Cápsulas de filmin: Del expresionismo alemán al cine negro (parte I)

Autor: Ariel Fernández Verba Fuente: Ariel Fernández Verba

Cápsulas de filmin: Del expresionismo alemán al cine negro (parte I)

Primera de cuatro Cápsulas de Cine dedicadas a la influencia del expresionismo alemán en el cine negro. Y para empezar, dos películas: "M, el vampiro de Dusseldorf" (1931) y "Mientras Nueva York duerme" (1956) de Fritz Lang, realizador que funciona de puente, no sólo entre ambos movimientos, sino también entre dos épocas.

El expresionismo alemán y el cine negro se caracterizaron principalmente por sus impertinencias visuales, véase el decorado y las sombras en el expresionismo, y los contrapicados o los fuera de campo del cine negro. Pero asumido el continente de dichas expresiones, pasamos a una lectura de los argumentos muy arraigada en la necesidad histórica de estos dramas.

Tanto en "M, el vampiro de Dusseldorf" (1931) como en "Mientras Nueva York duerme" (1956), hay que encontrar al asesino. Uno mata niños y el otro mujeres (por eso de los niños y las mujeres primero casualmente) y ambos, con sus actos, obligan a toda la sociedad afectada a tomar una postura, y no siempre se ha actuado de la misma manera, de ahí que estas dos películas de Fritz Lang sean vivos retratos de una época.

Para ubicarlo, el cine de Fritz Lang funciona, dentro del engranaje que nos lleva del expresionismo alemán al cine negro, como metáfora del trasvase. Su historia es también la historia del encuentro de  dos movimientos artísticos, y por tanto, es historia del cine.

En "M" es el pueblo quien planea las mil y una para dar con el asesino. Así podemos ver como los borrachos o vagabundos colaboran, o incluso el sindicato de ladrones participa en la extinción del foco que aqueja la normalidad colectiva. Por el contrario, en "Mientras Nueva York duerme", la irrupción de un asesino suelto en las calles despierta la ambición personal de cada uno de los aludidos, siendo cada personaje el que busca ganar la partida, para lo que haría falta un perdedor.

Y en efecto, en "Mientras Nueva York duerme" el ojo de Lang se posa sobre el temor de la sociedad americana que, crispada por la corrupción del gobierno de Eisenhower y la amenaza permanente de guerra, es victima de su propia individualidad, mientras que en "M" Lang reproduce el gesto de decepción colectiva que caracterizó a la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial, absolutamente necesario en épocas de crisis.

Sin embargo, Lang siempre evitó hacer juicios de valor en sus películas, y lo que aquí se compara tampoco se resuelve con una situación buena y una mala, ya que por mucho que se desvíen de la norma las reacciones ciudadanas, para bien o para mal, parece ser que una impostura más contundente y fuerte que ellas, como las fuerzas del orden, devolverá la realidad de turno a su sitio. Lleven la razón, o no.

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