"Desde Allá" asuntos sucios
Si de buenas a primeras por algo ha llamado nuestra atención el complejo debut en el largo del venezolano Lorenzo Vigas, es por tener a Michel Franco tras la producción, a Guillermo Arriaga tras el guión y al actor fetiche de Pablo Larrain, Alfredo Castro, ante cámara. Como no podía ser de otra forma con semejante carta de presentación, "Desde Allá", hoy estreno en nuestras salas, no solo se reveló en una de las propuestas más destacables de la última edición de la Mostra de Venecia, si no que contra todo pronóstico se hizo con el León de Oro.
¿De qué va?
Armando, de 50 años, busca hombres jóvenes en las calles de Caracas y les paga para que lo acompañen a su casa. También espía regularmente a un hombre mayor con el cual parece estar atado por algún nexo del pasado. Un día conoce a Elder, de 17 años, líder de una pequeña banda de malandros. Su relación, violenta al principio, se transforma en algo hermoso, hasta que ocurre lo inevitable.
¿Quién está detrás?
"Desde allá" significa el primer largometraje de ficción del venezolano Lorenzo Vigas, y asimismo forma parte de una trilogía que tiene que ver con la paternidad: "Los elefantes nunca olvidan" (cortometraje que fue mostrado en Cannes), "Desde allá" y terminará con "La caja", cuyo guion está listo. Con "Desde Allá" ha obtenido dos premios en la categoría Cine en Construcción del Festival Cinélatino Rencontres de Toulouse 2015. Un prometedor debut que aún lo es más si nos atenemos que es Michel Franco quien está tras su producción y Guillermo Arriaga tras su guión.
¿Quién sale?
El habitual actor fetiche de Pablo Larrain, el chileno Alfredo Castro, protagonista en "Tony Manero", "Post Mortem", o secundario en "No", la reciente "El Club" y la próxima "Neruda", brinda una interpretación absolutamente distante, inquietantemente hermética y tremendamente austera, muy hecha a su medida. Junto a él, el joven no profesional Luis Silva, en una caracterización mucho más visceral y explosiva. El niño promete.

¿Qué es?
Un controvertido y complejo debut que mira muy de cerca el descarnado estilo en que se enmarca el nuevo cine mexicano comandado por Michel Franco, Gabriel Ripstein o Gerardo Naranjo.
¿Qué ofrece?
Una propuesta tremendamente valiente y arriesgada, sutil, intensa y cuidadosamente rodada, que inevitablemente está predestinada a generar debate y controversia, por más que en este caso la violencia explícita principalmente brille por su ausencia. Cierto es que el conflicto que sacude a sus dos protagonistas, ambos construidos de forma muy hermética y definitivamente críptica, se siente profundamente truculento y escabroso. Son personajes cuyos inquietantes motivos y traumas personales vamos descubriendo según recorremos un guión profundamente inescrutable y austero, rigurosa y metódicamente planificado, que gestiona a cuentagotas la información que va ofreciendo con el consciente riesgo de que muchas de las situaciones que muestra pueden resultar tan incoherentes como poco creíbles a ojos del espectador. Pero también lo es que el debutante director demuestra tener este riesgo totalmente bajo control en el revelador momento que disponemos de toda la información. Y es entonces cuando el desarrollo de su historia, engañosamente inverosímil y supuestamente forzada, se torna finalmente creíble y absolutamente justificada, por más que nos llegue como un puñetazo en el estómago. Si a todas estas complejas virtudes argumentales añadimos un pulcro y portentoso trabajo de fotografía (minuciosos encuadres con un constante juego del enfoque-desenfoque) y un excepcional trabajo interpretativo, bien podemos augurar que estamos ante un debut digno de enmarcar, un sorprendente León de Oro que en el fondo, y visto lo visto, no lo debería ser tanto. Bombazo.
