Crónica Sitges 2013: "The Congress" mastodóntica obra de culto
Ganó el Globo de Oro pero no el Oscar, mucha gente habló de ella pero mucha menos la acabó viendo, "Vals con Bashir" era un documental de animación llamado a hacer historia que, al menos en nuestro país, pasó más desapercibido de lo que sin duda merecía. Su actor, director, productor y guionista, Ari Folman, ha decido repetir la experiencia con un renovado y arrojado patrón formal en busca de resultados superiores. Eso sí, en esta ocasión la memoria histórica ha dado paso a una abrumadora y melancólica distopía socio-meta-cinéfila. No lo duden, la extravagante, agotadora, delirante, errática, pero igualmente fascinante "The Congress", es carne de Sitges...y una futura mastodóntica obra de culto.
¿De qué va?
Necesitada del dinero, Robin Wright firma un contrato según el cual los estudios harán una copia de ella y la podrán utilizar como les plazca. La actriz volverá a escena como invitada para un congreso, en un mundo que ha cambiado completamente.
¿Quién está detrás?
El director de "Vals con Bashir" y el escritor de "Solaris". Ari Folman hace suyo un relato escrito en 1971 por Stanislav Lem titulado "El congreso de la futurología".
¿Quién sale?
Además de Robin Wright Penn haciendo de Robin Wright Penn, Harvey Keitel, Paul Giamatti y Danny Huston aparecen en escena. Y sí, "Forever Young" aparte, vuelve a sonar la sobrecogedora música de ese genio del neoclásico llamado Max Richter.
¿Qué es?
A Scanner Darkly (dibujado como Vals con Bashir) + El (futuro) Juego de Hollywood en plan 1984 con "El Árbol de la vida" en el horizonte.
¿Qué ofrece?
Tenemos infinidad de ejemplos, de directores que tras emerger con una triunfante ópera prima quedan sumidos en el más absoluto olvido con su segunda obra, aquella que no solo se enfrenta al público, si no también a las inevitables expectativas infundadas por su anterior éxito. Pues bien, a grandes males, grandes remedios. El realizador israelí arriesga, innova y nos propone una extravagante obra que comienza planteando un live-action para adentrarse finalmente en la desatada animación. En total, 70 minutos de reflexiva 'vida real' y 50 minutos de enfermizo y desgarrador dibujo para una obra de discurso grandilocuente que se percibe tan fascinante como agotadora, en cuyo hermoso paisaje yace una melancólica reflexión sobre la identidad y la imagen articulada sobre un corrosivo metalenguaje que le permite soltar bilis contra la deshumanización contemporánea en general, y Hollywood en particular, con estimulante sorna. "The Congress" se siente errática y desproporcionada, pero no se equivoquen, lo que podría resultar una catástorfe con delirios de grandeza acabará por convertirse en una futura y mastodóntica obra de culto. Tiempo al tiempo.
Nota: 8.5 / 10