"La Fiesta de Despedida" mar afuera

Fuente: Joan Sala (filmin)

Ganadora de La Espiga de Oro a la mejor película y mejor actriz en el Festival de Cine de Valladolid y Premio del Público en el Festival de Venecia, "La Fiesta de Despedida" es una comedia ingeniosa y conmovedora, una película que promete arrasar en nuestro catálogo, tal y como ya hciera a su paso pro taquilla, sin necesidad de contar con grandes efectos especiales o superhéroe alguno.

O mejor dicho, sí, aunque en su caso lo hace con un quintento formado por héroes de carne y hueso. Y es que, estamos ante un fenómeno de público que habla sobre la vejez, que reivindica la muerte digna, pero que ante todo es un canto a la vida, al hecho que la amistad no tiene ningún rango de edad.

¿De qué va?

Un grupo de amigos que conviven en una residencia de ancianos en Jerusalén construyen una máquina de eutanasia para ayudar a un amigo enfermo terminal. Cuando empiezan a extenderse los rumores sobre esta máquina, más ancianos comienzan a pedirles ayuda, creándoles un dilema emocional.

¿Quién está detrás?

Con su cortos previos han triunfado en los Festivales de Sundance y Locarno. Con su primer largo ("A Matter of Size") triunfaron entre el público de Karlovy Vary y con "La Fiesta de Despedida", se han hecho con el Premio del Público en el Festival de Venecia y con la Espiga de Oro en el Festival de Valladolid. No hay duda, Tal Granit y Sharon Maymon van camino de convertirse en los Jonathan Dayton y Valerie Faris hebreos. Tiempo al tiempo.

¿Quién sale?

Ze'ev Revach, Levana Finkelstein, Aliza Rozen, Ilan Dar y Rafael Tabor parecen interpretarse a si mismos. Y no solo porque en la mayoría de los casos el nombre de los personajes que interpretan coincidan con los suyos verdaderos, más bien por la soltura, veracidad y naturalidad con la que encarnan sus papeles. Estrellas, pero de las de verdad.

¿Qué es?

Una comedia negra sobre la amistad y el saber cuándo decir adiós.

¿Qué ofrece?

Alegrías mucho más que penas, sonrisas antes que lágrimas. Un incondicional alegato humano que presenta además un humor irreverente y afilado, jocoso e inspirado. "La Fiesta de Despedida" se presenta tal y como lo hacen sus carismáticos y entrañables protagonistas: totalmente desnuda y a corazón abierto. Y es que, su enemigo no es tanto la muerte, como la criba que supone poder llegar a ella, incluso abrazarla, de forma consciente y digna. Obviando todo posible subrayado, todo posible efectismo, trampa o estridencia, los directores Tal Granit y Sharon Mayon tiran del más absoluto descaro, y lo hacen con irresistible simpatía, para recordarnos que cada uno de nosotros debería tener derecho a ejercer la eutanasia siempre y cuando sea verdaderamente necesaria, cuando suponga la única vía posible para evitar el sufrimiento físico, la demencia mental o un padecimiento crónico. Tan fácil y tan simple como eso. Pero que nadie se equivoque, su principal arma para ello no es la lágrima fácil, más bien un sutil sentido de lo feel good y el más desbocado cachondeo. Nunca mejor dicho, un fenómeno humano (además de público) que merece ser disfrutado y valorado como tal. Y en eso estamos.

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