Memorias de Trouville (o cómo la fiesta del corto sobrevivió a la masacre del mejillón)
La estancia en el Festival de Cannes nos había aplanado el terreno. Conocíamos a la perfección los intríngulis de los festivales franceses. No había Normandía posible que se nos antepusiera… Normandía de hecho no, pero superar los escollos de Ryanair, el suplemento de coche para menores de 25, peajes franceses (la gran exportación catalana al mundo), el coche en si (una tetera a lo Bella y la Bestia, estilo rococó gayer)...
Una vez todo superado, ya podíamosir hacia rutas salvajes. Una travesía por castillos, verdes prados, puebluchos hiperrurales a tutiplén y un microclima que no te dejaba pensar en nada más que en el nebuloso desembarco de Normandía. Sobredosis de remixes remixados, radio Vintage a tope, los ochentas estaban de vuelta. El desembarco de los pardillos en la costa de Normandía estaba a punto de llegar. El precalentamiento lingüístico lo puso "Flight of the Conchords". Nuestro particular “Big Muzzy”, nuestro “Digui Digui”, nuestros VHS de “Magic English”:
Con un bagaje de francés tan nulo a nuestras espaldas… una de dos, podríamos ser candidatos a Presidente del Gobierno, o pardillos desembarcando en la costa normanda. (Tampoco hay mucha diferencia, pero preferimos la segunda.)
Con “bonjour”, “madame” y “voleuz-vous coucher avec moi”, escritos en la palma de la mano. Nada podía salirnos mal en Off-Courts Trouville. Cannes nos sirvió para aprender, entre muchas otras cosas, que para esto del cine y los festivales hace falta ir bien vestido. Para que te hagan caso, para poder hablar con gente importante siempre es recomendable cuidar tu imagen, y así lo hicimos. Y nos encontramos con el festival más hippie de toda Francia. Que nos enseñó que la pijería glamouril se queda en Cannes o en la vecina Deauville. Aquí se comen mejillones con las manos y se bebe Calvados-Tónica.
Los días amanecen resacosos, despertados por las gaviotas chillando el festín que les preparan los pescadores. Un sonido aterrador que debería ser el himno oficial del Festival de Sitges. Un estruendo que removería a Hitchcock de su tumba, y que contrasta con el oasis de paz que es este festival para compradores y distribuidores.
Relajados, descamisados, sin prisas y de semi-vacaciones se disponen a zamparse un festín de cortos. En una sala oscura, anexa debajo del casino, el mercado de Off-Courts Trouville acomoda sofás y ordenadores para visionar el catálogo. Interrumpiendo las maratones, distribuidores y compradores explican lo que buscan y en que están metidos. Un acercamiento próximo y amigable que se diferencia claramente de las prisas e impersonalidades de Cannes. Aquí vienen a mirar y a charlar tranquilamente para llevarse a su casa una cosecha de las mejores pescas.
El festival es una celebración de la creatividad francófona. Quebequeses, belgas y franceses, se reúnen en Trouville para, entre mejillón y mejillón, ver conciertos, realizar cortos durante los 9 días de Festival y, sobretodo, visionar cortos (en francés y sin subtítulos, por descontado! Que estamos en Francia y somos chauvinistas…).
Después del palmarés llega la fiesta. El marché se traviste en una disco (ahora entendemos porque era tan oscuro). Curiosamente el Festival acaba con un gran “acto de clausura” en el lugar dónde se hacían negocios. Creadores y distribuidores cara a cara, calvados en mano deslizándose por una pista de baile que hubiera hecho orgulloso a Disco Stu. Movimientos atrevidos a lo 80’s, un anacronismo casposo que ya habíamos experimentado en el coche con radio Vintage a todo trapo. A los franceses les va lo retro.
Nuestro desembarco había llegado a su fin, y, resacosos, nos hicimos dos promesas. Primero, no volver a probar los “moules marinières”. Esta gente los devora a todas horas… los mejillones en Normandía se cuentan por toneladas. Y segundo, dejar el calvados para los normandos, ellos lo toleran como si en el mañana no hubiera resaca.
foto: Meri Farnell
Consejo: No busquéis nunca “Beauvais” en el GPS. Puede traeros a lugares insospechados muy lejos del aeropuerto que necesitáis para llegar a casa.... True Story.
P.D: Como en el Festival de Cannes, en Trouville fuimos a presentar el corto ROBOTA.