“Soros”: El hombre más odiado del mundo

Autor: Gerard Cassadó

“Soros”: El hombre más odiado del mundo

En su primera intervención en el documental, cuando descubrimos que Soros va a aportar su testimonio a este retrato sin duda complaciente con su figura, el multimillonario magnate interrumpe al entrevistador para corregirle sobre el rumbo que debe tomar el inicio de la charla. “Comencemos por el principio de mi vida, porque si hablamos de mi filosofía, me pierdo yo y se pierde usted”. No hay duda de que a Soros le gusta tenerlo todo bajo control. Es solo un gesto que define la seguridad y firmeza de este Robin Hood de Wall Street que ha amasado fortunas descomunales gracias a su intuición en el mundo de las finanzas, y ha invertido una gran parte de esa riqueza en proyectos humanitarios alrededor del mundo. ¿El problema (para algunos)? Que detrás de cada acción benéfica hay un gesto político. Toda donación tiene ideología, y Soros apuntala con su dinero el proyecto de alcanzar una “sociedad abierta” (siguiendo el dogma de Karl Popper) que es algo así como una versión mejorada de la democracia, que la aleja de la dictadura del número para atender la supervivencia de las minorías y el respeto a todas las ideas.

“Soros” es una película bajo el control de Soros. Por ello no se le confronta con algunas de las críticas furiosas que manchan su imagen y se transita muy de pasada por errores manifiestos como su apoyo a la líder de Myanmar Aung San Suu Kyi, la Premio Nobel de la Paz, hoy responsable de un genocidio en su país contra el pueblo Rohinyá. Pero sí se aprovecha para razonar sobre qué hechos reales se fundamentan auténticas calumnias sobre su persona, como las que le acusan de haber sido de joven un colaboracionista nazi (curioso para un judío de Budapest que era un niño durante la ocupación alemana).

La filantropía de Soros, entendida como la altiva ensoñación de un todopoderoso que cree que puede salir del hastío del capital construyendo un mundo mejor, queda muy bien matizada en la película. Soros no es (simplemente) un buen samaritano, sino un hombre aburrido que descubrió que el dinero no le daba más felicidad y que ha buscado en la ayuda al prójimo un sentido para su vida. Militante de izquierdas (aunque importante partícipe en el hundimiento de la URSS), existen paradojas maravillosas en su vida. Por ejemplo, que Viktor Orbán, el ultraderechista primer ministro húngaro, uno de sus principales enemigos, se formase en la importante universidad que el propio Soros construyó en su ciudad. Soros siente cierto regocijo siendo el azote de la ultraderecha y a sus 85 años sigue construyendo una obra benéfica admirable. Sin duda ideológica, política. Pero al fin y al cabo todo acto social es inevitablemente una manifestación política.

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