¿Necesitamos un nuevo Snowden?

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Saben dónde estás, hacia dónde te diriges, cómo lo haces, qué comes, con quién te relacionas, qué te gusta, te hace reír, llorar o enfadarte. Y no puedes escapar. El sueño más húmedo del Gran Hermano por fin se ha hecho realidad, y es mucho mejor de lo que Orwell jamás pudo imaginar. No hemos necesitado dictaduras ni controles físicos sobre la población, hemos abierto las puertas de nuestras casas y corazones por pura voluntad propia, con una sonrisa en la boca y bien dispuestos a dárselo todo. Hemos firmado un contrato escrito pero obviado en el que a cambio de unos suculentos servicios sin los cuales ya no podemos vivir estamos entregando nuestras vidas a grandes corporaciones. ¿Necesitamos un nuevo Snowden? En Europa se celebra el Día de la Protección de Datos, y "Democracy" se vuelve más indispensable que nunca.


La protección de datos es un tema que lleva mascándose en el Parlamento Europeo desde hace muchos años, concretamente desde 1995. En esta fecha Internet empezaba su discreto recorrido en los hogares más pudientes para poco tiempo después democratizarse y convertirse en una de las grandes revoluciones en la historia del ser humano. Ya no podemos imaginar nuestra vida sin Internet, pero su rápida expansión también ha generado muchísimas problemáticas a nivel legislativo, cuestiones que han debido solucionarse sobre la marcha en un mundo en el que la burocracia ha probado ser demasiado lenta para los vertiginosos cambios a los que nos sometemos en nuestro día a día. Entre ellos, y el más significativo por todo lo que conlleva, es la dependencia de los smartphones, una pieza de tecnología que, unido a redes sociales y otros programas informáticos, han conseguido que estemos localizados, registrados y vigilados todo el día.


Antes de Snowden, porque sí, Snowden lo cambió todo, aceptábamos el uso de esta tecnología aparentemente gratuita porque su utilidad sobrepasaba los posibles incovenientes. ¿Que Google registraba nuestro recorrido diario? Daba igual, ya no podíamos vivir sin Google Maps. ¿Que Facebook rastreaba nuestras conversaciones privadas para ofrecernos publicidad personalizada? Bueno, qué le vamos a hacer, un mal menor. Y como estas, muchas más concesiones que hemos hecho a las grandes corporaciones porque, sencillamente, ya no podíamos vivir sin ellas. ¡Y a ver quién osaba a ponerle precio a estos servicios! No, no, lo queremos gratis, y sin con ello vendemos algo mucho más valioso para las compañías que una cuota anual, que así sea. Además, al principio todo esto era solo para vender los datos a otras grandes compañías para publicidad, el capitalismo en su máxima expresión al que tan acostumbrados estamos. Pero entonces llegó Snowden y nos dijo que estas grandes compañías han permitido que gobiernos, principalmente el norteamericano, y otras instituciones hagan uso de esta información para operaciones de vigilancia en la población. Boom. El panorama había cambiado. No podíamos permitir esto. ¿Cómo va a espiar el Tío Sam las vidas de millones de ciudadanos europeos? ¿Pero dónde demonios estaba ahora la democracia?

La democracia estaba perdida en algún pasillo del Parlamento Europeo, donde un visionario parlamentario llamado Jean Philipp Albercht ya se preocupaba mucho antes del Caso Snowden de la terrible problemática que planteaba la protección de datos y del uso indiscriminado que estaban haciendo las grandes corporaciones. Esta es la odisea de "Democracy", el particular calvario de Albercht en su lucha para que los otros parlamenterios europeos se dieran cuenta del gran peligro para los derechos fundamentales de los europeos de esta exposición invasiva a la que nos estábamos sometiendo. Y como nosotros, hasta la llegada de Snowden, estos temas importaban bastante poco. Hundido por las presiones de los lobbies y el poco interés de los Estados Miembros, la proposición parecía que se iba a perder entre las muchas correcciones a las que se vio sometida en sus inicios. Pero entonces se revela que estas compañías no solo venden información a la empresa privada, si no que los gobiernos están haciendo uso de nuestros datos para vigilancia ciudadana, desvelando un panorama que no hubiese podido imaginar ni el mismísimo Orwell. Es entonces cuando el caso explota y el Parlamento Europeo empieza a escuchar las palabras de Albertcht y se lanzan a la aprobación de la nueva regulación de la protección de datos en la Unión Europea. Al ser una regulación y no una directiva, obliga a los 28 países miembros a aceptarla y aplicarla dentro de dos años, en el futuro pero ya cercano 2018.



¿Qué traerá de nuevo esta regulación?

1. El derecho a ser olvidado.

Una de las peticiones más importantes y definitorias. Cuando nos registrábamos en Facebook, por mucho que después quisiéramos borrarnos, la compañía continuaba almacenando nuestros datos en sus servidores, incluidas fotografías y cualquier tipo de información sobre nosotros. A partir de 2018, cuando queramos borrar nuestros datos de cualquier compañía que ofrezca sus servicios dentro de la UE, deberán borrarse definitivamente.

2. Las compañías deberán ser responsables de la protección de nuestros datos.

Antes, cualquier dato "con el que el individuo pudiera ser identificado" era responsabilidad del controlador de datos, es decir, el dueño de esos datos. Bajo la nueva regulación, sin embargo, cualquier compañía o individuo que procese los datos también será responsable de su protección, incluyendo third parties como los proveedores de servicios en la nube. Cualquier persona que toque o acceda a nuestros datos, sean los que sean, es responsable en caso de hackeo.

3. La regulación tendrá jurisdicción global

Para evitar la trampa de que las empresas se registren en otros países para no atenerse a las leyes europeas se ha estipulado que esta regulación se implemente a nivel global siempre que incluya datos de ciudadanos europeos. Si tienes datos de un usuario español, aunque tus servidores estén alojados en China, las compañías deberán atenerse a la ley europea.

4. Las compañías deberán notificar a los usuarios

Será responsabilidad de las grandes corporaciones informar al usuario del uso que se está haciendo de sus datos. Algo similar ya se implementó con la notificación de las cookies, pero ahora será mucho más estricto. Se deberá informar y recordar a los ciudadanos sus derechos así como documentar el hecho de que se les ha recordado ese derecho. Además, deberá aceptar de antemano que las compañías utilicen sus datos, al contrario de como está estipulado ahora, que las compañías los utilizan hasta que el usuario diga lo contrario o se dé de baja. Las compañías que lo incumplan se enfrentarán a grandes multas.

5. Podrás ver los datos que se recolectan sobre ti

Hasta ahora esta opción ya estaba disponible, pero difería dependiendo del país en el que estuvieras. Con la nueva regulación, se preveé que las fechas límite para pedirlos se armonicen en unos 20 días.

6. Sanciones mucho más estrictas

Las compañías que infrinjan algún punto de la nueva regulación se enfrentarán a cuantiosas multas de hasta un 5% en los beneficios globales.

Como siempre, y como bien dice uno de los entrevistados de "Democracy", los usuarios de Internet somos gente extremadamente dócil, que aceptaría casi cualquier cosa por seguir navegando. Si bien es cierto que esta ley se presupone mucho más estricta, se ha demostrado que la regulación de las cookies y su notificación al usuario, ahora mismo, son más bien anecdóticas. ¿Pasará lo mismo con la nueva directiva gestada por Jean Philipp Albercht? ¿Cuándo quedará caduca debido al vertiginoso ritmo de crecimiento de Internet? El debate está abierto.


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