Crónica L’Alternativa 2019: “Bait” Tourist Go Home!

Autor: Manel Domínguez

Crónica L’Alternativa 2019: “Bait” Tourist Go Home!

Analizamos una de las películas que más estuvo en boga en el pasado Festival de Berlín, cita que no se pudo resistir a su poderío. Queremos echar el anzuelo para que podáis recuperar esta joya oculta del cine británico que debe ser, desde ya, una cult movie en toda regla: "Bait".

¿De qué va?

Martin Ward es un pescador, pero no tiene barco. Su hermano Steven ha reconvertido el barco de su padre en una embarcación de recreo para turistas, abriendo una disputa entre los hermanos.

¿Quién está detrás?

Mark Jenkin a la dirección, Mark Jenkin al guión, Mark Jenkin a la producción, Mark Jenkin a la fotografía, Mark Jenkin al revelado de película en 16mm…

¿Qué es?
Una puesta a punto del corpus fílmico del free cinema en tiempos de Boris Johnson.

¿Qué ofrece?
Se preveía ardua la tarea de hablar de la deslumbrante “Bait” sin poner de relieve sus evidentes -y voluntariamente manifiestos- paralelismos con el free cinema. Sucumbimos y nos sumamos a los pantagruélicos comentarios que aparejan el film de Mark Jenkin a las grandes figuras del movimiento de los “Angry Young Men”. Todo sea dicho, esto no quiere decir que la película no se erija por si misma ni que sea esclava de sus referentes, todo lo contrario. Pero es que, en lo estrictamente formal, resulta irresistiblemente desdeñable lanzar el titular: lo que “Amer”, de Cattet y Forzani, era al giallo, “Bait” lo es a la literatura combativa de Sillitoe y al cine de Karel Reisz y Lindsay Anderson.

Accede a la estructura clásica de los Kitchen Sink Dramas y la traslada a los apagados tiempos del Brexit, en la que una Gran Bretaña fraccionada en lo social y lo ideológico trata de remendar hendiduras irreconciliables. Teniendo esto en cuenta, Mark Jenkin pone en conflicto los conceptos de tradición y la modernidad narrándonos la tosca acogida de una familia obrera de pescadores hacia una familia pudiente cuya posición altiva los lleva a comprar la casa donde han habitado toda su vida y exprimirla en una especie de “bed and breakfast”. Acción que pervierte por completo la esencia y sesga la identidad afianzada en la memoria familiar. Dirime ahí el terreno crítico que abarca la película. En la hazaña sobrehumana -y en algunos momentos, fantástica- de un personaje que trata de comprender la cesión de su pueblo ante el turismo masivo. Su valentonada puesta en escena, completamente disruptiva en lo visual y sonoro -el sonido ha sido doblado en posproducción-, también juega con esta consigna de la colisión, que a su vez se asocia orgánicamente al trabajo de la idea de “lo anacrónico” -resulta chocante ver flamantes deportivos o 4x4 modernos filtrados por la ya de por sí anacrónica cámara de Jenkin-.

En la misma línea, "Bait" se apoya en su desquitado y rudimentario blanco y negro (el propio cineasta ha filmado y revelado la película) para incidir y poner en tela de juicio la ambigüedad moral de sus personajes ya que, en última instancia, sus grafías y actitudes imperfectas responden más a una escala de grises que a un polarizado espectro emocional. Y es de este modo como Jenkin, aun posicionándose claramente en el lado de la familia de “corte tradicional”, humaniza su empresa huyendo de la agradabilidad que podrían desprender los antihéroes del relato. Al fin y al cabo, es ese espíritu arrogante y virulento que caracterizaba a aquél gran personaje interpretado por Richard Harris en “This Sporting Life”, de Lindsay Anderson.

Ya que nos planteamos la construcción estética de las imágenes que propone el cineasta británico, es fundamental señalar la indiscutible presencia de lo físico en el film. El espaldarazo telúrico a las formas clásicas invoca al bravucón montaje que poseía la película de Anderson. No obstante, el referente que mejor calza Jenkin en ese sentido es su impagable deuda al montaje de atracciones de Eisenstein. Jenkin rescata este primitivismo de la suma de imágenes para dislocar y soslayar la dialéctica dramática que atesoran las escenas. Secuencias de diálogo que cobran una intensidad inusual debido a esta osada determinación tan brusca e iconoclasta.
En conclusión, la incómoda película de Mark Jenkin supone una rareza dentro del panorama cinematográfico mundial. Resulta estimulante hallar voces que aún creen firmemente en relatar como antaño, pero con un ojo fijado en el futuro. Hermosa y militante carta de amor a las formas de vida -y de filmar- en vías de extinción. Una experiencia intachable.


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