"Nuestra hermana pequeña" Mujercitas sin tacitas

Autor: Joan Sala (Filmin)

"Nuestra hermana pequeña" Mujercitas sin tacitas

Después del éxito crítico y comercial logrado con "De tal padre, tal hijo" (Mejor Guión en el Festival de Cannes 2013), Hirokazu Kore-eda repetía trayecto de ida y vuelta (nuevamente Perlas de San Sebastián, previo paso por Cannes) ofreciendo todo lo que de él se espera con un relato hecho a su medida. De buenas a primeras, bien podríamos presentar "Nuestra Hermana Pequeña" como "Mujercitas" pasadas por el filtro Kore-eda, así como la otra cara (femenina y más luminosa en este caso) de su anterior "Nadie Sabe".

¿De qué va?

Tres hermanas, Sachi, Yoshino y Chika, comparten casa en la ciudad de Kamakura. Cuando muere su padre, al que no han visto en 15 años, las tres viajan al campo para asistir al funeral y conocen a Suzu, su tímida hermanastra adolescente. No tardan en encariñarse con ella y la invitan a vivir en la ciudad. Así empieza una nueva vida de alegrías y descubrimientos para las cuatro.

¿Quién está detrás?

Hirokazu Kore-eda adapta uno de sus Mangas favoritos, "Umimachi Diary" de Akimi Yoshida.


¿Qué es?

Bien podríamos señalarla como una suerte de "Mujercitas" pasadas por el filtro de Kore-eda, así como la otra cara (femenina y más luminosa en este caso) de su anterior "Nadie Sabe".

¿Qué ofrece?

Todo aquello que ateniéndonos a su punto de partida y a quien está tras la cámara, podríamos esperar. Es decir, una feel good movie en el mejor de los sentidos, una tierna y conmovedora mirada sutilmente filmada, delicadamente articulada. Y es que, ya se sabe, si por algo se distingue el delicioso cine de Hirokazu Kore-eda es por su inconfundible tacto, por ese sexto sentido y absoluta sensibilidad con la que disecciona los conflictos familiares o mejor dicho, la ausencia familiar en este caso (tal y como ya hiciera con "Milagro" y "Nadie Sabe"). "Su nueva película no es para menos en este aspecto, y presentándose como un tierno melodrama que es capaz de evitar todos aquellos estigmas que revierten este subgénero en un caldo de cultivo inevitablemente televisivo, logra erigirse en una obra de gran potencial cinematográfico. La culpa de ello probablemente lo tenga el hecho de que antepone el protagonismo de los pequeños detalles a los golpes de efecto, el de la tierna sonrisa al llanto desgarrador, o el de la armonía que surge entre los personajes y su entorno, que a destapar de forma hiriente el inevitable conflicto dramático sobre el que estas entrañables cuatro hermanas se suspenden. Sentido y sensibilidad, nunca mejor dicho.


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