Memorias del FEC Festival (o como el vermut y el corto son como el rascar)

Fuente: Víctor Sala

Que la ruta de festivales de cine tenga su propia ruta de bebidas es una gozada. Y no sólo porquehaya marcas sponsors (que si Moritz en Reus o Carajillo Magno en Badalona). Sino porque la bebida de la zona sea protagonista voluntaria o involuntariamente del festival (como nos pasaba en Trouville con el Calvados).

La bebida de cada zona dice mucho de la ciudad, de su gente (y de la condición alcohólica de la humanidad). En Reus ciudad de genios como Antoni Gaudí, Marià Fortuny o Salvador Dalí (él era de dónde quería), la bebida característica de la zona es el Vermut. Actitud mediterránea, reposo dominical y encuentro entre personas.

Decir Reus, es decir Vermut. Con sus dos cubitos de hielo, la rodaja de naranja, la oliva y, a poder ser de tiro. (Y si el barril es de roble mejor que mejor, que se tiene que ser original, y ya decía Gaudí que “ser original es volver a los orígenes”).

El vermut tiene un ritual. Mediodía, terraza en la plaça mercadal, gafas de sol para disimular las ojeras, algo de picar y amigos. Y la bebida tiene una función específica: abrir el apetito y saciar la sed. Ser un tentempié breve que enlace mesas y conversaciones, y precisamente ahí coincide con la misma función que tienen los cortometrajes en el FEC Festival.

Entender un festival como un lugar de encuentro. Un sitio para la gente que le gusta el cine. Alargar el micro a los creadores, y darles la palabra. Invitar a creadores y espectadores a hablar, tertuliar, conversar…

El FEC - European Short Film Festival entiende el festival como el vermut que comentábamos. Un refrigerio a experimentar con los cinco sentidos, no sólo verlo. Escuchar el crac-crac de las patatas fritas, oler el característico olor de la oliva rellena de anchoa, tocar como cae la sal de las almendras rugosas, degustar un trago frío de vermut y finalmente ver, en una sala a oscuras, reflejada en la pantalla grande, emociones y historias vienen a buscarte.

Así pues toca hacer un balance, un TOP5 de los cortos que vi (por desgracia no pude verlos todos), pero he hecho mi propio aperitivo suculento:

 Patatas bravas: (por una historia punzante y crítica) “The Mass of Men” de Gabriel Gauchet.

“Pulpo a feira”: (por tratar el Atlántico como un personaje) 37º4S de Adriano  Valerio.

Boquerones en vinagre: (por un fino humor ácido fileteado)- “Claudiu & the Fish” de Andrei Tanase.

Hueso de la oliva: (por considerar que un corto tiene que ser una “piedra en el zapato”) – “Dit is Ronald” de Jules Comes

Huevos revueltos: (por el atrevimiento a contar una historia dura y de forma osada) – “La gallina” de Manel Raga

Y como extra, el líquido de los berberechos: (por tratar la humanidad y la tecnología de forma enlatada, una historia entre sintética y humana) – “ROBOTA”, de David Braun y un servidor, Víctor Sala. (Si uno no considera bueno, su trabajo, mejor que no lo presente).

Este artículo tan gastronómico creo que gustaría a una de las almas del FEC, el eterno Bigas Luna. Allí dónde estés, buen provecho y viva el cine! Y el vermut!

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