Grandes Clásicos Mondadori: “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë
De la voz de una heroína de la Inglaterra victoriana surge un himno aguerrido a la valentía y el romance, que al mismo tiempo es una crítica punzante a una sociedad rancia. Una novela clásica de amor, precursora del feminismo y la psicología moderna, sobre una huérfana que enfrenta su destino manifiesto gracias a su inteligencia e integridad inquebrantables. Una voz de la verdad que no puede pasar desapercibida.
“Lector, ¿Conoces como yo, el terror que la gente fría imprime en el hielo de sus preguntas?”, se dirige la novela a nosotros, como advertencia potencial hacia todos los personajes de la historia.
Jane Eyre es una mujer de singular temperamento desde su complicada infancia de huérfana, primero a cargo de una tía poco cariñosa y después en la escuela Lowood. Logra el puesto de institutriz en Thornfield Hall para educar a la hija de su atrabiliario y peculiar dueño, el señor Rochester, con quien, poco a poco, el amor irá creciendo a escondidas, sin saber qué secretos estremecedores se esconden detrás del pasado de ambos.
En las lecturas clásicas que se hacen de la novela “Jane Eyre”, escrita en 1847, se suele guardar la imagen ultrarromántica de una azarosa historia de amor entre esta institutriz pobre y su rico y atormentado patrón, en el marco truculento y misterioso de una fantasmagoría gótica. Pero lo que se olvida es que, antes y después de la relación central con el misterioso, sardónico y violento señor Rochester, la protagonista tuvo una vida: episodios escalofriantes de una infancia tan maltratada como rebelde, años de enfermedad y arduo aprendizaje en un tétrico internado, estaciones de penuria y renuncia en la más absoluta desolación física y moral, inesperados golpes de fortuna, incluso remansos de paz familiar y nuevas -aunque engañosas- proposiciones de matrimonio.
Lo que se suele dejar de lado es que, al fin y al cabo, la novela es todo un libro de la vida, una exhaustiva ilustración de la lucha entre conciencia y sentimiento, entre principios y deseos, entre legitimidad y carácter, de una heroína que es la «llama cautiva» entre los extremos que forman su naturaleza. Un tesoro moderno sobre las emociones que nos ofrece Penguin Random House en su Colección Grandes Clásicos.
¿Quién era la autora?
Charlotte Brontë (1816-1855) nació en Thornton, Yorkshire, tercera hija de Patrick Brontë y Maria Branwell. En 1820 el padre fue nombrado vicario perpetuo de la pequeña aldea de Haworth, en los páramos de Yorkshire, y allí pasaría Charlotte casi toda su vida. Huérfanos de madre a muy corta edad, los cinco hermanos Brontë fueron educados por una tía suya.
En 1824, Charlotte, junto con sus hermanas Emily, Elizabeth y Maria, acudió a una escuela para hijas de clérigos; Elizabeth y Maria murieron ese mismo año, y Charlotte siempre lo atribuyó a las malas condiciones del internado. Estudiaría posteriormente en una escuela privada, donde ejerció asimismo como maestra; fue luego institutriz y maestra de nuevo en un pensionado de Bruselas, donde en 1842 estuvo interna con Emily.
Algo nos podría hacer sospechar que la vida de la autora guarda cierta semejanza con la de su personaje protagonista, es cierto. De vuelta a Haworth, en 1846 consiguió publicar un volumen de Poesías con sus hermanas Emily y Anne, con el suedónimo, respectivamente, de Currer, Ellis yActon Bell. Su primera novela, “El profesor”, no encontró editor. Pero, como Currer Bell, publicó con éxito “Jane Eyre”. En 1848, mientras morían a su alrededor Emily y Anne, y su hermano Branwell, escribió “Shirley”, que sería publicada al año siguiente. Su última novela fue “Vilette”. Charlotte se casó con el reverendo A. B. Nicholls un año antes de morir.
Publicación encubierta
La novela se tituló en principio “Jane Eyre: una autobiografía” y se publicó bajo el seudónimo de Currer Bell. Tuvo un éxito inmediato, tanto para los lectores como para la crítica. Uno de sus más acérrimos defensores fue el escritor William Makepeace Thackeray, al cual muchos atribuyeron la obra, pues la autora permaneció en el anonimato hasta un tiempo después de su publicación. Como agradecimiento, Charlotte le dedicó la segunda edición de su novela.
Controvertida y revolucionaria en el momento de su publicación, la novela postula ideas precoces sobre el feminismo que más tarde serían adoptadas por ciertos corrientes de la psicología social.
Jane Eyre adaptada
Como era de esperar, tan gran novela tenía que hacer llegar sus ecos a otros campos artísticos. “Jane Eyre” ha tomado forma audiovisual en unas siete películas destacables y en tres miniseries de televisión.
El film “Jane Eyre” de 1997, dirigido por Robert Young, nos trae una más que loable adaptación de época con intérpretes televisivos como Deborah Findlay, Joanna Scanlan, Ben Sowden, Barbara Keogh y Laura Harling.
De la mano de la cámara de Cary Joji Fukunaga, la “Jane Eyre” de 2011 nos traslada a una exploración profunda de 120 minutos del relato pseudo-autobiográfico de Charlotte Brontë. Los fríos velos del clima británico y de ciertas relaciones difíciles empañan con una estética preciosista esta actualización formal del relato, que cuenta con un reparto de lujo encabezado por Mia Wasikowska y Michael Fassbender, y con Judi Dench y Jamie Bell no como menos merecidos. Un clásico de clásicos con sentido y sensibilidad que no puede faltar en la memoria de todo buen romántico.