Entrevista a Mar Coll, directora de "Tres días con la familia"
Mar Coll sólo tiene 27 años, y un enorme talento para la dirección cinematográfica. “Tres días con la familia”, su ópera prima, así lo confirma: con este viaje a través del microcosmos familiar en el que no faltan los rencores y los sentimientos encontrados entre miembros de un mismo clan, la directora consigue retratar con gran sensibilidad algunas de las mayores pulsiones humanas. Tres galardones en el pasado Festival de Málaga (entre ellos, a la mejor dirección) y el premio a la película revelación de la temporada (otorgado por el programa Versión Española) avalan este trabajo. “Tres días con la familia” ha aterrizado con fuerza en la cartelera de nuestro país, una cita indispensable para volver a disfrutar con el talento de la autora de “La última polaroid”, cortometraje que podéis ver aquí.
1- ¿Cuáles fueron los títulos que marcaron tu infancia?
“Operación Whisky”, la veíamos con mi hermano cada vez que mis padres se iban a cenar fuera, era como una especie de manía. En general también recuerdo todas las películas de Cary Grant y Katharine Hepburn, el cine americano de los años ’40 y ’50. “La fiera de mi niña” es otro de los títulos de esta época. Y por supuesto, también “Grease” -la vi como 17 veces- y “Cariño, he encogido a los niños”.
2- ¿Un director de cine al que admires?
De entre los españoles, Víctor Erice. También me gusta Lucrecia Martel (de sus películas, me quedaría con “La ciénaga”), Noah Baumbach (me gustó mucho “Margot y la boda”, y “Una historia de Brooklyn”). Otro español, Berlanga, porque me da mucha risa… Y para mencionar algo más dramático, me quedo con los hermanos Dardenne.
3- ¿Una película que querrías haber firmado? También puede ser un proyecto personal en el futuro…
Te diría que “La ciénaga”, pero para no repetir diré mi segunda película. A ver si se da, es un deseo; la que sea, pero la segunda.
4- ¿Un plano que siempre recuerdes?
No, no creo que haya ninguno.
5- ¿...y una línea de diálogo?
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6- Recomiéndanos alguna película que hayas visto recientemente.
Vi una que me debió gustar mucho porque la vi en la pantalla minúscula de un avión y me emocioné, y eso es muy raro porque en el avión uno nunca llora: “La boda de Rachel”. Es verdad, durante el clímax se me cayó una lágrima…
7- ¿Rodarías alguna vez una serie de tv?
No me cierro a nada, pero no lo creo; no es lo que más me llama la atención.
8- ¿Hay alguna novela que querrías adaptar?
Mi madre siempre dice que hay que adaptar “Memorias de Adriano”, de Marguerite Yourcenar. Yo lo veo complicado. Ella está empeñada en que yo lo haga, es un deseo que tiene y hasta que no lo haga no parará.
9- ¿35mm o rodaje digital?
Depende de la película. Pero la verdad es que, si se puede, 35mm; también porque no ruedo historias que tengan grandes efectos de postproducción. Tal como ruedo, así se queda. Si tienes que hacer virguerías en postpo, entonces es mejor rodar en HD.
10- ¿En el rodaje de “Tres días con la familia” qué ha predominado más, la improvisación o el respeto al guión?
Yo decía que el guión es una herramienta que se puede modificar. En los ensayos se fueron modificando los diálogos, pero en esta película los diálogos son escuetos, así que todo quedó bastante parecido. Si algún actor en vez de decir ‘vale’ decía ‘bueno’ yo no gritaba corta, se quedaba así y ya está. Mi actitud en relación a esto era la de a ver qué pasa, a ver qué hacen… Pero no hubo grandes improvisaciones, entre otras cosas porque teníamos dos tomas por escena, y en 35mm no era cuestión de improvisar demasiado.
En esto, el formato es un gran condicionante…
Sí, desde luego.
11- ¿Cuál es la escena de la película que más te ha costado filmar?
La escena de los columpios en la que hablan madre e hija: fue una agonía, se nos iba la luz por momentos, el sol se escondía… Como estábamos en un lugar cerca de la costa, en una casa situada entre Lloret y Blanes, había ruido de barcos, de aviones. En el set, mientras rodábamos, yo no lo percibía, pero luego los de sonido me llamaban, me ponían los cascos, y ahí sí que se oía todo… Philippine, la actriz, no estaba del todo situada para esa escena… Pero es que a parte de todo esto, al día siguiente me llaman para decirme que está desenfocada, que una parte está muy soft, aunque sólo una parte. Yo pensé, si es así la repetimos seguro; estuvimos a punto de repetirla. Luego hay mucha gente que me ha dicho que es una de sus escenas favoritas de la película. Y realmente era muy importante, supongo que en el rodaje todos trabajamos con esa presión. Las escenas en el interior de la iglesia también fueron muy difíciles, tuvimos que rodar muchos planos en un solo día.
12- ¿Un consejo para alguien que quiere dirigir o que está a punto de hacerlo?
A mí lo que me ocurre es que me cuesta no ceder en lo principal, es decir, hay una serie de sacrificios cuando estás rodando, hay que cortar planos, hay que adaptarse a la realidad, eso es así. Pero tienes que saber y tener muy presente que hay algunas cosas a las que no puedes renunciar para contar la historia que quieres contar. A mí si los de producción me dicen, por ejemplo, mira, este coche no podemos tenerlo, mi tendencia es a decir, bueno si no se puede no pasa nada. Pero hay cosas que son realmente importantes y en eso no hay que ceder.
Me pasó que estábamos en una calle de la Barceloneta y quería seguir con la cámara a un personaje; los de producción me dijeron, no se puede, debido a que no contábamos con algún permiso, seguramente. Yo grité, pero cómo que no se puede, esto es la ESCAC, planos como estos hemos rodado millones de veces. Me pillé un mosqueo de la hostia. Fue la única vez que me enfadé de todo el rodaje, pero creo que si le preguntas a alguien del equipo nadie se acuerda.
13- ¿Crees que hay alguna solución para que el cine independiente sea visto por más gente?
Sinceramente no lo sé, no sé si es un problema de educación o de promoción. En mi casa nos llevaban a ver este tipo de películas, tal vez fue una cuestión familiar. Si no, es posible que nunca me hubiera dado por ver cine ruso, por ejemplo. En cuanto al tema de la promoción, si la película es muy independiente no hay dinero para invertir en eso. Hay que ver qué público potencial tiene la película. Pienso que “Tres días con la familia” puede llegar a un público bastante amplio. Se ve que en el primer fin de semana los resultados fueron buenos en cuanto a la recaudación media obtenida por sala, pero los productores se quejaron de que fue el fin de semana del año hasta el momento en el que menos gente acudió a los cines. Con este buen tiempo que está haciendo no me extraña, yo también me hubiera ido a la playa (risas). Pero creímos que era el mejor momento para estrenarla, porque ha sido la única película “en su especie”, y eso está bien… Si hubiéramos esperado a septiembre o a octubre hubiera tenido que competir con muchos otros estrenos. Yo estoy aprendiendo ahora de todo esto…
14- ¿La revolución digital nos permitirá ver más y mejores películas o simplemente nos dejará aturdidos?
No sé, ¿qué opinas tú? A ver si vamos a tener que empezar a hacer películas para que se vean en pantallas pequeñas, en los teléfonos móviles… No tengo ni idea, la verdad es que me siento aturdida; a mí que me diga el productor lo que tengo que hacer. Yo creía que tenía que hacer cine porque el oficio iba a consistir siempre en lo mismo, y nada más lejos de la realidad. En la actualidad todo cambia a una velocidad trepidante. Yo espero que se sigan haciendo películas para verlas en el cine, en una pantalla grande; no hay nada comparable a la experiencia del cine propiamente.
Hoy consumimos más cine que nunca, aunque muchas veces en casa, y también a través de la descarga ilegal. La buena noticia es que interés por el cine hay, lo que hay que ver es cómo canalizarlo y cómo hacer que ese interés resulte rentable. Lo que pasa ahora con las series, por ejemplo, es un fenómeno social: si las series son de calidad, si los productos que se consumen son de calidad y en versión original, la gente se va a acostumbrar a eso y va a rechazar otro tipo de propuestas.
El interés está ahí, la gente quiere ver cada vez más películas. Yo sólo espero que la esencia del cine no se pierda, y que podamos seguir viéndolo en pantalla grande y en una sala a oscuras.
15- ¿Desde tu punto de vista, son útiles las escuelas de cine?
Yo pienso que sí, aunque creo que cualquier camino es bueno para llegar a hacer una película. Pero la escuela de cine, fundamentalmente, te ofrece la oportunidad de contactar con personas de tu generación que quieren hacer lo mismo que tú. Mi promoción fue muy estimulante, en ella había un montón de gente que actualmente está trabajando en proyectos muy interesantes. Los de la ESCAC somos como un ghetto, nos queremos mucho, nos damos trabajo, nos llamamos… Es más interesante ir a una escuela de cine por la gente que conoces que por lo que se imparte de formación o de teoría. Pagas una matrícula carísima cada año, y si te lo curras más que nadie puedes hacer un corto. El corto es tu carta de presentación; es la puerta de entrada al mundo del cine, de la dirección y del ámbito de la fotografía. Fuera, poder hacer un corto es muy complicado. Tienes que hacer tres o cuatro cortos para que uno te salga bien. Y es cierto que cuando empiezas en la escuela, a los 18 años, el cine es secundario, estás más por otras cosas…
"TRES DÍAS CON LA FAMILIA"
16- ¿Por qué crees que el espacio íntimo de la familia es un tema tan rico en el plano cinematográfico?
Las relaciones familiares nos condicionan a nosotros como individuos, son las más complejas que existen. De por sí tienes un componente de conflicto; las relaciones paterno filiales, por ejemplo, nunca son limpias del todo. Siempre estamos que si mi madre me raya, que si hacen más caso a mi hermano que a mí… Es muy interesante observar cómo nos comportamos con el tema de la familia, porque son relaciones desde que naces y tú las acoges desde el principio, no desde la edad madura. Eso hace que vayas arrastrando toda una serie de cosas, se hace como una bola. La familia está en la base de la psicología, si te pones a hablar de eso siempre acabas teniendo una película de personajes. Si hubiera querido hacer una película de acción, hubiera hablado de otro tema (risas). Lo bueno que tiene el tema de la familia, además, es que el espectador hace una identificación inmediata con su propia experiencia, establece comparaciones… Le llevas a realizar una reflexión personal, que es lo que yo quiero. Con la película planteamos qué es la familia hoy en día en Catalunya, cómo lo llevamos, qué podemos hacer con ello…
¿Y a qué conclusión has llegado?
Pues creo que la conclusión sería que como no puedes renunciar a la familia ni quieres, porque sientes por ella afecto y una cierta dependencia, hay que limar asperezas y empezar a trabajar las relaciones familiares.
17- El microcosmos familiar te sirve en “Tres días con la familia” para hablar de la incomunicación, de la hipocresía que practican los integrantes de este clan perteneciente a la burguesía catalana…
Bueno, no hablaría de hipocresía porque me parece que el término encierra una cierta maldad y una intención, más bien se trata de que los personajes quieren hacer ver que todo está bien, que nada funciona mal. Hablaría de pudor, en este sentido, más que de hipocresía. Todo es un quiero y no puedo, los miembros de esta familia tienen un problema para mostrar el afecto y al mismo tiempo respetar el espacio del otro. Siempre es violento preguntar las cosas directamente; lo que ocurre en la vida real es que no preguntas nunca ni cuánto cobras, ni cómo estás con tu mujer, o cómo os va en la cama… La gente escoge más a sus amigos para contar su vida; yo me siento más cómoda hablando de ciertos temas con mis amigos que con mi familia.
¿Y, en este sentido, la muerte del patriarca era la excusa argumental ideal para hablar de todo ello?
Lo bueno del tema de la muerte es que me daba la estructura perfecta para contar esto. Cuando pensaba en esta película tenía claro que quería hacer una escena entre una madre y una hija, esa escena del columpio, de la que hablábamos antes. El tema del funeral viene con una estructura muy marcada, da una fluidez al conjunto, como espectador ya sabes lo que puedes esperar; hay algo que te lleva a algún lado. Quería mostrar también que venimos de un modelo familiar que avanza hacia otro: venimos de un modelo patriarcal en el que el padre era tratado con mucho respeto, incluso con un poco de miedo por los hijos. Los padres ahora son súper protectores, se interesan todo el tiempo por estimular a sus hijos… El hijo se ha convertido en el verdadero patriarca de la familia, es él quien da un golpe en la mesa y pone a todos firmes. Es algo de lo que siempre habla mi padre, él dice algo así como “he pasado de lavarle los platos a mi padre a lavárselos a mis hijos”. En la película hablo de esa última generación antes del cambio, una generación perdida representada por el personaje de Eduard Fernández, que realmente está fatal.
18- Cuáles han sido las referencias (cinematográficas, literarias…) que has utilizado en el momento de escribir el guión. ¿En qué te has inspirado?
“Tres días con la familia” se enmarca en un tipo de cine que es el que he mamado en las películas que he visto desde los 14 o 15 años. Ese cine yo creo que marca tu estilo, tu gusto personal. Dicen que los libros que lees entre los 12 y los 15 años también son decisivos, y yo fui una lectora precoz. Con el cine creo que puede pasar lo mismo, también se genera una marca.
¿Hay algún rastro autobiográfico, sobre todo en la construcción de la protagonista, Léa?
Marçal (*amigo y compañero de promoción de la ESCAC, que se encuentra en el mismo café donde realizamos la entrevista) dice que Léa es mi lado oscuro. Una parte de la rabia, del malestar que he podido sentir en ciertas situaciones, lo he llevado al personaje. Siempre que pienso en una película pienso en historias negativas, después me castigo, en este sentido tengo un punto de masoquismo… Hay mucho material autobiográfico en el personaje, luego a medida que trabajas vas ordenando los elementos para comunicar una idea más lineal, cambias cosas para ayudarte a contar la historia. A partir de ahí los actores le dan un punto personal. Hay cierto espíritu de mi familia en la película, ellos se reconocen de alguna manera, me dicen “esto es típico de tu padre” o se sienten decepcionados cuando no se corresponde con la realidad. Pero yo pienso, es una ficción, qué queréis… (risas). Sin embargo hay cosas que sí son personales y que pertenecen al plano de lo real: a mi padre le encanta que me ponga el collar de su madre, que falleció, lo mismo que le ocurre a Léa.
19- Léa tiene un punto de rebeldía muy importante, pero creo que evoluciona hacia un estado de conformidad con lo que le rodea… Es capaz de aceptar, finalmente, que su relación con Sébastien ha terminado y que su madre seguirá siendo como es. Háblame un poco de esta evolución.
La película muestra una madurez del personaje. Léa es un poco amarga, no sabe cómo gestionar su frustración personal, no sabe cómo canalizarla. Yo con mis padres soy una tirana, y es algo bastante común, porque con los padres no aplicas el filtro social… Es algo que nunca nos pasaría con nuestros amigos, por ejemplo. Lo que tiene que aprender la protagonista es que ni ella es perfecta ni nadie en su entorno va a serlo, que si su padre no se ha podido separar de su madre es seguramente porque no ha sabido cómo llevar a cabo esa separación… Creo que hay que tolerar a la familia para poder disfrutarla.
Qué gran verdad.
Uno exige mucho de sus padres, y es verdad que es una actitud típicamente adolescente. Para Léa es muy doloroso ver que sus padres no están bien, pero evoluciona hacia una especie de aceptación.
20- La película consigue reflejar a la perfección la soledad de los personajes, dimensionada en este caso por la muerte de un ser querido y por las tensiones que surgen del encuentro entre familiares que no se han visto en mucho tiempo… Tengo la impresión de que todos se sienten incomprendidos, empezando por la protagonista, ¿es así? Como si vivieran aislados cada uno en una burbuja…
La soledad hubiera sido un buen título para la película, lástima que ya lo había usado Jaime Rosales antes (risas). Como tienen que aparentar todo el tiempo que están bien, los personajes aparecen como seres muy solitarios.
Es muy gracioso porque hicimos un test para averiguar con quién se identificaban más los espectadores: la mitad de la gente que lo hizo no se identificaba con nadie (risas) De la otra mitad, muchos con el hermano mayor (interpretado por Ramón Fontserè), de las señoras, algunas con la madre (Philippine Leroy-Beaulieu), y unas cuantas personas con Léa, la protagonista (Nausicaa Bonnín). Es curioso, porque lo normal es que la protagonista tenga más virtudes, sea más entrañable, pero en este caso no es así porque siempre está de mal humor.
Pero la encuesta fue fascinante y reveló que gran parte de esa identificación se producía por una cuestión generacional.
21- ¿Cuál es, para ti, el personaje que mejor representa el arte del disimulo, para no utilizar el adjetivo hipócrita?
El personaje de Virginia. Es muy descarada, le va diciendo a todo el mundo, tú eres así o de esta otra manera. A ella parece que no le haya afectado en nada la muerte de su padre, pero luego vemos que no es cierto, por ejemplo, en la escena en que encuentra su bastón. Pero de cara al resto de integrantes de la familia se ríe de esta pérdida. En cuanto a la relación con su hijo, claramente se avergüenza de él; y es probable que le exija tanto como su padre le exigió a ella. En cuanto al libro que ha escrito, en el que el padre que acaba de morir queda tan mal parado, todo el mundo me pregunta qué le pasó exactamente con él, a lo que yo contesto que no lo sé, supongo que no se llevaban bien, tendrían mal genio los dos… Yo qué sé (risas).
22- “Tres días con la familia” es una película de actores, y todos han hecho una labor excelente. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?
Al principio me sentía un poco intimidada, claro, es que es un mundo raro el mundo de los actores. Cada quien es de una manera, y hay que tratarlos bien… Al principio me dijeron, “Mar, no nos tratas bien”, y yo me asusté, pensé, lo estoy haciendo fatal, tan metida en mi mundo como estaba, estresada por el rodaje (risas).
Pero la verdad es que confiaron mucho en mí, me dieron su voto de confianza desde el principio. Eduard me dijo, tranquila, te voy a apoyar en todo, voy a muerte contigo… Yo pensé buff, menos mal. Con Nausicaa fue todo mucho más relajado, también porque es más joven y me sentía más cómoda para decirle las cosas, para intentar corregir algo, etc.
El trabajo con los actores debe ser una de las cosas más difíciles…
Sí, es muy complicado, es como un Gran Hermano muy intenso.
23- ¿Cómo recibiste los premios en Málaga? ¿Imaginaste en algún momento que la película podía tener el éxito que consiguió allí?
Cuando llegamos a Málaga no lo sabía, cuando llevas tanto tiempo trabajando en una película pierdes la objetividad, la distancia. Los productores estaban confiados, la primera reacción fue sorprenderse porque la hubieran querido en el festival. Pero lo cierto es que el pase de prensa fue súper bien, y a partir de ahí se fueron generando ciertas expectativas… Me vino el director del festival y me dijo, yo creo que sí, que la película tiene posibilidades de ganar… Y yo, ¿sí? (pensando, qué bien) (risas) Pero no nos esperábamos tres premios.
Los proyectos que emprendo me suelen ir bien, con confianza y mucho esfuerzo siempre espero que todo vaya lo mejor posible.
24- ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto actualmente?
Todavía no. Es mi primera película y quiero ver cuál es la reacción del público, esperar las críticas, todo eso antes de empezar a escribir otra cosa. Para mí es muy importante ese feedback de la prensa y del público en general. Ahora es cuando empiezo a sentir que puedo sentarme a escribir otra vez con las ideas más claras. Siento que es muy importante cerrar una cosa antes de empezar otra.
Además soy lenta. Mi idea es hacer una película cada cuatro o cinco años (risas).
El cine tiene que ser un hobby, me tengo que buscar un negocio o alguna otra cosa para ir tirando.