Este Mortensen está muy Viggo
Para el gran público –aquel que sólo desea ingerir enormes dosis de peripecia y acción- Viggo Mortensen siempre será el valeroso, recio y heroico Aragorn de "El señor de los anillos". Pero si nos alejamos de las tierras de Mordor, de las espadas y la épica de la batalla, veremos que la carrera de Mortensen siempre se ha vinculado al riesgo y la exigencia. No en vano, como "Captain Fantastic" ha logrado ser nominado al Oscar partiendo de un personaje que aglutina la esencia filosófica de Dostoyevski, Nabokov, Chomsky o incluso Warhol. Tan lejos, tan cerca.
Y es que hace tiempo que Mortensen parece haber renunciado a los blockbusters para abrazar un cine más independiente y autoral, que pueda suponerle un reto interpretativo. No solo se ha puesto bajo las órdenes, hasta en tres ocasiones, de David Cronenberg ( encarnando a Freud en "Un método peligroso", a un apacible trabajador que esconde un turbio pasado en "Una historia de violencia" y a un diligente chófer de una familia de mafiosos en "Promesas del este", película por la que recibió su primera nominación al mayor galardón del mundo del cine en 2007), sino también de un radical irreductible del cine como es el caso del argentino Lisandro Alonso (en cuya fascinante y magistral "Jauja" rompe la tradición, siendo el primer actor profesional en protagonizar una película de Alonso) , de Walter Salles o de su amigo Ed Harris. El riesgo que añade siempre a su carrera le ha llevado, incluso, a protagonizar films de otras cinematografías (algo que puede hacer gracias al hecho de que es políglota y habla con fluidez el español) como, por ejemplo, la adaptación que hizo Agustín Díaz Yanes del célebre personaje de Pérez Reverte, donde tuvo que volver a cabalgar con armadura y empuñar espada, "Alatriste", o el thriller argentino "Todos tenemos un plan". Incluso incursionó en el cine francés con "Lejos de los hombres", una voluntaria y fructífera travesía que le aleja de Hollywood. Él mismo confesaba en una entrevista con El PAÍS, "que le aburre"; y en otra ocasión llego a desdeñar el modelo de vida que el imaginario colectivo construye alrededor de la meca del cine: el del lujo, el exceso, las grandes mansiones con piscinas en forma de riñón y las interminables fiestas que se celebran en ellas. Por el contrario, Mortensen afirmó, resaltando su faceta de pintor: "cuando tengo un día libre no lo gasto en una fiesta en Hollywood. Prefiero estar en casa con pinturas y un lienzo en blanco". Toda una declaración de principios.
Y es que el propio Mortensen se define más como un artista que como un simple actor. En sus propias palabras: "para ser un artista no importa componer música, pintar, hacer una película o escribir un libro. Es sólo una manera de vivir. Tiene que ver con prestar atención, recordar, filtrar lo que ves y participar en la vida" . Y él parece tener muy claro cual es su manera de participar. Su carisma, su simpatía y su inflexible método de trabajo hacen el resto
Y todo esto nos lleva, de nuevo, a "Captain Fantastic". Al presente. A una película que parece intrínsecamente propìa del festival de Sundance (donde tuvo su premier mundial) más que de los Oscar. Una película que bajo su disfraz de road movie tragicómica, que mezcla el sentimentalismo con un humor absurdo, supone un puñetazo directo a la filosofía americana, aquella que Andy Warhol resumió en una frase: "comprar es más americano que pensar".
Viggo Mortensen es Ben Cash, un hombre de firmes ideales que ha decidido criar a sus seis hijos al margen de la civilización moderna: viven en las montañas, cazan para comer, son adiestrados para la vida salvaje y a la vez reciben una exquisita y exhaustiva educación en donde no faltan los análisis de "Lolita" de Nabokov, la lectura de Dostoyevski y, por supuesto, las citas de Noam Chomsky. Y es que Ben es un viejo comunista que aún cree en la utopía y piensa que EEUU está controlado por un poder oculto que simbolizan las multinacionales; y que uno es más libre cuanto más se aleja de ese sistema. Y aunque a veces es imposible no sonreír ante la ingenuidad del personaje, hay que reconocer que el discurso del que hace gala la película no representa precisamente los valores americanos. Y menos en una época en donde Trump se sienta en el despacho Oval. Una película independiente con semejante carga política lo tenía muy difícil para cruzar ciertos umbrales, y menos el del Dolby Theatre pero, de nuevo, Viggo Mortensen arriesga y gana. Y con un personaje peculiar que no sabemos cuanto tiene del actor ("mi trabajo como artista, como yo lo veo, es entender y en algunos casos tomar diversos puntos de vista, a veces, radicalmente diferentes a a los míos") pero hemos reconocido la voz de Ben en algunas declaraciones del propio Mortensen:
"Me doy cuenta de lo importante que es usar el tiempo que tenemos. Respeto a la gente que lo usa para ver la televisión. Por casualidad, yo prefiero leer",
"El movimiento Black Lives Matter, así como todos los movimientos de ocupación en España y en el resto de Europa sirven como ejemplo de lo que se puede hacer",
"Bernie Sanders ha inspirado a millones de personas en este país".
¿No es fácil imaginar al idealista Ben pronunciando algunas de estas frases, depositando su confianza en el viejo socialista que retó a Hillary Clinton en las primarias demócratas?. Sea como sea, la presencia del atípico actor en la gala del 26 de febrero será la confirmación no sólo de su solidez, sino también de que otro tipo de cine -y no sólo el de peripecia y acción, por volver al inicio de este artículo- tiene y debe tener, cabida y presencia en una industria poliédrica. Por eso, esperemos que el propio actor tuviera razón cuando afirmó :" cualquier nominación de una película ayuda a elevar la curiosidad del público, por lo que en ese sentido los premios y las nominaciones son importantes". Ojalá tenga razón. Ojalá aumente la curiosidad respecto a "Captain Fantastic". Ojalá que ustedes la disfruten.