Hoy también es el día de "La Gran Belleza"
Jep Gambardella llega hoy a filmin con el Oscar en mano. Paolo Sorrentino, que pasa página, olvida a Sean Penn, a ese lugar 'para no quedarse', y vuelve a contar con su actor fetiche, Toni Servillo, para rodar su babilónica, preciosista, espectacular y definitivamente extraordinaria, "Dolce Vita". Damos la bienvenida a "La Gran Belleza". También hoy es su día.
¿De qué va?
Una jet-set en plena decadencia teje esta trama de relaciones inconsistentes, todos envueltos en una Babilonia desesperada que se agita en los palacios antiguos, las inmensas villas, las terrazas más hermosas de Roma. Todos están allí. Y no tienen el mejor aspecto. Jep Gambardella, 65 años, escritor y periodista, indolente y decepcionado, con la mirada perpetuamente empapada de gin tonic, asiste a este desfile de una humanidad hueca y descompuesta, poderosa y deprimente. Una atonía moral que da vértigo. Y en segundo plano, Roma, el verano. Espléndido e indiferente. Como una diva muerta.
¿Quién está detrás?
Paolo Sorrentino toca el cielo, suyo ha sido el Oscar, el Globo de Oro y el Premio del Cine Europeo a la Mejor Película. Es "La Gran Belleza" de uno de los cineastas más estimulante del momento a lo largo y ancho del planeta, responsable, entre otras, de la hermosa y conmovedora "Las consecuencias del amor", o de la lección política y retrato inmisericorde de un ¿venerable? monstruo de hoy, o mejor dicho, de ayer, en forma de "Il Divo".
¿Quién sale?
Como siempre, un espectacular Toni Servillo, rodeado esta vez por damas de la aristocracia con excedente de botox, trepas con mucha más pretensión que ambición, políticos muy venidos a menos, monjas pellejas, párrocos sin respuestas, criminales de altos vuelos, periodistas cuatreros, artistas de ilustre pacotilla, nobles en la más absoluta decadencia o intelectuales sin cerebro.
¿Qué es?
La Dolce Vita + Roma
¿Qué ofrece?
Con todo lo dicho, únicamente me queda añadir que estamos ante un extravagante ejercicio de estilo absolutamente preciosista, hermosamente ampuloso y monumentalmente circense. Paolo Sorrentino coge "La Dolce Vita" por los cuernos para actualizarla con la decadente jet-set de esa Roma, 'bella Roma' de hoy, como esperpéntico telón de fondo. "La Gran Belleza" es un opulento y grandilocuente artefacto que no contento con rendir el mejor homenaje posible al carnavalesco mundo felliniano, articula una hiperrealista reflexión sobre el sentido de la 'bella vita' a través del estrambótico artificio que tanto caracteriza el estrafalario mausoleo de personajes que lo transitan. De humor cínicamente negro, empapado de un afilado existencialismo, la nueva y formalmente excepcional película de Sorrentino, encuentra aquello cuyos crepusculares protagonistas anhelan. Una pura y colosal grande belleza.