"Hipócrates" médicos con fronteras
Más de un millón de espectadores en Francia, Mejor Película del reciente My French Film Festival o 7 nominaciones a los Premios César. Son tan solo algunos de los múltiples logros que llevan a "Hipócrates", una locuaz comedia social sobre la crisis sanitaria europea que hoy se estrena en nuestras salas, a erigirse en uno de los grandes bombazos del cine francés (y probablemente de nuestra taquilla) reciente.
¿De qué va?
Benjamin es un joven destinado a ser un gran doctor, pero su primera experiencia en el hospital donde trabaja su padre no sale como pensaba. En ella se tendrá que enfrentar a sus propios límites, a los de sus pacientes, familiares y el resto del equipo.
¿Quién está detrás?
Thomas Lilti estudió medicina por tradición familiar pero, tras diez años de ejercicio de esta profesión, surgió en él la pasión por el cine y su nueva vocación acabó por eclipsar a la anterior. Durante un tiempo compaginó ambas ocupaciones, realizando cortometrajes al tiempo que prestaba servicio en el hospital y este conflicto le llevó a mantener cierta distancia respecto a los dos oficios. "Hipócrates", su segundo largometraje, es una película sobre su experiencia.
¿Quién sale?
El emergente y siempre irresistible Vincent Lacoste (a quien descubrimos a las órdenes de Riad Satouff en "The French Kissers", de Julie Delpy en "El Skylab" o como un Daft Punk al servicio de Mia Hansen-Love en "Eden") el merecedor del César al Mejor Actor Secundario, Reda Kateb y el prestigioso Jacques Gamblin, son sus médicos de cabecera.
¿Qué es?
"Anatomía de Hospital", pero a día de hoy
¿Qué ofrece?
"La cosa está jodida". Es, sin duda, una de las frases más repetidas hoy día, sea la que sea, la profesión a la que uno se dedica. Sin embargo, hay ámbitos en que los recortes son especialmente sangrantes, y la sanidad es uno de ellos, cuando en realidad debería ser el primero en salvarse de la quema. A nadie le huele nada bien que se cierren quirófanos, se colapsen servicios de Urgencias, los pacientes no dispongan de cama para hacer noche o se despidan profesionales. Y claro, luego pasa lo que pasa: psicópatas escabechando al personal sanitario, fantasmas vagando por los pasillos, burocracia post-soviética, jefes con cara de George C. Scott…un día cualquiera en un hospital, un día cualquiera en "Hipócrates", vamos. Porque es precisamente aquí donde nos lleva el segundo film de Thomas Lilti, aunque presentando en este caso la gran novedad de hacerlo bajo el registro de una inspirada y elocuente comedia negra, y no bajo la panfletaria denuncia que ateniéndonos a su trillada carta de presentación, cabría esperar.
"Hipócrates" esta protagonizada por un joven residente que acabará siendo un médico famoso. Está convencido. Y sin embargo, las primeras prácticas que hace en el servicio de su padre como médico residente, no son lo que esperaba. Ya se sabe, la práctica es más dura que la teoría, más aún cuando uno se encuentra con una responsabilidad abrumadora para la que no dispone de los mínimos medios necesarios (además de la experiencia necesaria) para hacerle frente. Conflicto en el que la genial, cachonda y vigorosa "Hipócrates" se detiene a base de momentos cómicos que se siente tan conmovedores como trascendentales, tan significativos como definitivamente creíbles y reales. Son médicos con fronteras al servicio de una inteligente película destinada a romperlas. Ojalá así sea también en la vida real. Al menos, ya tenemos quien sienta precedente, y con una sonrisa de oreja a oreja, además de con audaz conciencia. Difícil misión la suya que sin embargo, con creces la ve cumplida. Al fin, algo que celebrar.