Cuando éramos jóvenes
Arnaud Desplechin regresa a los rincones emocionales de sus películas con "Tres recuerdos de mi juventud", un film intenso que bascula sobre un romance nostálgico, autorreferencial y poético, de la era pre-Internet. Una obra mayor que se debate entre la comedia y el drama remitiendo inequívocamente al cine de Truffaut. Es el estreno estrella de esta semana, a quien damos la bienvenida como debe ser. Con una colección que nos lleva a revivir nuestros recuerdos de juventud. Pero de momento lo que toca, empecemos por los tres primeros.
¿De qué va?
Paul Dedalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix, las locas crisis de su madre, el vínculo que le unía a su hermano Ivan, niño piadoso y violento. Él recuerda sus 16 años, a su padre, viudo inconsolable, el viaje a la URSS donde una asignación clandestina le llevaría a ofrecer su propia identidad a un joven ruso. Recordará también sus 19 años, su hermana Delphine, su primo Bob, de sus escapadas con Pénélope, Mehdi y Kovalki, el amigo al que tuvo que traicionar. Sus estudios en París, el encuentro con el doctor Behanzin, su vocación inherente para la antropología. Y, sobre todo, Paul se acordará de Esther. El corazón de su vida.
¿Quién está detrás?
Arnaud Desplechin, uno de los autores referentes del cine francés, cuyas "Jimmy P." y "Un cuento de navidad" también podéis disfrutar en Filmin.
¿Quién sale?
Protagonizada por Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet, dos actores jóvenes y debutantes (para ambos significa su primer film) pero absolutamente intensos y creíbles. La guinda la pone el actor fetiche de Desplechin, un Mathieu Amalric que pese a su breve aparición, deja su inconfundible huella.

¿Qué es?
François Truffaut + Mia Hansen-Love.
¿Qué ofrece?
No por casualidad, la pareja protagonista de "My Golden Years" se llaman Paul Dédalus y Esther, precisamente igual que los personajes a los que el propio Mathieu Amalric y Emmanuelle Devos daban vida en "Comment je me suis disputé... (ma vie sexuelle)", film dirigido por Arnaud Desplechin en 1996 que desde un prisma adulto en este caso, ahondaba en los conflictos, romances y lucha de sexos entre hombres y mujeres, profundizando en una cuestión de fondo que siempre emerge: la perpetua sensación que siempre nos quedará mundo por conocer. Tampoco es casualidad que Paul Dedalus estudie antropología y tenga presente el griego. Y es que, no por capricho, por Dedalo se conoce a uno de los personajes que poblan la mitología griega. Alguien que curiosamente fue capaz de construirse sus propias alas y volar.
Pues bien, con esta base intrínsecamente autoral, Arnaud Desplechin aborda con su nuevo y magnífico film la infancia, pero ante todo la adolescencia, de su protagonista principal, haciendo especial hincapié en la incondicional relación a distancia que mantiene a lo largo de prácticamente 10 años con el amor de su vida (aunque no por ello deje de ser caótica y turbulenta), y es precisamente por esta razón que el primer acto del film, en el que se aborda su infancia y etapa preadolescente, se rige por un montaje tan ágil como frenético, rebosante de todo tipo de recursos (como lo es su prodigioso empleo de la pantalla partida) y en el que los planos apenas se sostienen diez segundos. Es lo que el retrato de esta etapa de vida requiere. Sin embargo, tanto en su segundo como tercer acto, centrado en la intensa relación amorosa que Paul y Esther viven, el tempo se contiene y el montaje se suspende, dando la posibilidad de profundizar así en el carácter filosófico, existencial, y ante todo sentimental, por lo que la relación entre ambos protagonistas se rige. Sublimes apuntes formales, genuinos detalles argumentales, que provocan que estemos ante una película tan explosiva y hermosa, como profunda y arrebatadora.
