Crónica Sevilla 2014: "Cavalo Dinheiro" adivinar lo divino

Fuente: Joan Sala (filmin)

Es uno de los grandes acontecimientos por los que será recordada está excepcional undécima edición del Festival de Sevilla. Un esperado regreso que supera toda expectativa. Y es que, como bien dijo en su día el gran Jonathan Rosenbaum, el cine de Pedro Costa significa "una de las experiencias cinematográficas más ricas, bellas y radicales del cine del nuevo siglo". Pues bien, la extraordinaria "Cavalo Dinheiro" es una nueva e irrefutable prueba de ello.

¿De qué va?

 Resistiendo con fiereza en el barrio lisboeta de Fontainhas, donde lleva más de dos décadas filmando, y flanqueado por Ventura –el caboverdiano de triste figura de Juventud en marcha–  Costa regresa, estableciendo un pasadizo secreto entre la Revolución de los Claveles de 1974 y la actualidad. Mientras los jóvenes toman las calles, la gente de Fontainhas busca a Ventura, perdido en el bosque, en un film de misterioso claroscuro como el de su mente deteriorada, perdida en un sueño febril tras una vida de trabajo duro y pobreza.

¿Quién está detrás?

Pedro Costa no solo es el Mejor Director del último Festival de Locarno, también una de las figuras más representativas y personales del cine de resistencia contemporáneo. Sus películas conforman un poderoso universo fílmico que  combina la creencia fanática de Straub y Huillet por capturar la realidad material con una búsqueda menos corporal de la esencia espiritual que se encuentra en algunas obras de cámara de Tourneur o mismamente Dreyer.  Dedicar su merecido tiempo a descubrir "En el cuarto de Vanda" es la mejor forma posible de palparlo.

¿Quién sale?

Su actor, más bien albañil, fetiche. Intérprete no profesional, que nadie se extrañe si el caboverdiano Ventura se lleva el premio al Mejor Actor del festival. Un reconocimiento que también sería atribuible al fiel y carismático microcosmos que pobla el cine de Costa, es decir, exiliados de la antigua colonia portuguesa de Cabo Verde, drogadictos y marginados expoliados.

¿Qué es?

Cine de Resistencia en su estado más hermoso y puro.

¿Qué ofrece?

Una magnética y fascinante odisea antropológica que desde su hermoso y cautivador registro formal recorre los confusos recuerdos de Ventura, aquellos que, desde su origen pasado a sus repercusiones en el presente, no se limitan tan solo a engolobar un registro íntimo y personal, también histórico y social. Es decir, "Cavalo Dinheiro" levita sobre un hombre atrapado, más bien exorcisado, por su pasado. Un pasado marcado por la revolución de los Claveles (el levantamiento militar que en 1974 provocó la caída en Portugal de la dictadura salazarista que dominaba el país desde 1926) y sus consecuencias, tanto positivas (provocó un Estado Novo que permitió que las últimas colonias portuguesas lograran su independencia tras una larga guerra colonial y que Portugal mismo se convirtiera en un estado democrático de derecho liberal) como negativas (la radicalización de la política del régimen o las luchas entre la izquierda y la derecha, cuyos daños colaterales como siempre, afectaron a los más vulnerabes y débiles, es decir, a los exiliados), todas ellas focalizadas en el marginal barrio lisboeta de Fontainhas.

Es el universo, más bien global y genérico, sobre el que levita el embriagador magma de "Cavalo Dinheiro". Y digo global y genérico porque, las capas y subcapas que uno atisba (tanto aquellas que capto, como lo mucho que percibo que se me escapa) son tan excelesas e inabarcables como tremendamente misteriosas y estimulantes. Y es que, lo que Pedro Costa nos brinda es una suerte de confesionario etníco en cascada que no contento con abrir de forma apabullante un abanico visualmente tan fascinante como oratoriamente poderoso, también rompe y transgrede la dimensión espacio-temporal a la que teóricamente debería ceñirse cada uno de los abrumadores planos que transitan sus característicos personajes. Pasado y presente convergen emocionando y apresando desde su sombría y visceral poesía, su atmósfera fantasmagórica, su deslumbrante coqueteo con el espectro terrorífico más locuazmente expresionista, su arriesgado y radical empleo de la elipsis, su brillante trabajo de orfebrería a nivel estético o incluso esos dos momentazos musicales con los que rompe y sorprende. Como ya es seña de identidad de su insobornable cine, el director de "Juventude em marcha" vuelve a destacar por esa inherente capacidad que tiene para extraer la más arrebatadora belleza desde la más incipiente austeridad formal. Valiéndose tan solo de una camara digital que no admite retoque ni artificio alguno, centrándose en un minucioso y delicado trabajo de iluminación, Pedro Costa extrae la más apabullante hermosura visual partiendo de una cartografía extremadamente cruda, marginal y opresiva, sin que en ningún momento se atisbe amenaza alguna de que ello manipule o aliene su discurso. Una insondable virtud solo al alcance de un revolucionario artista que se distingue por su cresta, aunque no la tenga. Un punky del cine que sabe como nadie lo que significa tener mucha calle, pero ante todo arte. Costa mismo describe lo que crea como "una puerta cerrada que nos deja adivinando". Así ha sido, así seguimos. Adivinando lo divino entre gritos y susurros. Y a cal y canto.

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