"El Alcalde" enemigo número uno del cártel mexicano
La guerra contra el narcotráfico en México es una realidad inevitable en todo el país. Masacres brutales de inocentes, libre tráfico de armas y drogas, y una violencia inhumana como modo de vida han hecho sucumbir ciudades enteras ante el crimen organizado. No obstante, todavía quedan algunos reductos de orden civilizado.
En San Pedro Garza García, el alcalde ha conseguido resistir al embate plantando cara con el poder político y militar por delante. Las acciones criminales de los cárteles en su municipio se han reducido casi a cero, pero está claro que los métodos usados para llegar a esta calma no son precisamente los más convencionales en política.
Con todos los motivos posibles, “El Alcalde” sale propulsado de El Documental del Mes al mismo tiempo que empieza a distribuirse en cines y por Internet. Este thriller se fija en la figura de Mauricio Fernández, ex-alcalde de San Pedro Garza García (uno de los municipios más ricos y con menos delincuencia de México), que terminó su mandato hará cosa de un año. Si hay algo de lo que el alcalde se sienta orgulloso, es de mantener una especie de récord imbatido de menos delincuencia dentro de los dominios de su ciudad. Eso es, a su forma de ver, la única manera de conservar la paz y la estabilidad de San Pedro. Y no va para nada equivocado. Mientras las noticias sobre la violencia de los cárteles se limitan mayoritariamente a amenazas hacia cargos políticos, incluso hacia la misma persona del alcalde, la economía funciona a pleno rendimiento y va en ascenso, favoreciendo el asentamiento de grandes empresas en la zona. El propio Mauricio Fernández se beneficia de esto, ya que posee inversiones empresariales que ya le vienen de família, además de una opulenta colección de arte e historia natural en su particular mansión.
Para que todo esto no se vea tambaleado, las medidas de seguridad son drásticas. Fernández levanta un sólido estado policial, casi militar, en el cual las irrupciones de los narcotraficantes son segadas de immediato. Las balaceras y otros conflictos son repelidos y llevados a los márgenes municipales, para que no puedan afectar la pulcra reputación de San Pedro. Las amenazas del crimen organizado son afrontadas con coraje mediático, y un azar absolutamente oportuno y coordinado acaba con los que amenazan. El alcalde tiene, sin lugar a dudas, algo más que la suerte de su parte, y lleva a cabo su discurso autobiográfico muy tranquilo, risueño ante las ruedas de prensa y siempre con grandes aires de seguridad.
Las admirables medidas políticas encubiertas, que muy posiblemente infrinjan más de una ley, que se muestran en “El Alcalde” son tan sólo la faceta pública del conflicto contra el crimen organizado en México. El documental opta por mostrarnos únicamente el lado de los buenos, el de los héroes violentos obsesionados por el control que protegen el día a día de la gente de a pie. En este sentido, deja vislumbrar los métodos de un bando, pero restringe totalmente las atrocidades de los cárteles. Esta visión parcial permite evaluar la figura de poder de forma aislada, sin acabar de entender bien a qué está confrontada, de manera que adquiere un matiz de intriga y organización oculta muy atractivo.
Una cinematografía medida e impecable que retrata el poder en su forma pura se suma a elecciones musicales y composiciones originales más que acertadas, y el sentido de conjunto se consuma con las necesarias imágenes de archivo para dar fruto a un documental que ofrece el contrapunto a las informaciones sobre las bandas de crimen organizado en México que relatan documentales como “Narco Cultura” (Schaul Schwarz, 2013) o “Coalcomán, Michoacán. El crimen organizado y la autodefensa” (2013).