AFF 2014: "The Strange Colour of your Body's Tears" la perversión del deseo
Allá por el 2009, Sitges nos decubría "Amer", un film de sensaciones, captadas siempre a flor de piel, que en un mismo espacio tenía el descaro de conjugar el giallo del mejor Argento, el doloroso existencialismo de Antonioni y el imaginario surrealista del propio Buñuel. Un diamante en bruto que encandiló en su largo recorrido festivalero, causando furor en Sitges antes de estrenarse definitivamente en filmin.
Pues bien, cuatro años después, Helene Cattet y Bruno Forzani vuelven a la carga con un título difícilmente pronunciable pero inequívocamente distinguible. "L'Etrange Couleur Des Larmes De Tons Corps" ("The Strange Colour of your body tears") era nuestra niña bonita antes de verla y resultó ser nuestra insobornable favorita tras vivirla y experimentarla. Es hora de Polanski, Lynch, Preminger o incluso Hitchcock. Son solo algunas de las sugestivas referencias para tan alucinante propuesta. Había que hacerle hueco en el Atlántida.
¿De qué va?
Una mujer desaparece. Su marido decide investigar las extrañas circunstancias de su desaparición. ¿Acaso le ha abandonado? ¿O es que está muerta? A medida que va indagando en las respuestas, el marido se verá gradualmente inmerso en una serie de situaciones violentas.
¿Quién está detrás?
Los directores de la magnífica "Amer" (ver online) vuelven al ruedo con un film en el que el duo belga ha trabajado a lo largo de 9 años.
¿Quién sale?
Klaus Tange, Jean-Michel Vovk, Sylvia Camarda, pero ante todo, un película que se articula a través de colores, imágenes y por supuesto, sonidos.
¿Qué es?
Un "Amer" amplificado con toques del Lynch de "Carretera perdida", del Polanski de "El quimérico inquilino", del Preminger de "Laura" o incluso del Hitchcock de "Vértigo".
¿Qué ofrece?
Todo aquello que los fans de "Amer" llevábamos esperando durante estos cuatro largos años de espera. "L'Etrange Couleur Des Larmes De Tons Corps" ("The Strange Colour of your body tears") supone una amplificación de su antecesora en los cinco sentidos. Empezando por la abstracción de una trama a medio camino siempre, entre lo real y lo imaginario, que adquiere un cariz comedidamente más narrativo que su experimental antecesora, para sumergirse de lleno en la esquizoide perversión del deseo oculto, aquel que atañe a una pareja cuya atracción a pasado de lo natural y virginal a lo oscuro y siniestro propulsado por un erotismo sádicamente gótico. Lo nuevo de Hélène Cattet y Bruno Forzani es un orgiástico artefacto que se escucha por la retina y se ve por el oído, que habla mediante los sonidos, los colores, la imagen, el montaje o los planos detalle, y no a través de la palabra. Una sinfonía intrínsicamente audiovisual para una experiencia introspectiva que resulta tan sensorial y sensual como malsana y seductoramente inicua. La suya es una mirada que amenaza, agrede y penetra, envuelta en un aura tan fetichista como intensa, que tiene en los cueros, los cuchillos y los cristales rotos, sus armas estrella. Un viaje intenso, violento y sobrecargado al fondo de la psique humana, se traduce en la película más tremenda, enfermizamente seductiva y hermosamente compleja que pudimos disfrutar en el último Festival de Sitges. Que muchos se 'caguen' en ella, pero otros tantos la adulemos, es su mejor prueba. Guste o no, la suya es una fascinante mirada ante la que queda prohibida la indiferencia. El Atlántida Film Fest dicta sentencia.