Crónica Las Palmas 2018: “The Green Fog” se cierne sobre ti

Autor: Elodie Mellado Fuente: Filmin

Crónica Las Palmas 2018: “The Green Fog” se cierne sobre ti

El iconoclasta Guy Maddin y sus ya habituales Galen y Evan Johnson se lanzan a realizar el homenaje definitivo a una de las obras cumbres de Alfred Hitchcock: "Vertigo", con "The Green Fog", una fantasmagoria cinematográfica que aúna en su interior un sofocante ensamblaje found footage con cientos de archivos procedentes de cine y televisión únicamente enmarcados en la bahía de San Francisco. 

¿De qué va?

La estructura de esta película de Guy Maddin, Galen Johnson y Evan Johnson rinde homenaje al “Vertigo” de Alfred Hitchcock: una trepidante asunción de imágenes de cine y televisión, tanto conocidas como desconocidas, con las que crean una fantasía cinéfila que arrastra al espectador y no le deja escapar.

¿Quién está detrás?

El estandarte canadiense del cine más experimental y subversivo, Guy Maddin, vuelve a aliarse con los hermanos Johnson tras “The Forbidden Room” por órdenes de la San Francisco Film Society que, con motivo del festival de cine de la ciudad, le propuso al trío de directores la mastodóntica tarea de lanzarse a armar un remake de “Vertigo” a partir del riquísimo y extenso archivo de piezas cinematográficas y televisivas rodadas en la bahía más famosa de Estados Unidos.

¿Quién sale?

Fragmentos procedentes de más de cien películas y series de televisión cuyo único nexo en común es que se enmarcan en las vertiginosas calles de San Francisco. En el metraje se pasean personajes tan dispares como Chuck Norris o el grupo NSYNC, y se pueden reconocer películas como “La Dama de Shangai” o “Sister Act”. Porque en el cine no hay nada imposible, ni siquiera juntar a Alfred Hitchcock con Star Trek.

¿Qué es?

El más extraño y magnético homenaje jamás realizado a “Vértigo” y la obra de Hitchcock.

¿Qué ofrece?

Si introducimos en nuestro buscador habitual las palabras clave Alfred Hitchcock e influencias, probablemente éste nos arroje miles de resultados con todas las películas a las que el maestro inglés ha inspirado con su cine. No sería una falacia decir que Hitchcock es uno de los cineastas más influyentes de la historia, citado por innumerables artistas que vinieron después y objeto directo de homenaje por parte de muchos otros, como bien muestra Truffaut con sus maravillosas entrevistas al maestro, donde la mitomanía del francés es más entrañable que nunca. Quizá debido a este respeto que todo cinéfilo le profesa, existen muy pocos remakes directos de sus películas, entre los que infamemente se cuentan la aproximación de Gus Van Sant a una de sus obras más famosas: “Psicosis”.

Este engéndrico remake, dilapidado por crítica y público en su día, continúa siendo aún hoy uno de los misterios  de la carrera de Van Sant, pero si algo hay que reconocerle al director estadounidense es lo interesante de su punto de partida y el poso que nos deja para la reflexión: Si no puedes rehacer lo imposible, cópialo, aunque sea plano por plano. Esto nos planteaba interesantes preguntas sobre la naturaleza del cine y sus facsímiles, y cómo se comportaba el espectador ante original y copia. A pesar de ser una película profundamente fallida, el experimento cinematográfico quedó ahí, y no hay clase sobre estudios de cine que no cite la película de Van Sant como ejemplo de fracaso, o éxito.

Pero entonces llegan los iconoclastas Guy Maddin y los hermanos Johnson para hacer todo lo contrario. El complejo al maestro y la copia exacta dan paso a un collage cinematográfico compuesto por cientos de piezas de variopintos orígenes que van más allá de la trama de “Vértigo” para mostrarnos San Francisco y el cine a través de los tiempos, sus tropos recurrentes, su evolución técnica y, a veces, lo absurdo de todo ello. Con un tono que va de lo jocoso a lo sofocante, los directores despliegan su espectacular trabajo de archivo en distintos bloques temáticos, que van desde compilaciones de fugas por los tejados de San Francisco a una generosa cantidad de escenas de “mujeres entrando en una sala para dejar embobados a todos los (hombres) presentes”. Sin discriminar entre cine y televisión, Guy Maddin nos propone un viaje tan irresistible como asfixiante donde la palabra apenas existe y la mirada masculina impera. Poco a poco, el ensamblaje va tornándose más onírico, dejando atrás la estructura hitchcockiana y abrazando por completo el estilo de Maddin, casualmente a medida que esa niebla siniestra cubre la ciudad. ¿Es el cine una copia de una copia de una copia, o dentro de todos nuestros referentes e influencias aún podemos dar forma a un estilo propio? Más que una película, un experimento cercano a la tesis cinematográfica que bien seguro se estudiará en las aulas de cine y, quién sabe, quizá mano a mano con Gus Van Sant.


Avatar por defecto de un usuario no logueado
Los comentarios despectivos y los spoilers serán moderados. Si tienes cualquier problema escríbenos a contacto@filmin.es