"El Juez" tribunales que son amores
Aclamada por la crítica en Francia, "El Juez" (Mejor Guión y Mejor Actor en el pasado Festival de Venecia) fue designada en su mes de estreno, tanto por las salas de exhibición como por el público, la “película favorita” del mes. Tras 10 semanas en las salas de todo el país vecino, acumula ya mas de 1.000.000 de espectadores. Ahora es el turno de España, donde bien merecería repetir hito. ¿Razones? unas cuantas.
¿De qué va?
Michel Racine es presidente de un temido tribunal de lo penal. Racine, tan duro consigo mismo como con los demás, es apodado «el presidente de las dos cifras». Con él, siempre caen más de diez años. Todo cambia el día en que Racine se topa con Ditte Lorensen-Coteret. Ella es miembro del jurado popular. Seis años antes, Racine estuvo enamorado de esta mujer, prácticamente en secreto. Es quizá la única mujer a la que jamás haya amado
¿Quién está detrás?
Uno de los principales abanderados de la nueva comedia francesa. A Christian Vincent le conocemos bien en Filmin gracias a "La Cocinera del Presidente".
¿Quién sale?
Interpretaciones que valen quilates. El Mejor Actor del pasado Festival de Venecia, a quien muchos jamás olvidaréis desde su inolvidable interpretación en la magistral "En la Casa". Un Fabrice Luchini en estado de gracia vuelve a echarse el peso de la película a la espalda y junto a la prestigiosa actriz danesa Sidse Babett Knudsen (habitual en el cine de Thomas Vinterberg y Susanne Bier) conforman una pareja de enamorados tan insólita como inolvidable.

¿Qué es?
Es una taimada historia de amor mucho más que un característico drama judicial
¿Qué ofrece?
En efecto, "El Juez" bien podríamos señalarla como un sagaz drama social destinado a destapar las miserias del sistema judicial francés. Pero también, y sobre todo, como una íntima comedia romántica que pivota sobre una genuina historia de amor. La ironía, agudeza y acidez de la capa social sobre la que "El juez" se cubre se fusiona con la naturalidad y calidez que desprenda la historia de amor que vive en su corazón, desembocando así en una demostración de la meritoria inteligencia artística y profundidad discursiva que atesora su director. Lo que Chrisitan Vincent logra no es otra cosa que una película de gran alcance comercial y absoluta accesibilidad que no por ello, deja de penetrar en una enmarañada y reveladora denuncia social. Dicho de otra forma, la fórmula de la Coca-Cola. Éxito asegurado sí, pero ante todo merecido.
