La Última Aventura de Errol Flynn (y todas las anteriores)

Fuente: Ricardo Jornet (filmin)

Cuando Julianne Moore ganó (¡por fin!) su Oscar por su papelón en "Siempre Alice", una de las personas para la que más elogios tuvo fue para su guionista y director, Richard Glatzer, fallecido recientemente por ELA. Un homenaje cuyo eco rescatamos, reivindicando la figura de uno de los cineastas indie más interesantes de los últimos años, que junto con su pareja, Wash Westmoreland, nos ha sorprendido con filmes como "Quinceañera". Y le homenajeamos estrenando "La Última Aventura de Robin Hood", fantástico biopic de ese hombre en movimiento perpetuo que fue Errol Flynn. Aunque el tipo no acabó su carrera en la cubierta de un navío, sino más bien en la bodega...

En el filme, el maestro Kevin Kline interpreta a la versión más decadente del que a lo largo de los años treinta y parte de los cuarenta representase el espíritu de la aventura de un Hollywood exótico, escapista y aventurero y unos públicos que tomaban la palabra y actos del star-system como si de Dioses se trataran. Una fábrica de héroes y mujeres fatales, de villanos e inocentes damas, que colapsaría tras la Guerra y enviaría a muchos como Flynn al abismo de la bebida, el descontrol y el sensacionalismo.

Capitalizando esos últimos años de excesos y oscuridad (y sobre todo la relación del ex-bucanero, historia real con visos de telenovela, con una joven Dakota Fanning y su madre, Susan Sarandon), "La Última Aventura de Robin Hood" certifica el paso del tiempo y el peso de la melancolía sobre ese hombre que una vez reinó pero finalmente fue pisoteado por los implacables engranajes de la industria. Su arte, y esto es lo bueno, nos ha quedado: en filmin tenemos cuatro caras del joven Errol Flynn, cuatro grandes filmes que, junto con el de Glatzer, dan buena cuenta de todo lo que el actor fue, quiso ser y nunca llegó a ser. 

- El Capitán Blood: el Bucanero

Flynn poseía una vitalidad y un espíritu de la aventura, un dinamismo, que bebía mucho del recién extinto cine mudo; no en vano su primer filme, recién llegado de tierras british tras huir de su Australia natal (donde fue expulsado del colegio), fue este remake de un silent film de 1924, que le catapultó de manera inesperada a la fama de un día para otro y ayudó a asentar su imagen de bucanero galán y romántico, despreocupado pero siempre atento a ayudar a los suyos, en el papel de un médico reconvertido en esclavo y finalmente en pirata. También fue aquí donde conoció a Olivia de Havilland, tensión sexual jamás resuelta (o eso dicen...) que le acompañaría como contrapunto femenino durante gran parte de su breve pero intensa carrera.

 

- El Príncipe y el Mendigo: el Caballero

Pronto Flynn pasó a ser la comidilla de las revistas del corazón hollywoodienses, que valoraban más los rumores acerca de su disipada vida amorosa que la peor o mejor calidad de sus interpretaciones. Intuyendo este camino, Flynn apostó, junto con la Warner, por roles que ayudaran a asentar esta imagen de galán, caballero valiente y amigo de sus amigos, más que por cualquier papel con visos de convertirle en un atormentado. Así, en esta adaptación de la novela de Mark Twain, clásica historia del niño rico y el pobre que se intercambian papeles gracias a su parecido físico, interpreta (y cobra, cobra mucho por ello) al amigo adulto y noble del pobre, que al final el tiempo pondrá en su lugar como cristalización de todo lo bueno de este mundo. Casi nada.

 

- La Carga de la Brigada Ligera: el Militar

Michael Curtiz (si, ese que ideó una tal "Casablanca" junto con unos cuantos más...) había catapultado a Flynn a la fama con "El Capitán Blood" y siguió recurriendo al australiano, cada vez más cotizado según acababan los años treinta, para otras de sus aventuras de época. En este caso, y de nuevo con de Havilland, Flynn es un apuesto caballero inglés, dechado de virtudes, que junto con su regimiento decide enfrentarse, a lo Leónidas, contra un enorme ejército ruso en la guerra de Crimea. Para la época previa a la Segunda Guerra Mundial, en la que las exaltaciones patrióticas y los actos de valentía larger than life eran lo más demandado por las masas estadounidenses, Flynn se convirtió en la quintaesencia del héroe americano.

 

- Camino de Santa Fe: el Americano

Después de seis películas, Flynn y de Havilland volvieron a colaborar juntos en esta epopeya histórica y patriótica de nuevo a los mandos de Curtiz. En 1940 la Guerra ya era una realidad y Estados Unidos tenía que proyectar hacia sus ciudadanos y hacia el mundo la idea de una nación unida contra los totalitarismos y los gurús visionarios capaces de exterminar compatriotas por sus ideales desviados: el abolicionista radical John Brown, uno de los causantes de la Guerra Civil estadounidense, representa todos esos rasgos del líder contra el que la gran Nación Americana tenía que luchar, y para ello enviaron a Flynn y a un joven Ronald Reagan (!). El filme resultante es una epopeya bélica, narrativa y estéticamente impecable, que se ha convertido en un clásico muy merecidamente.

Acabada la Guerra, la población estadounidense empezó a estar preparada para otro tipo de narraciones, más oscuras, urbanas y realistas, y comenzó su alejamiento de las fantasías históricas en las que Flynn había medrado. Esto fue el comienzo del fin para el australiano, que espació sus apariciones en filmes cada vez más, acuciado por escándalos concernientes a su vida disipada y por deudas cada vez más apremiantes. Los cincuenta fueron una época negra para Flynn, que, cada vez más alcoholizado, acabó encontrando la muerte en una visita a Canadá, donde había ido para intentar vender su yate. Finalmente, el bucanero perdió su nave.

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