AFF 2019: "Desaparecidos" madre!

Autor: Gerard Cassadó Fuente: Filmin

AFF 2019: "Desaparecidos" madre!

Las heridas aun abiertas de la Guerra de los Balcanes sangran en este contenido, sobrio y estremecedor drama sobre una madre que sigue buscando a aquel niño que le arrebataron en el paritorio asegurándole que había nacido muerto. "Desaparecidos", el segundo largometraje del serbio Miroslav Terzic, una de las joyas de la sección Panorama del último Festival de Berlín, ganadora del Premio del Público, desembarca ya en Atlàntida Film Fest.

¿De qué va?

Ana es una costurera de Belgrado incapaz de esbozar media sonrisa. Un horrible suceso del pasado marca su existencia y sus relaciones familiares, y es que vive convencida de que su hijo Stefan no murió en la sala de partos como le dijeron, sino que fue robado en el mismo hospital para ser entregado en adopción a una familia más rica. Al acabar la película unos rótulos nos explican que 500 familias en la Antigua Yugoslavia siguen buscando a esos niños robados durante la guerra.

¿Quién esta detrás?

Miroslav Terzic, en el que es su segundo largometraje tras "Ustanicka Ulica", otra película que hurgaba en el pasado más oscuro de su país y en esas heridas no cicatrizadas del último gran conflicto bélico en Europa. 

¿Quién sale?

Snezana Bogdanovic ofrece una clase magistral de contención y mantiene en pie, en todo momento, la dignidad de una madre incapaz de aceptar la mentira con la que le arrebataron a su hijo. Poco conocida fuera de su país, Bogdanovic optó en 1989 al premio a la Mejor Actriz Europea en la gala de los EFA por su papel en "Kuduz", de Ademir Kenovic.

¿Qué es?

"On The Other Side" (Zrinko Ogresta, 2016) + "Bebes robados" (Alain Berliner, 2016). 

¿Qué ofrece?

Hay un plano en "Stitches" que fácilmente puede pasar desapercibido y que no obstante ilustra a la perfección la silenciosa minuciosidad de su puesta en escena. Ana, esa madre coraje que soporta el peso de la película sobre su espalda, entra en un ascensor situado a la izquierda de la pantalla. Cuando las puertas se cierran y dejamos de verla, el ascensor situado a la derecha se abre para mostrarnos la cabina vacía. Como si se tratara del truco de un ilusionista, se ha cerrado un camerín en el que había una persona para dar paso al camerín en el que no hay nadie. De personas que desaparecen como por arte de magia habla precisamente un drama en el que lo más obvio es aplaudir su solidez y continencia, pero tras el que se esconde, sin hacer ruido, un cineasta muy dotado para el pequeño gesto cargado de significado.

"Stitches" es como un muro de contención que trata de que la fuerza de un drama inmenso no se desborde. Al fin y al cabo estamos hablando de uno de los crímenes más atroces que haya conocido la humanidad, y que se ha repetido en todos los rincones del mundo, también, y con especial insistencia, en nuestro país. Terzic es consciente de ello y sabe que las emociones van a supurar irremediablemente por las grietas de su muro, así que asienta las bases del film para que nadie le acuse de traficar con el drama. Prescinde de la música, de muchas de las palabras, y deja las lágrimas y el dolor fuera de campo. Mantiene de pie a su protagonista con la misma integridad que mostraba Charlotte Rampling en la soberbia "Hannah" (Andrea Pallaoro, 2017), y no despliega trampas ni falsas pistas, aun a costa de perjudicar ese asomo de thriller que el film parece querer ser en algunos momentos. El resultado es excelente, porque se construye a partir de pequeños gestos y soluciones visuales (esa figurita de los dos caballos, siempre a punto de caer), sabedor de que el propio peso de lo que nos cuenta la película exige un ejercicio de mesura y autocontrol. En manos de otros, "Stitches" sería porno emocional, pero Terzic siente demasiado respeto por sus personajes y por el dolor que aun hoy sigue sintiendo su país.



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