Crónica Venecia 2015: "Un Monstruo de Mil Cabezas" medidas desesperadas
Rodrigo Pla es, sin duda, otro de nuestros cineastas mexicanos predilectos. Responsable de la sorprendente y maravillosa "La Zona", también de la aclamada "Desierto Adentro" o la dardenniana "La Demora", ha vuelto en Venecia a primera plana, inaugurando Orizzonti con un descorazonador thriller sobre las irremediables consecuencias derivadas en la clase baja por la corrupción sanitaria de la que se benefician las Agencias de Seguros mexicanas. "Un Monstruo de Mil Cabezas" al que ataca con agudeza y saña.
¿De qué va?
Es la historia de un hombre está muy enfermo y de su esposa, quien busca que se le aplique un tratamiento recomendado por un médico y que la aseguradora de la que son socios se rehúsa a realizar. Tal para cual.
¿Quién está detrás?
El director de "La Zona".

¿Qué es?
"John Q", pero a lo mexicano (con todo lo bueno que ello conlleva y con todo lo malo de lo que se despoja)
¿Qué ofrece?
Rodrigo Pla sigue en su línea, metiendo el dedo en la llaga de la desproporcionada lucha de clases que impera en el seno de la sociedad mexicana, confirmándonos con "Un monstruo de mil cabezas" que su cámara se asienta como uno de los vehículos más sugestivos para desempolvar las injusticias y miserias por las que gran parte del pueblo mexicano se ve sacudido hoy día. Hecho que se atisbaba en su magnífica ópera prima y que ahora, con grandes diferencias pero con un mismo objetivo, confirma con su cuarta película. Si en “La Zona” el realizador mexicano de origen uruguayo incidía en el grandilocuente análisis de la psicosis causada por la inseguridad ciudadana de la clase alta, con su nuevo film incide en el descorazonador retrato intimista de las irremediables consecuencias derivadas en la clase baja por la corrupción sanitaria de la que se benefician las Agencias de Seguros mexicanas. Precisamente, ese 'monstruo de mil cabezas' al que Rodrigo Pla asalta desde una base argumental digna de thriller, con una estructura de guión sorprendente y compleja, al que no le faltan estimulantes toques de punzante humor negro, así como el prodigioso dispositivo formal sobre el que se sustenta con constante juego del desenfoque, delicados movimientos y cuidados encuadres. Y lo mejor de todo, que lo ha hecho traspasando a su propia mirada, a su personalísimo lenguaje de cámara, la base melodramática sobre la que se sustentaba la inefable "John Q". Es decir, obviando todo posible efectismo o subrayado dramático, sustituyendo la lágrima fácil por una inteligente mala baba y una penetrante mirada. "Medidas desesperadas" sí, pero con agudeza y saña.