Vida y muerte de un yonqui finlandés

Autor: Gerard Cassadó

Vida y muerte de un yonqui finlandés

En “Requiem por un sueño”, con una majestuosidad escénica asombrosa pero cierto tono entre paternalista y sensacionalista innegable, Darren Aronofsky narró a principios de siglo el periplo vital de tres jóvenes, y una mujer mayor, cuyas vidas estaban ligadas de un modo u otro a las drogas. La película (una de esas que es mejor no ver cuando uno no está en su mejor momento anímico) asimilaba el relato clásico de auge y caída al subidón y posterior descenso a los infiernos de un viaje toxicómano, desembocando en un final horrible, casi insoportable, ensuciado por el ruido demencial de la excelente banda sonora de Clint Mansell.

Ni el filtro de la ficción lograba atenuar el impacto de “Requiem por un sueño” en el estómago del espectador. Aun así, el cine documental siempre ha logrado aproximaciones más en bruto, y sobre todo más empáticas, hacia el mundo de las adicciones. El mismo año que Aronofsky presentaba su película, el portugués Pedro Costa se encerró “En el cuarto de Vanda”, una joven del barrio de Fontainhas (Oporto), y se sentó en un rinconcito junto a su cámara para filmar en la penumbra una existencia basada en encontrar un trozo de papel de plata y un encendedor. Costa filmaba el cuarto de Vanda Duarte, pero también su vecindario, recordándonos que la ola expansiva de un chute de heroína alcanza varias calles y arrasa con muchas vidas.

“Reindeerspotting: Escape from Santaland” (Joonas Neuvonen, 2010) está mucho más cerca de Costa que de Aronofsky, aunque es inevitable no pensar en Harmony Korine y en Larry Clark al seguir los pasos de Jani, un niño de 19 años sin contexto al que conocemos en su Finlandia natal, y con el que viajamos por Europa con el único objetivo de verle clavar la aguja en su brazo. Subutex, Rivotril, Tranquimazín con alcohol… cualquier opción, lo más barata posible, es buena para permanecer en un viaje constante que le aleje permanentemente de la gélida realidad de Rovaniemi, su pueblo, uno de esos malditos lugares recónditos del planeta en el que jamás sale el sol y nunca hay nada interesante que hacer.

Joonas Neuvonen filmó en 2010 la (mala) vida de Jani. Seguramente nunca imaginó que 10 años después filmaría su muerte. En “Lost Boys”, el director (que no esconde en ambas películas su flirteo con las mismas sustancias que consumen sus protagonistas) emprende un viaje casi fantasmagórico por Tailandia y Camboya para entender porqué pocos días después de dejar a sus colegas Jani y Antti en tierras asiáticas para volver a Finlandia, el cuerpo del primero apareció sin vida, supuestamente tras suicidarse colgándose en plena calle. Las imágenes domésticas y digitales de “Reindeerspotting” se mezclan aquí con un diseño de producción más cuidado, en el que la voz en off del director y los neones flotantes del sudeste asiático configuran una especie de pesadilla cercana a los malos sueños de Gaspar Noé. Neuvonen se viste de detective en una investigación precaria que le llevará a recorrer los mismos tugurios que pisó semanas antes con sus amigos, en busca de respuestas sobre la muerte de su amigo. La última frase de la película, a modo de confesión prohibida, es demoledora.

“Reindeerspotting: Escape from Santaland” y “Lost Boys” llegan a España de la mano de Atlàntida Mallorca Film Fest. La primera estará disponible en Filmin entre el 26 de julio y el 26 de agosto, mientras que su secuela se estrenará el 29 de julio, día en que se proyectará en Palma (18:00 en CineCiutat) y podrá verse también hasta el 26 de agosto.

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