"El Padre" la vuelta al mundo con Fatih Akin
Después de rodar sobre el amor (“Contra la pared”) y la muerte (“Al otro lado”) a Fatih Akin le faltaba completar la saga con un película sobre el mal. Pues bien, cuatro años después de tomar aire y obsequiarnos con la enérgica comedia "Soul Kitchen", el director otomano se pasa al lado oscuro de la mano del 'profeta' Tahar Rahim. Y lo hace para hablarnos del mal inherente al ser humano. Por si a alguien le cabía la más mínima duda, queda claro que cuatro años después de reír, toca aventurar y sufrir. Akin está listo para sacudir y conmover con "El Padre", su película más grande y ambiciosa hasta la fecha.
¿De qué va?
Mardin, Turquía, año 1915. La policía arresta a todos los hombres armenios de la ciudad. Entre ellos está el joven herrero Nazaret Manoogian, al que separan de su familia. Años después de haber sobrevivido a los horrores del genocidio, se entera por casualidad de que sus dos hijas siguen vivas. Se obsesiona con la idea de encontrarlas y empieza a seguirles la pista. Su búsqueda le llevará desde el desierto de Mesopotamia, pasando por La Habana, hasta las desiertas praderas de Dakota del Norte. Durante su odisea conoce a gente muy diferente, a personas de buen corazón, auténticos ángeles, y a otras que son el diablo en persona.
¿Quién está detrás?
Empezábamos a echarle de menos. Cineasta de origen turco, aunque alemán de nacimiento, su andamiaje cultural se construye como un puente entre Oriente y Occidente, entre su país natal y el de sus padres. Interesado sobretodo en reflejar la contradicción que habita en el individuo escindido por su pertenencia a dos mundos radicalmente distintos. Fatih Akin centra la mayor parte de su cine en hablar de temas cercanos a la inmigración, el mestizaje y el conflicto en el que derivan los choques culturales y generacionales en un mundo globalizado.
¿Quién sale?
Tahar Rahim amo y señor de la fucnión, se embarca en la odisea de "The Cut" sin apenas mediar palabra, acaparando todos y cada uno de sus planos de principio a fin en una acertada caracterización que directa y explícitamente homenajea a Charlot.
¿Qué es?
Un fresco histórico digno de David Lean.
¿Qué ofrece?
Una visión potente y mastodóntica del exterminio armenio a manos del imperio otomano durante la Gran Guerra y sus devastadoras consecuencias, plasmadas en la épica odisea que recorre su mudo protagonista. Fatih Akin concibe su película más ambiciosa sustentado en un descomunal trabajo de producción que se embarca desde Armenia hasta Minneápolis, con parada incluida en Cuba. Un trayecto que a medida que avanza carece del contexto político, social y de denuncia en el que se embarca su primer acto, para centrarse en la vertiente existencial, espiritual y definitivamente humana (celebra con conmovedora sinceridad la fraternidad entre las personas) que afecta a su protagonista. Y lo hace sin incidir tanto en la crudeza y desgarro que caracteriza su obra, dedicando pausa y tiempo a una epopeya que se antoja inevitablemente dramática, pero ante todo sorprendentemente sensible y aventurera.