Del vengador masculinizado a la heroína post-feminista

Autor: Filmin Fuente: NY Times

La película más controvertida del año ha levantado a su paso toda una polvareda de ensayos que se sitúan a los dos lados del espectro de pensamiento: para algunos, "Elle" es, indudablemente, una película post-feminista, en la que el personaje de Isabelle Huppert se encuentra totalmente empoderada frente a la figura de su agresor; para otros, el acercamiento de Verhoeven es totalmente opuesto, y no es ni feminista ni femenina. Lo que a todos nos ha quedado claro es que "Elle" da para hablar, debatir y reflexionar, tanto sobre la representación histórica de las violaciones en el cine a cómo ha ido cambiando el enfoque de los personajes que deben sobrevivir a un trauma de tales características. Buena cuenta de ello dan los artículos que hoy recuperamos, uno de The New York Times y otro de Indiewire, que exploran las implicaciones de una película como "Elle" y cómo lidia la ficción actual las violaciones y sus consecuencias.

"Es lo que podríamos llamar un personaje post-feminista, que construye su propio comportamiento y espacio. No quiere ser una víctima, eso seguro, pero tampoco quiere caer en la caricatura del vengador justiciero. Ella es algo más." Isabelle Huppert.

La violación de una mujer, o sus implicaciones, ha sido utilizadas a lo largo de la historia del cine como el incidente instigador. En "El Manantial de la Doncella", de Ingmar Bergman o en la quintaesencia del western, "Centauros del Desierto" este dramático acto es el que inspira al hombre en su viaje en busca de venganza. Durante los 70 y los 80, los thrillers exploitation como “I Spit on Your Grave” y “Ms. 45” cambiaban el paradigma y el rol de vengador pasaba a mujeres que mataban a sus propios violadores, a pesar de que eran retratadas como meros vehículos para desatar el gore más nihilista. No sería hasta 1991, con "Thelma & Louise", que el mainstream se atrevería a tratar este tema e, incluso, reconocerlo con un Oscar. En los últimos años, las historias de hombres que vengan violaciones, como en "The Birth of a Nation", ha sido criticadas como trillados artefactos patriarcales. Pero las historias en las que las mujeres buscan venganza se han "puesto de moda". Las tramas de víctimas transformándose en heroínas, pueden ser fácilmente analizadas como feministas. Y así como el auge de los thrillers de venganza de violaciones se entrelazaron con la segunda ola feminista, que ayudó a establecer la violación como un trauma serio en las mentes de las personas, estas narrativas han proliferado en un momento de renovada atención a los asaltos sexuales.

Tanto en Estados Unidos como en España, hemos visto como horripilantes historias de violaciones escapan del castigo de la justicia. En un mundo donde el camino civilizado a la retribución, la policía o los tribunales, parecen fallar a las víctimas, la justicia del vengador vuelve a triunfar tanto en televisión como en el cine. A un primer vistazo, esto parece algo demasiado conveniente: Cambia al vengador masculino por una mujer y mira como tu historia pasa de ser sexista a empoderadora. Como apuntó Carol J. Glover en su libro sobre género en películas de terror, "Men, Women and Chan Saws", muchas de estas víctimas que pasan a heroínas se embarcan en "una venganza calculada, extensa y violenta que haría que Rambo estuviera orgulloso". Ciertamente, no es típico que las supervivientes reales de una violación procesar el trauma mediante la locura homicida.

En el peor de los casos, estas construcciones pueden sentirse como trucos narrativos: explotan la violencia sexual, seguida del asesinato, y aún así claman su autoridad moral. Estas historias de venganza violenta corren el riesgo de obviar las complicadas dinámicas de recuperación en favor de una resolución fácil donde la víctima consigue una simple dominación física sobre su atacante. Las políticas de violación en pantalla son tan tensas que algunos guionistas, como Bryan Fuller en la serie de televisión "Hannibal", han eliminado por completo la violencia sexual de la historia. Pero en el mejor de los casos, esta violencia actúa como metáfora, atrayendo al público a un examen mucho más complejo e intrigante de las consecuencias psicológicas para las víctimas y la representación de la violación en el cine, cómo la mostramos y cómo caracterizamos a los violadores. "Elle" es uno de estos casos. Cuando Michèle desenmascara a su violador se revela que es su perfecto vecino, guapo, adorable, y por el cual ella misma había sentido atracción sexual sin saber que era su violador. En la película, esto es una especie de broma macabra, pero también es un mensaje muy acertado: Muchos violadores no son los brutos degenerados que aparecen en muchos thrillers de venganza. Pueden ser borrachos adorables, chicos guapos de la facultad o la estrella del deporte de la universidad. También pone en relieve que la violación, la gran mayoría de las veces, no vienen acompañada de pistolas, puñetazos en la cara o agresiones violentas, si no que puede ser la negación de consentimiento entre, por ejemplo, adolescentes que provienen de la misma clase social.

Esto es algo que denuncia excelentemente la serie de MTV, “Sweet/Vicious”, que utiliza los clichés de las venganzas-violentas de violaciones para entablar una conversación mucho más compleja alrededor del tema, como los que hemos citado anteriormente. Pero la "Elle" de Paul Verhoeven va mucho más allá, y desde la comedia negrísima se dedica a danzar alrededor de las convenciones del tema por completo. Cuando su protagonista, Michèle, es brutalmente violada por un intruso que irrumpe en su casa, empieza a fantasear con la respuesta violenta que le habría gustado tener en ese momento: cogiendo un plato y machando la cabeza su agresor hasta la muerte. Más tarde, vuelve a ser atacada por el mismo depredador, y en cada ocasión, se las arregla para improvisar maneras de contraatacar: apuñala al violador en la mano, lo desenmascara y amenaza con delatarle. El argumento puede ser leído como una especie de extraña personificación de la vergüenza y dudas a las que es sometida una superviviente de violación. Sería un poco como las mecánicas del videojuego, donde el jugador muere una y otra vez y aprende a cómo superar el nivel. Un paralelismo muy acertado en el mismo caso de "Elle", donde Michèle ejerce como la jefa de un estudio de videojuegos.

Entonces, de la forma más inventiva e inquietante, Michèle elige recuperar el control sobre su violador escenificando ella misma su propia fantasía de violación. Le da la vuelta a la situación cuando empieza a flirtear con él, cuando le suplica que le golpee en la cara, y finalmente se masturba hasta llegar al orgasmo durante uno de los ataques. El violador está confundido y molesto: Viola para dominar a las mujeres, no para obedecerlas. Puede que esto no encaje del todo bien para hacer de "Elle" una feel-good movie feminista sobre venganza, pero pone en relieve cuestiones de poder y consentimiento que muchas historias de venganza de violación pasan por encima. Y es que ya lo dice Isabelle Huppert: "No es una víctima ni la clásica vengadora masculinizada. ¡Es complejo!"




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