Crónica Berlinale 2014: "No llores, vuela" suena a Malick, pero ante todo es Claudia Llosa

Fuente: Joan Sala (filmin)

Lo sé, Terrence Malick es posiblemente el modelo más manido e identificado en el cine de los últimos años, aunque en el caso de "No llores, vuela" de Claudia Llosa, la alargada sombra de su conmovedora influencia se me antoja de inevitable y obligada referencia. Sin embargo, no es ésta la principal virtud que provoca que estemos ante una gran película. Más bien, la capacidad que la directora quechua ha demostrado para emular tan poético y sensorial modelo sin dar la espalda a aquellas señas de identidad que han hecho de ella una de las directoras más destacadas del cine contemporáneo.

Su exitosa incursión en Hollywood (por mucho que estemos ante una producción española, el suyo es un modelo yanqui) es la innegable prueba de ello. Si algo queda claro es que su triunfal éxito no culminó con su nominación al Oscar. Aún queda camino por recorrer.

¿De qué va?

"No llores, vuela" cuenta la historia de una madre luchadora y su evolución en una artista y renombrada sanadora. Una joven periodista localiza a su hijo Iván 20 años después de que Nana lo abandonara y pone en marcha un encuentro entre los dos, en el lugar más lejano de la tierra, que cuestiona el significado de sus propias vidas y los fuerza a contemplar la vida en su espectro más amplio, a pesar de la distancia entre ellos y las incertidumbres que desarreglan sus caminos.

¿Quién está detrás?

Tras ganar El Oso de Oro con "La Teta Asustada" y ser nominada al Oscar, Claudia Llosa vuelve a competir en Sección Oficial de la Berlinale.

¿Quién sale?

Jennifer Connelly, Cillian Murphy y Mélanie Laurent. Es decir, estrellas de primer nivel.

¿Qué es?

Claudia Llosa bajo la influencia de Terrence Malick

¿Qué ofrece?

Claudia Llosa no traiciona sus señas de identidad en el siempre difícil salto que supone llegar al estrellato, y lo que he es más complicado aún, mantenerse y confirmarse en él. "No llores, vuela" cambia la roca y la gravilla por la nieve y el hielo, para igualmente tranportarnos a los confines del mundo. Allí donde la naturaleza  se eleva a cotas tan oníricas como espirituales, el único lugar del mundo donde el ser humano puede llegar a ser impregnado de un misticismo tan sensorial como abrumador, cautivador y especialmente sensible. Un escudo protector que bien puede ser la única vía de escape para hacer frente a la tragedia más antinatural posible. Aquella que precisamente, también era el principal motor que daba rienda suelta a "El árbol de la vida" de Terrence Malick.

Un marido que ha perdido a su mujer lo denominamos viudo, una hija que ha perdido a sus padres es huérfana, Sin embargo, ni el padre ni la madre que han perdido a su hijo, tienen un término concreto que defina su situación, ni en castellano ni en ningun idioma del resto del universo. Tamaña tragedia resulta tan antinatural que no hay denominación de origen posible. Es la raíz de este conflicto donde comenzaba a florecer "El árbol de la vida," una sinfonía filosófico-cinematográfica intrínsicamente existencial que nos demostraba que en el cine de gran presupuesto también puede primar el carácter sensorial al narrativo, el sentir al contar, el percibir al ver. Pues bien, mismo factor causa-efecto podríamos aplicar a la nueva película de Claudia Llosa. La suya es una película sensible, emocionante y delicada. Una película que aún sin dar la espalda a muchos de los recursos formales y narrativos que provoca que una película de Hollywood funcione en taquilla (como es el caso del empleo de una embaucadora banda sonora que era inaudita hasta ahora en sus anteriores films), sigue manteniéndose fiel, leal y firme a su embrujador sello autorial. "No llores, vuela" suena a Terrence Malick, pero ante todo es Claudia Llosa. Será una inmejorable película inaugural para el Festival de Málaga. No lo duden.

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