Crónica Atlántida 2020: "Bird Talk" de tal palo, tal astilla

Autor: Manel Domínguez Fuente: Filmin

Crónica Atlántida 2020: "Bird Talk" de tal palo, tal astilla

Atlántida Film Fest 2020 acoge uno de los eventos más importantes del cine europeo, el retorno del director de “La Posesión”, Andrzej Zulawski. Su hijo, Xawery Zulawski se pone a los mandos de un guion escrito por su padre antes de morir, “Bird Talk”. Una obra desbordante de una ambición descomunal.

¿De qué va?        

Dos profesores de historia y literatura son despedidos de un instituto. Seguimos sus derivas, en especial la del de literatura, que comparte piso con un pianista leproso, vive una historia de amor con una florista coja y acaba formando parte de una banda criminal.

¿Quién está detrás?

Andrzej Zulawski, uno de los más estimulantes e inclasificables cineastas polacos, dejó un guion escrito antes de morir. Ahora, cuatro años después, su hijo Xawery toma el testigo del padre para filmar su historia con una nueva y desquiciante visión.


¿Qué es?

Una alegoría política de la Polonia actual (en su confusión entre el pasado comunista y el ascenso de la derecha), puro metacine y una arrebatada historia de amor(es) adrenalínica que se corona con un emocionante homenaje final del hijo al padre. Todo queda en familia.  

¿Qué ofrece?

Hace un par de meses, el presidente de Polonia Andrzej Duda argumentó en una rueda de prensa que la propagación de ideales LGTB en la sociedad había causado más daños que toda la etapa comunista. “Eso era el bolchevismo. Era la ideologización de los niños”. Durante las últimas semanas hemos visto masivas manifestaciones cruzadas entre miembros de grupos neonazis -algunos, apoyados por el propio gobierno-, que con total impunidad agredieron a miembros de colectivos LGTB que se encontraban manifestándose libremente. Ante este panorama, los protagonistas de “Bird Talk” se cuestionan, atónitos, el viraje ultraderechista de su país. Con el antisemitismo y la homofobia como dianas, Xawery Zulawski retrata a una Polonia enfermiza en plena crisis de identidad.

Y es que, en cierto modo, las interpretaciones puramente espasmódicas de los actores en “Bird Talk”, ¿no respiran inherentemente ese clima de desdoblamiento social? Zulawski elabora con atino una ópera rock que subvierte cualquier tipo de género, convención, y que no vacila para entregarse a la risa nerviosa ni a la esquizofrenia colectiva, ya que detecta rápidamente que son sus mejores armas.

En ese sentido, “Bird Talk” es uno de los experimentos más epidérmicos desde un prisma político que se hayan hecho en años. La angustia de los seguimientos en gran angular -la herencia de su predecesor es bien sabida- o sus ambiciosas teorizaciones sobre el abordaje creativo dan buena cuenta de ello. Ya por no hablar de lo absolutamente fascinante que resulta el arrojo empático hacia las nuevas generaciones y a su forma de comprender el cine, algo en lo que muchos cineastas han naufragado estrepitosamente -Michael Haneke, por ejemplo-, o las constantes invocaciones al cine de su difunto padre, Andrzej Zulawski. Juego macabro que llega a una culminación verdaderamente excepcional en el arrebato de ira y dolor que sufre la actriz Jasmina Polak, que transporta inevitablemente al que padece Isabelle Adjani en aquellos desangelados pasillos de “La Posesión”.

Como colofón nos encontramos con esta perla: “solamente he hecho una película en inglés, y de algún modo, todavía vivo de ella”. La sombra de “La Posesión” en Zulawski es alargada. El legado del cineasta polaco ha impregnado la estética de las grandes cuestiones del cine de género que llegaron más adelante. Complejizó la imagen fantástica, la hizo vibrar, latir.  Como una alteración del propio cineasta, encarnada esta vez por una versión apócrifa a lo “songwriter” de “Under the Silver Lake”, el director de cine -interpretado por Daniel Olbrychski- rememora toda su obra con los ojos de la juventud de hoy, los de una cineasta hiperactiva cuya única herramienta es la lente de un teléfono móvil. Un film, a nivel político, estimulante como pocos y una carta de amor/odio arrebatadoramente hermosa.


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