Crónica Atlàntida 2020: “The Children of the Dead” el fin del mundo en 8mm

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Crónica Atlàntida 2020: “The Children of the Dead” el fin del mundo en 8mm

El gran cineasta austriaco Ulrich Seidl produce esta alocada ópera prima que se presenta por todo lo alto en este Atlántida Film Fest 2020. Un musical de lo más irreverente y “Do it Yourself” rodado en super 8 en el que, a partir de un apocalipsis zombie, se hace una analogía del auge de la ultraderecha en Europa y de sus consecuencias identitarias. Su provocativa puesta en escena, tan deudora del cine de la Troma, causó impresión en el pasado Festival de Berlín.

¿De qué va?

Döppelgangers, la amenaza nazi, un guardabosques suicida, una familia de poetas sirios y el apocalipsis zombie acosando a la localidad de Steiermark. No es un musical en términos fieles pero de esta radical comedia también late un espíritu jovial y punk absolutamente irreverente.

¿Quién está detrás?

La productora del cineasta austriaco por antonomasia -con permiso de Michael Haneke- Ulrich Seidl lleva a cargo esta alocada producción “do it yourself” dirigida por los debutantes Pavol Liska y Kelly Cooper.

¿Qué es?

Desde la parodia del Heimat Film, la decadencia implícita del auge fascista en “La Caída de los Dioses” y la escatología propia de la Troma, “The Children of the Dead” es un estudio divertidísimo de la histeria colectiva que termina cristalizando en movimientos de ultraderecha.

¿Qué ofrece?

Hacia el último acto de “La Caída de los Dioses”, de Luchino Visconti, una bacanal desproporcionada de las juventudes hitlerianas se va de madre, eclosionando en un festín de erotismo no consensuado y de decadencia absurda. Ese film, muy presente en la radiología política que propone “The Children of the Dead”, estudiaba la bisagra de un pueblo en crisis asediado por las falacias de un fascismo cada vez más asentado. Vivimos tiempos convulsos, en los que, casi un siglo más tarde, parece que la historia se repite. Tanto las crisis migratorias como la gran recesión económica han alentado el renacimiento de los llamados nuevos populismos. Populismos que, en un inicio pensamos que habían virado hacia la izquierda, e incluso atisbamos con cierta desesperación como eran ignorados por unas instituciones corruptas y enrocadas en el poder, pero lo peor estaba aún por llegar.

Tomar por bandera el patriotismo exacerbado, abogar por el crecimiento del racismo estructural y emplear el machismo como mecanismo de autodefensa son algunas de las voluntades que han establecido un claro organigrama de los nuevos movimientos de ultraderecha -una paradoja en sí, ya que el conservadurismo no tiene absolutamente nada de novedoso o transformador-. Algo que, sin duda, los autores de esta película esgrimen que supone una de las razones que han sumido al proyecto europeo -si alguna vez hubo tal- en el patetismo, en un artefacto risible, y en consecuencia, parodiable.

Cooper y Liska no se plantean si de nuevo, tras casi un centenar de años hemos vuelto a dejar entrar al enemigo en casa -ello es, el nazismo, por supuesto-, sino una cuestión todavía más punzante, ¿y si forma parte de nuestra idiosincrasia? La forma en como calan este tipo de pensamientos misántropos cuando se pone en peligro nuestra identidad “europea” y nuestro privilegio moral.  Para dilucidarlo, entienden y suscriben el enorme potencial político del cine de género, del valor estético del DIY -el film está rodado en super 8 mudo-, parodiando al moralismo de corte folklórico que late en las Heimat Films alemanas de la posguerra. Género popular cuyo único propósito era el de animar al público a pasar página de la forma menos dolorosa posible. Poner en tela de juicio, a raíz de la sátira, la buena praxis y supervivencia de los ideales de las transiciones democráticas europeas asoladas por el fascismo.

A pesar de este escabroso y truculento background, “The Childen of the Dead” no renuncia a la ironía más gamberra, y es que, en ocasiones podría parecer que estemos delante de una de esas jocosas películas de la Troma dirigidas por mentes tan ilustres y chaladas como son las de James Gunn o Lloyd Kaufman -en especial su aplaudida epopeya animalista, “Poultrygeist”-. El telón de fondo en el que se dan lugar abundantes fluidos de dudosa procedencia la dotan de un valor que va más allá de lo escatológico, de lo grotesco. En definitiva, “The Children of the Dead” es un divertimento audaz, provocativo y profundamente político.


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