Grandes Clásicos Mondadori: “Cuentos completos”, de Robert L. Stevenson

Fuente: Héctor Prats

No cabe duda que los títulos “El club de los suicidas”, “El diamante del rajá” o, todavía más, “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” resuenan con familiaridad en la mente de cualquiera cuando son mencionados. Pero, ¿hasta qué punto llegamos a conocer estas historias, y no sólo lo que hemos oído de ellas? Con la edición de los “Cuentos completos” de Robert Louis Stevenson que nos ofrece la colección de Grandes Clásicos Mondadori y las adaptaciones que han surgido de sus relatos, nos adentramos en estos mitos fundacionales de la era contemporánea.

¿Quién era el autor?

Robert Louis Stevenson (1850-1894) nació en Escocia, y su ya temprana naturaleza enfermiza propició una infancia dedicada a la lectura y la invención de historias. Pese a que su linaje familiar de constructores de faros podría haberlo llevado al trabajo de la técnica y el diseño, Stevenson redireccionó su haz de luz hacia la literatura.

Su afán de aventuras, algo limitado por la tuberculosis que sufría, lo llevó a viajar, también en favor de encontrar climas más benignos para su enfermedad. A los treinta y tres años terminó una de sus obras más celebres, “La isla del tesoro” (1883), fruto de las ensoñaciones de hazañas.

Se casó con una mujer mayor que él, Fanny Osbourne, divorciada y con hijos. Otros libros inolvidables de la carrera de Stevenson son “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde” (1886), “La flecha negra” (1888), “El señor de Ballantrae” (1889) o “Cuentos de los Mares del Sur” (1893). También fue autor de sencillos y memorables versos, pero, escribiera lo que escribiera, como dijo G. K. Chesterton, «siempre escogía la palabra correcta, como los buenos jugadores».

Pasó los últimos años de su breve vida navegando por el Pacífico Sur, hasta que recaló en Upolu, una de las islas Samoa, donde se construyó una casa en la que, a los cuarenta y cuatro años, murió de un ataque cerebral. Los aborígenes de la isla, que le habían bautizado con el nombre vernáculo de Tusitala (contador de historias), velaron su cuerpo durante toda la noche. Está enterrado en el monte Vaea, frente al mar.

El legado de su obra

En este volumen, “Cuentos completos”, se reúnen todos los relatos cortos del gran Stevenson, divididos en etapas o recopilaciones mayores, como “Más mil y una noches”.

No encontraremos, pues, todas sus novelas, un objetivo que seria desmesurado en un solo volumen, sino que podremos leer las historias individuales o que conforman obras más extensas, como es el caso de “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, dividido en diez capítulos, o los tres relatos que configuran “El club de los suicidas”. De la misma manera, en “Cuentos de las noches en las islas” encontraremos narraciones independientes, pequeñas leyendas ambientadas en las islas del Pacífico Sur, donde pasó sus últimos años el autor.

El mal, el misterio, el amor, el mar, el viaje, las aventuras... todos los grandes temas de Robert Louis Stevenson se reunen en estas páginas inmortales, en una edición acompañada de las espectrales y preciosistas ilustraciones de Alexander Jansson.

Adaptaciones completas

Lo que tenemos entre manos es, pues, un pósito literario de cultura universal mágica y tremendamente relevante en el imaginario popular occidental. Tal es la magnitud de su huella que, sólo de “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, se han llegado a realizar 123 películas (de cine o televisión) que lo adaptan.

Durante más de cien años de historia, el cine ha dejado grandes adaptaciones de la obra de Stevenson, como el “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de John S. Robertson. En ella, John Barrymore toma el papel protagonista, y la historia se desarrolla como todos sobradamente sabemos, siguiendo fielmente las guías del excepcional relato original.

Entre todas las adaptaciones, de las cuales incluso hay copias perdidas, destacan otras como “Der Janus-Kopf”, de F.W. Murnau, o “El testamento del Doctor Cordelier”, la versión televisiva de Jean Renoir, con la interpretación de Jean-Louis Barrault.

Además, la intemporal historia se ha transmitido a adaptaciones teatrales, radiofónicas y de series televisivas.

Fijándonos en otra de las obras fragmentarias más destacadas de los cuentos de Stevenson, “El club de los suicidas”, vemos que también ha tenido un impacto memorable. Entre adaptaciones para cine, televisión y teatro, hay más de 24, con el clásico hollywoodiense de la MGM “El club de los suicidas” (“Trouble for Two”) de 1936 como referencia más destacada, en la cual Robert Montgomery encarna al protagonista príncipe Florizel de Bohemia.

Más cerca en el espacio y en el tiempo, la versión española de “El club de los suicidas”, de Roberto Santiago, juega con la idea de la existencia del propio libro original y su imitación. Un grupo de gente que asiste a una terapia de la seguridad social para suicidas descubre la existencia del libro, y encuentra la idea brillante: cada semana, jugarán a las cartas, y quien pierda tendrá que matar a quien gane en un plazo de siete días. Fernando Tejero y Lucía Jiménez se encuentran en medio de esta comedia negra insiprada en la brillante obra de Stevenson.

Tantas son las ideas descaradas y hábiles que ha despertado este relato, que en 1977 incluso se fundó una sociedad secreta en San Francisco que adoptó su nombre, Suicide Club, con el propósito de gastar bromas a gran escala. Cuando hay buenas ideas de partida, el ingenio humano no tiene límites.
 

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