalmente abrupta la frustrante lucha económica que diariamente mantienen cuatro personas que nada parecen tener en común, excepto quedar atrapados por los corruptos ambages sociales de su lustroso país, y en consecuencia, por esta devastadora muestra de terror social y preocupantemente real.
¿De qué va?
China hoy. La rabiosa revuelta de una minoría ante la corrupción, las posibilidades que una pistola puede ofrecer a los trabajadores inmigrantes, el inestable periplo laboral de un empleado de industria o el asalto a una bella recepcionista son los cuatro pilares sobre los que pivota la nueva gran película de Jia Zhang-ke.
¿Quién está detrás?
Su nombre puede sonar a chino pero su reconocimiento como uno de los más grandes cineastas del momento es de alcance universal. Principal abanderado de esa fornida sexta generación de cineastas en su país, Jia Zhang-ke nos ha obsequiado en los últimos años con obras maestras del calado de "Naturaleza Muerta" (León de Oro en Venecia) o "24 City" (Sección Oficial en Cannes).
¿Quién sale?
Rostros conocidos para todo cinéfilo familiarizado con la obra de Jia y obligados de conocer para quien no . Es decir, Jiang Wu, Meng Li, Lanshan Luo y Baoqiang Wang-Zhousan.
¿Qué es?
"Un Día de Furia" x 4
¿Qué ofrece?
Un apabullante descenso a los bajos fondos de la historia moderna china, de aquella que ha sido escondida por quienes se encontraban en el poder, y que de forma reveladora y rigurosa ha protagonizado el largo y ancho de la imprescindible obra de Jia Zhang-ke. Y como es habitual en él, articula su descorazonador discurso a través de poderosas imágenes en las que sus protagonistas transitan (y sufren) un paisaje en ruinas provocado por una política de país corrupta y decadente. Lo que ya no resulta tan habitual en él es que sea, como es en el caso de su nueva y majestuosa peli, a base de sacudirnos con un visceral y contundente 'toque' de violencia. En lo nuevo del responsable de "Historias de Shangai" corre la sangre, y de que manera. Parece como si el director chino hubiera perdido la paciencia y en un ataque de ira, absolutamente encolerizado, le diera por echarse a rodar cámara en mano, y en vez de limitarse a contemplar la inquietante radiografía, el desolador mapa de la sociedad China moderna tal y como ha venido haciendo hasta ahora, se centrara en mostrarnos sus terribles consecuencias. Y es que, parece que Jia agarra la cámara con el mismo nervio, la misma ira y rabia, con la que empuñan un machete o enfundan la recortada sus cuatro protagonistas. Avisados estáis. Terror social abrupto para un cine mayúsculo.