Jim Mickle: un auteur del cine indie de género
El estadounidense Jim Mickle puede jactarse de haber recibido unos honores reservados a unos pocos: que su último filme esté presente en la prestigiosa Quincena de Realizadores de Cannes a la vez que gana el premio al Mejor Director en Sitges. ¿El responsable? "Frío en Julio", magnífico pulp sureño con un Michael C. Hall que nos hace olvidar a su encarnación televisiva psicópata envuelto en una historia que gira tan rápido como el cargador de una pistola bien engrasada.
Como en filmin sabemos que el buen cine de autor es de todo menos unívoco, y puede encontrarse allá donde uno menos se lo espera, queremos celebrar a Mickle como lo que es: un verdadero auteur del género, un artesano que se reinventa a sí mismo a cada paso que da.
Con tan solo cutro filmes en su haber, Mickle se ha convertido en uno de los maestros contemporáneos del género, entendido como cruce de caminos entre lo humano y unos códigos formales característicos que llevan con nosotros desde hace décadas, pero que a ojos del cineasta norteamericano pueden servir para explorar no mundos ajenos y fantásticos, sino las pequeñas y grandes luchas a las que nos enfrentamos cada uno día a día. Si el cine es magia, y los géneros fantásticos son su representación más tangible, bienvenido sea el mago Mickle.
Aprovechando el estreno en filmin de "Frío en Julio", queremos introduciros en el particular mundo, narrativamente diverso y formalmente brillante, de nuestro amigo Jim Mickle. Al fin y al cabo, posee una virtud muy rara hoy en día: sus explosivos filmes amenizarán tus tardes de cervezas con los colegas a la vez que, una vez te acuestes, te dejarán pensando en las ramificaciones reales de lo que acabas de ver. Lo dicho, un maestro.
Stake Land: tras el Apocalipsis
El primer género clásico al que Mickle le hincó el diente (nunca mejor dicho...) fue el de vampiros, pero resituado, de manera posmoderna, en un contexto particular: el del apocalipsis total. Pero si en blockbusters como aquel "Soy Leyenda" la cuota de pantalla para las persecuciones, explosiones y mostración de torsos desnudos gana significativamente a la del desarrollo de personajes y la evolución coherente y sorprendente de la trama, en "Stake Land" nos encontramos de lleno con una historia de género tras la cual late un enorme corazón.
El viaje a través de un mundo devastado de Martin y su protector, un caza-vampiros que es como un Van Helsing poco hablador pero con una frecuencia de cosas interesantes que decir bastante interesante, le sirve a Mickle para orquestar de paso una crítica a los fundamentalismos religiosos, en la figura de una terrorífica secta que acabará siendo más peligrosa que los propios vampiros, y dejar al descubierto las precariedades de un sistema como es el estadounidense.
Somos lo que Somos: Gótico Caníbal
Y del Apocalipsis al terror gótico de tintes clásicos, pero pasado por un filtro onírico contemporáneo que bebe de joyitas como "Martha Marcy May Marlene", "Somos lo que Somos" es un remake de la ya excelente "Somos lo que Hay", pero sustituyendo el realismo salvaje de aquella por un riguroso formalismo que acaba de confirmar el talento natural de Mickle para dotar a sus filmes de una estética trabajadísima que va más allá del mero susto al que nos tiene acostumbrados este tipo de relatos de horror clásicos.
Cuento macabro de canibalismo que ahonda en las raíces familiares de la maldad, el absurdo de los ritos atávicos y, de nuevo, en la crítica a los fundamentalismos religiosos, tras su siniestramente hermosa superficie se encuentra un aparato narrativo austero pero terriblemente eficaz (y que deja lo mejor para el final, estallido que choca contra el resto del metraje, de suave cadencia onírica). Y, por supuesto, por aquí anda Michael Parks, ese titán del género con crítica detrás que últimamente ha venido poniéndose a las órdenes de la otra autoridad mundial en mezclar género y realidad: Kevin Smith.
Frío en Julio: Thriller del Sur Profundo
El interés de Mickle por explorar los mecanismos clásicos del género (en especial los desplegados por cineastas como Carpenter o George A. Romero, maestros de ceremonias de la organización de la crítica de costumbres a través del cine fantástico) cristaliza de nuevo en su última joya, una película que en realidad es muchas: relato de invasión doméstica, ejemplo de suspense conspiranoico, muestra de salvaje humor negro y finalmente thriller de venganza refinadamente inesperado.
Todo un homenaje al cine de bajo presupuesto de los setenta y ochenta, que parece ver la sociedad norteamericana del sur profundo como una gran cadena de relaciones sostenidas por el interés, la perversidad y la venganza, "Frío en Julio" encierra a su protagonista (y a los espectadores) en un esquema cíclico de noches y días tras haber asesinado, casi sin pretenderlo, a un asaltante nocturno inesperado. Al final, esta acabará siendo la última preocupación del protagonista, un Michael C. Hall excelente, arropado por las actuaciones igualmente brillantes de Sam Shepard y Don Johnson.
