"La vida de calabacín" las ventajas de ser un marginado

Autor: Filmin Fuente: Filmin

Fue una de las cinco nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación, tuvo su debut en el Festival de Cannes (Quincena de Realizadores) y más tarde se alzó con el Premio a la Mejor Película de Animación Europea en los EFA. "La vida de calabacín" no tiene nada que demostrar, por méritos propios ya se ha proclamado como una de las películas más necesarias que han transitado nuestras pantallas este último año. Cine universal para pequeños y adultos que reivindica la animación en stop-motion y viene firmada por una de las directoras más estimulantes del cine europeo, Celine Sciamma. Aquí nuestras razones por las cuales no debes perdértela.

¿De qué va?

Calabacín es un nombre extraño para un niño de 9 años, aunque su historia es sorprendentemente universal. Tras la repentina muerte de su madre, Calabacín se hace amigo de un simpático policía, Raymond, que lo acompaña a su nuevo hogar de acogida con otros huérfanos de su edad. Calabacín lucha al principio por adaptarse al extraño y hostil ambiente. Con la ayuda de Raymond y de sus nuevos amigos, Calabacín aprenderá a amar y a confiar en los otros.

¿Quién está detrás?

Un tándem de lujo como pocos se ven en el cine de animación. Celine Sciamma, cuyo nombre ya empieza a hacerse grande en el cine europeo gracias a joyas del tamaño de "Tomboy" y "Girlhood", se embarca en la adaptación de una de las novelas infantiles más populares del país galo: "Autobiographie d’une courgette" de Gilles París, mientras Claude Barras se encarga de trasladar al stop-motion sus palabras. La sensibilidad y valentía del cine de Sciamma fusionado con la preciosa animación de Barras. 

¿Quién sale?

Claude Barras tenía muy claro que la interacción de los actores debía ir más allá de estar en una sala de doblaje aséptica en la que pudieran soltar sus líneas de diálogo. Es por ello que toda la película se rodó paralelamente en imagen real con todos los niños llevando a cabo sus papeles vocal y físicamente. Esto permitió que tanto las voces como la animación posterior desprendieran la naturalidad y arrojo que al final puede verse en pantalla. 

¿Qué es?

La más justa merecedora del Óscar entre las cinco nominadas. 

¿Qué ofrece?

Tuve la gran fortuna de poder asistir al pase que realizó El Meu Primer Festival de Barcelona de "La vida de calabacín" unos meses antes de su estreno y posterior nominación al Oscar. La particularidad de este festival de cine es que los niños son los protagonistas, y se les brinda la oportunidad de interactuar con los creadores de la película para preguntarles posibles dudas o simplemente expresarles qué les ha parecido. En esa ocasión, uno de los guionistas estuvo presente para cumplir con dicha función, y quedé ampliamente sorprendida por la gran aceptación de la película entre los más pequeños y las dudas que ésta le había generado. Por algún motivo, les costaba mucho aceptar la terrible sucesión de acontecimientos que llevan a Calabacín a quedarse huérfano. 

Nosotros, desde nuestra perspectiva y experiencias adultas, muchas veces obviamos cómo puede impactar una película en la mente de los niños o cómo interpretarán las diferentes escenas que allí ocurren. "La vida de calabacín" es una película difícil, que no os engañen sus bonitos colores, sus amables personajes y ese tamiz infantil que generalmente se otorga al cine de animación. No es otro de esos productos procesados en los que podemos plantar a los niños delante de la pantalla esperando que no hagan preguntas incómodas y que simplemente estén entretenidos durante una hora. Si de algo se puede tildar a "La vida de calabacín" es, sobre todo, de ser una película valiente que no atenta contra la inteligencia de los niños, y que les da la suficiente cancha como para que puedan enfrentar problemas reales desde una perspectiva cercana la suya, la de unos niños abandonados a su suerte en un orfanato que bien saben que solo se tienen los unos a los otros. Es por ello que, una y otra vez, el guión de Celine Sciamma evita caer en tópicos que ya hemos visto mil y una veces: como que la trama orbite alrededor del bullying o se retraten las miserias de un orfanato público regentado por terribles funcionarios (muchas veces encarnados por una mujer terrible que adopta el tropo de "La bruja malvada). "La vida de Calabacín" no se rasga las vestiduras para hablar de temas tan complejos como el alcoholismo, la monoparentalidad o incluso los abusos sexuales. Pero lejos de querer proteger a los niños pintando un mundo de colores donde todo es azúcar y nada malo pasa, les enseña que todos podemos construir nuestra felicidad desde entornos distintos, y que el apoyo entre unos y otros, la comprensión y la amistad pueden germinar hasta en el más trágico de los destinos. Cine necesario, del que nos gusta y debería verse mucho más. Suyo no fue el Oscar, aunque nuestro corazón ya se lo ha ganado. 



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