Crónica Donosti 2014: "Mommy" Xavier Dolan se consagra al compás de Oasis, Celine Dion y Lana del Rey
El futuro le pertenece. Es la conclusión que de buenas a primeras podemos sacar tras disfrutar de un segundo visionado de "Mommy". Tras sorprender en el pasado Festival de Cannes (donde se hizo con un Premio del Jurado que más bien supo a poco) en Donosti ha llegado su definitiva consagración. La efusiva acogida obtenida hoy en su pase de prensa confirma a Xavier Dolan como lo que ya es: un genio descaradamente hecho y derecho.
¿De qué va?
Una viuda debe hacerse cargo de su problemático hijo de 15 años que sufre un trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Madre e hijo se esfuerzan para encajar y llevar su obligada convivencia lo mejor posible. La llegada de Kyla, una nueva vecina, marcará sus vidas.
¿Quién está detrás?
El hijo bastardo de Pedro Almodóvar, Gus van Sant y Wong Kar-wai se pone ahora particularmente cassavetiano. Xavier Dolan sigue creciendo, eso sí, mucho más tras la cámara que ante ella. Si algo queda claro es que lo suyo es la dirección y no la interpretación, algo que a juzgar por "Mommy", sin duda su mejor película hasta la fecha, al fin se ha dado cuenta.
¿Quién sale?
Anne Dorval repite (y luce) protagonismo al más puro estilo Gena Rowlands en un papel muy similar al que ya interpretara en "Yo maté a mi madre". Sin embargo, en este caso es Antoine-Olivier Pilon, actor principal del videoclip que Dolan rodó para el grupo Indochine, College Boy, quien sustituye al director canadiense ante cámara. Buena elección, de hecho presenta credenciales para llevarse el Premio al Mejor Actor con su desbocada y rabiosa interpretación. La guinda la pone la tercera en discordia, 'la tartamuda' Suzanne Clément, quien también estuviera a la órdenes de Dolan en "Yo maté a mi madre" y "Laurence Anyways", se hace con su merecido protagonismo.
¿Qué es?
Un "Yo maté a mi madre" amplificado y cassavetiano, que también es la mejor película de Xavier Dolan hasta la fecha.
¿Qué ofrece?
Arrebatadoramente plasmada y vorazmente narrada, "Mommy" vuelve a explorar, como ya hiciera "Yo maté a mi madre", las relaciones materno-filiales, aunque en este caso sea desde un registro más grave, complejo y expansivo que el del revelador e insolente debut de su director. Sustentado en su magnético histrionismo y un apresador desgarro, en un montaje extremadamernte ágil y un registro agresivamente verborréico, Xavier Dolan ejecuta una obra única y original, formalmente tan descarada e innovadora como emocionalmente estridente y arrolladora. Con su imagen estampada en un ratio de 1:1 y sorpendiendo a momentos (más bien momentazos) concretos y señalados con un espectro de 2.39:1, la arriesgada y magnífica película del director quebequense armoniza de forma única los sentimientos de intensidad, pasión y sinceridad, logrando empaparnos así de la represión existencial a la que se ve sometido su desequilibrado trío protagonista. Tan exaltada como seductora, transgresora y maravillosa, a lo largo de las dos horas y media que dura tan embriagador kamikaze audiovisual, suenan voces que van desde Dido a Lana del Rey pasando por Andrea Bocelli, Oasis, Sarah McLachlan o incluso Celine Dion. Al fin llegó su anhelada consagración, la excepcionalmente escandalosa "Mommy" encumbra en lo más alto a su padre y autor. El niño se ha hecho grande.