"El lago del ganso salvaje" en tierra extraña

"El lago del ganso salvaje" en tierra extraña

Tras dar la campanada y hacerse con el Oso de Oro en la Berlinale 2014 con la sorprendente "Black Coal" cuando antes de ser proyectada nadie la señalaba como posible candidata, el realizador chino Diao Yinan regresó al pasado Festival de Cannes con su nueva película para competir en toda una Sección Oficial. Tal y como era de esperar, tal y como fuera el caso de su aclamada predecesora, "El lago del ganso salvaje" sigue la senda del cine de género, concretamente del cine negro, aunque haciendo un mayor hincapié si cabe en el asalvajado fresco social de un país poblado por más gente que personas, una China abandonada a su suerte en el que parece no tener ley que la rija. Como quien diría, sálvese quien pueda, ratas a la carrera.

¿De qué va?

Un líder de una banda criminal en busca de la redención y una prostituta ansiosa por recuperar su libertad se encuentran en el corazón de una persecución. Juntos, deciden jugar una última vez con su destino.

¿Quién está detrás?

Allá por 2014, ya 5 años atrás, el realizador Diao Yinan sorprendió a propios y extraños con su tercera película "Black Coal" o, lo que es lo mismo, el noir chino que privó a todo un "Boyhood" de hacerse con el Oso de Oro. Hablamos de un estilizado y solvente thriller criminal cuyo comienzo bien podría significar la nueva película de David Fincher. También un nuevo capítulo de CSI. Pero no fue el caso, aunque bien lo podría haber sido. Más que nada porque resultó ser una película que hablaba mandarín y sucedía en China, a pesar de que era cine detectivesco, cine de misterio que se aplicaba de forma sagaz los códigos del género, en el que los asesinatos son múltiples y violentos, así como los giros sofisticados e inesperados. Por haber, había hasta elementos tan característicos del cine de género occidental como lo son un antihéroe en forma de policía alcohólico y una misteriosa femme fatale. Siguiendo la senda iniciada por Jia Zhang-ke y "Un toque de violencia", aunque alejándose algo más del contexto social para abrazar de lleno el género o incluso, coquetear con la comedia más desfasada, esta inesperada sorpresa ganó a propios y extraños por ser una de esas miradas sin grandes ambiciones que, sin embargo, logró abarcar mucho más de lo que incluso pretendía. Formalmente pulcra y contundente, argumentalmente sólida y sorprendente, y ante todo, presentando un ADN particularmente exótico, "Black Coal" se reveló en una irrebatible muestra de género que funcionaba a todos los niveles. Sin grandes alardes, pero con grandes logros. Como quien diría; That's entertainment.

¿Quién sale?

Hu GeWan Qian ("God of War" 2017) interpretan dos personajes sometidos su destino. Son peligrosos, pero también encantadores, y lo que están es condenados. Comandando al séquito de policías que los persiguen encontramos a Liao Fan, quien ya protagonizara "Black Coal" y también la última película de Jia Zhang-Ke, "Ash is purest white".

¿Qué es?

Las "Ratas a la carrera" que rodaría Tarantino si hablara chino.

¿Qué ofrece?

Diao Yinan sigue misma senda, mismo camino, el cual ya emprendiera con su anterior "Black Coal". Su nueva película vuelve a ser un thriller noir (y nocturno) e intrínsecamente violento bañado en luces de neón. Una propuesta espectacular e intensa cuyo vehículo principal no es otro que una desfasada cacería humana que sirve para ahondar y penetrar en lo que al realizador chino principalmente le importa: los asalvajados escenarios que su cámara transita y la estrafalaria cartografía humana que retrata. Objetivo certero el suyo que sirve como fiel reflejo de un cuasi distópico universo, de unas brechas sociales que acucian a un país que está sumido en el más desalmado y alienado capitalismo, en el que por mucha muchedumbre que pueble todas y cada una de sus secuencias, no hay sentido alguno de lo colectivo. De hecho, son más gente que personas, entes deshumanizados transformados en ratas a la carrera que tan solo tienen el dinero como meta. Ya sea a través de la caza del criminal en fuga o a través de los múltiples talleres clandestinos y negocios turbios que recorre una persecución desmadrada, abrupta y extremadamente embrutecida.

Sin embargo, si hay una principal característica que la nueva obra del director de "Night Train" se diferencia de su aclamada predecesora, es que del thriller sosegado pasamos al hiperactivo, de la suspensión al constante movimiento. De hecho, en "The Wild Goose Lake" no se le concede ni un segundo al espectador para detenerse y mirar atrás, menos aún para reflexionar en lo que acaba de ocurrir. Básicamente porque pasa de una pantalla a otra sin apenas pestañear, en el que no hay espacio apenas para respirar. En este sentido, estamos ante una obra técnicamente portentosa cuya principal virtud no es otra que su ensamblaje a través de un montaje ágil y raudo que, pese a percibirse en cierto modo invisible, está minuciosamente planificado, impecablemente ejecutado.



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