Crónica Venecia 2014: "A pigeon sat on a branch reflecting on existence" Roy Andersson apunta al León de Oro

Fuente: Joan Sala (filmin)

Crónica Venecia 2014: "A pigeon sat on a branch reflecting on existence" Roy Andersson apunta al León de Oro

Cuenta Roy Andersson en rueda de prensa que han sido cuatro años dedicados a tiempo completo los que ha necesitado para llevar a cabo el rodaje de "A pigeon sat on a branch reflecting on existence", dedicando entre uno y dos meses a cada un de los 39 arrebatadores tableaux vivants que componen su excepcional y genuina película. Dedicación y pasión absoluta por su oficio como cineasta que se ve plasmada en una obra autorialmente gigantesca. El León de Oro le haría justicia.

¿De qué va?

Como si de unos Don Quijote y Sancho Panza de nuestros días se tratara, una singular pareja de vendedores comerciales de artículos de broma nos embarcan en una caleidoscópica visión sobre el destino irremediablmente errante al que está abocado el ser humano.

¿Quién está detrás?

El mejor director sueco con vida pone la guinda a su excepcional trilogía iniciada con "Canciones del segundo piso" y "La comedia de la vida"

¿Quién sale?

Con sus particulares caracterizaciones, los bizarros Holger Andersson y Nisse Vestblom se erigen en inmejorables maestros de ceremonia para un reparto monumentalmente coral en el que todos y cada uno de los personajes, objetos o incluso animales, juegan un papel clave. Cosa de genios.

¿Qué es?

Un cocktail imposible entre la sórdida mirada de Ulrich Seidl, la sonrisa deadpan de Aki Kaurismäki, los tableaux vivants de Wes Anderson, el ingenio satírico de Luis Buñuel, el espíritu circense de Fellini y las pinturas de Pieter Bruegel. Todos ellos solo al alcance de su mano. Único en su especie.

¿Qué ofrece?

El drama de la hipocresía y desesperación humana tratado desde un audaz y cínico sentido del humor absurdo y una extraordinaria capacidad creativa. Roy Andersson nos brinda el colofón final a su imprescindible trilogía de forma brillante y distintiva, y lo hace gestando lo que supone una memorable experiencia artística para el espectador. "A pigeon sat on a branch reflecting on existence" es un majestuoso grand guignol que levita a camino entre el más desgarrador horror y la tierna ensoñación, para incidir en una peculiar reflexión existencial que nos lleva a la más tétrica realidad desde la más estimulante ironía.

Componiendo 39 tableux vivants de un apabullante registro coral (todos ellos rigurosamente diseñados y detalladamente plasmados sobre un sorprendente empleo de la profundidad de campo que le dotan de un prodigioso registro plástico), el director de "La comedia de la vida" se apoya en una cámara fija inmejorablemente posicionada para lograr que los cuadros que su objetivo 'pinta' adquieran vida propia. Una insondable patente autorial con la que el artista sueco nos regala una mirada genuinamente surreal y singularmente transgresora, que tiene la satírica osadía de incurrir en la anacronía para desmontar uno de los símbolos más venerados de la historia sueca (es el caso del vanagloriado Rey Carlos XVII, cuyas múltiples conquistas durante el siglo XVII son tiradas por tierra en dos de las secuencias más asombrosas, brillantes y definitivamente imponentes del film), de tener un humor inimaginablemente inspirado como para coreografiar uno de los momentos musicales más sorprendentes y entrañables de la historia reciente del cine contemporáneo (demostrando que también sabe ser cariñoso y tierno) o el bagaje histórico necesario como para sacudirnos con una de las escenas más enfermizas y demoledoras que viviremos en esta Mostra, y que bien simboliza la crueldad que yace inherente al espíritu del ser humano (la recreación de un exterminio cuya retorcida ejecución alcanza cotas insospechadas de vileza). Apoteósicas virtudes al servicio de una película majestuosamente lángida, tan sórdidamente reflexiva en su vertiente social como portentosamente minimalista en su registro artístico. Una obra casi maestra, prácticamente perfecta. Solo nos queda esperar cuatro años o más, a su próxima película, para la que por cierto, el cineasta escandinavo afirma que ya tiene título: "La cuarta parte de una trilogía". Mejor no podía empezar.

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