Crónica Atlàntida Film Fest 2020: “La Pintora y el Ladrón” hiperrealismo criminal

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Crónica Atlàntida Film Fest 2020: “La Pintora y el Ladrón” hiperrealismo criminal

¿Te imaginas reconciliándote con el ladrón de tus pertenencias? En “La Pintora y el Ladrón”, el conmovedor documental noruego dirigido por Benjamin Ree (“Magnus”), una pintora establece una relación de amistad con el prófugo de la justicia que ha robado algunos de sus cuadros. Obra profundamente comprometida que llega a Atlántida Film Fest 2020 tras iluminar Sundance.

¿De qué va?

Cuando dos cuadros de la naturalista checa Barbora Kysilkova son robados de una galería de arte en Oslo, las autoridades noruegas identifican rápidamente a los dos ladrones responsables, pero no encuentran ni rastro de las obras de arte. Con la esperanza de descubrir qué ha sucedido, Barbora se acerca a uno de los ladrones, Karl-Bertil Nordland, durante una audiencia. Le pregunta si está dispuesto a que realice un retrato sobre él, algo a lo que Nordland acepta. Lo que viene después (una serie de retratos a lo largo de los años) es una extraordinaria historia sobre la conexión humana y la amistad.

¿Quién está detrás?

El documentalista Benjamin Ree ya demostró en “Magnus” -retrato del ajedrecista mundialmente conocido Magnus Carlson- su fascinación por la opulencia y ambivalencia que convive con personajes obsesivos. En “La Pintora y el Ladrón”, el noruego nos traslada a un relato de menos focos, pero de más alcance emocional.

¿Quién sale?

La pintora - Barbora Kysilkova- y el ladrón - Karl-Bertil Nordland- vuelcan cuerpo y espíritu en una devoción mutua dentro de la que Barbora no solo se apiadará del autor del hurto de su obra, sino que irá tejiendo con él una relación emotiva y sacrificada.


¿Qué es?

Un “True Crime” que muta hacia una enternecedora carta de amor al proceso artístico y que ante todo busca transigir el manido vínculo entre artista y musa.

¿Qué ofrece?

En su obra maestra sobre el poder dialéctico de la mentira “Fraude”, Orson Welles nos dibujaba un retrato criminal de Elmyr de Hory, el famoso falsificador húngaro que se había enriquecido al plagiar miles de obras de los pintores más cotizados del mundo. Señalar al elevado mundo del arte contemporáneo  como un terreno del que erosionan todo tipo de mitologías y leyendas es quedarse corto. Desde figuras archiconocidas por el gran público como el propio Elmyr hasta artistas fuera del radar como es el caso del relato que nos ocupa, la cultura siempre ha sabido apropiarse de las excentricidades que nacen de su seno. Lejos de aventurarse por esos lares más sensacionalistas, Benjamin Ree se zambulle en esta extraordinaria historia en la que el concepto de “criminal” queda rápidamente desdibujado.  A la contra, apunta hacia un intimismo propio del “direct cinema” de los Maysles y cercano al escudriñamiento Herzogiano, debido a ese vigor indómito que despiden dos personajes que emergen como auténticas fuerzas de la naturaleza. En ese sentido “La Pintora y el Ladrón” se permite trabajar sobre la figura de la artista como una entidad marcada por una intransigencia innata, de convicciones inquebrantables. Porte que, en este caso se traduce en una comprometida crítica hacia lo establecido. Resulta irresistible compenetrarse con el ideario de la propia Barbora, y es que cualquier tipo de orden que regule la inclusión social merece pasar por el humanismo y la empatía, no por el ajusticiamiento más austero y frío, como el que en ocasiones sufre el atormentado Bertil.


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