Crónica Sitges 2013: "L'Etrange Couleur des Larmes de tons Corps" la perversión del deseo
Allá por el 2009, Sitges nos decubría "Amer", un film de sensaciones, captadas siempre a flor de piel, que en un mismo espacio tenía el descaro de conjugar el giallo del mejor Argento, el doloroso existencialismo de Antonioni y el imaginario surrealista del propio Buñuel. Un diamante en bruto que encandiló en su largo recorrido festivalero, causando furor en Sitges antes de estrenarse definitivamente en filmin.
Pues bien, cuatro años después, Helene Cattet y Bruno Forzani vuelven a la carga con un título difícilmente pronunciable pero inequívocamente distinguible. "L'Etrange Couleur Des Larmes De Tons Corps" era nuestra niña bonita antes de verla y desde hoy, nuestra insobornable favorita tras vivirla y experimentarla. Es hora de Polanski, Lynch, Preminger o incluso Hitchcock. Son solo algunas de las sugestivas referencias para tan alucinante propuesta.
¿De qué va?
Una mujer desaparece. Su marido decide investigar las extrañas circunstancias de su desaparición. ¿Acaso le ha abandonado? ¿O es que está muerta? A medida que va indagando en las respuestas, el marido se verá gradualmente inmerso en una serie de situaciones violentas.
¿Quién está detrás?
Los directores de la magnífica "Amer" (ver online) vuelven al ruedo con un film en el que el duo belga ha trabajado a lo largo de 9 años.
¿Quién sale?
Klaus Tange, Jean-Michel Vovk, Sylvia Camarda, pero ante todo, un película que se articula a través de colores, imágenes y por supuesto, sonidos.
¿Qué es?
Un "Amer" amplificado con toques del Lynch de "Carretera perdida", del Polanski de "El quimérico inquilino", del Preminger de "Laura" o incluso del Hitchcock de "Vértigo".
¿Qué ofrece?
Todo aquello que los fans de "Amer" llevábamos esperando durante estos cuatro largos años de espera. "L'Etrange Couleur Des Larmes De Tons Corps" supone una amplificación de su antecesora en los cinco sentidos. Empezando por la abstracción de una trama a medio camino siempre, entre lo real y lo imaginario, que adquiere un cariz comedidamente más narrativo que su experimental antecesora, para sumergirse de lleno en la esquizoide perversión del deseo oculto, aquel que atañe a una pareja cuya atracción a pasado de lo natural y virginal, a lo oscuro y siniestro, propulsado por un erotismo sádicamente gótico. Estamos ante un orgiástico artefacto que se escucha por la retina y se ve por el oído, que habla mediante los sonidos, los colores, la imagen, el montaje o los planos detalle, y no a través de la palabra. Una sinfonía intrínsicamente audiovisual para una experiencia introspectiva que resulta tan sensorial y sensual como malsana y maliciosa. La nueva película de Bruno Forzani y Helene Cattet amenaza, agrede y penetra, envuelta en un aura tan fetichista como intensa, que tiene en los cueros, los cuchillos y los cristales rotos, sus armas estrella. Un viaje intenso, violento y sobrecargado al fondo de la psique humana, se traduce en la película más tremenda, enfermizamente seductiva y hermosamente compleja de Sitges 2013. Que muchos se 'caguen' en ella, pero otros tantos la adulemos, es su mejor prueba. Guste o no, la suya es una fascinante mirada ante la que queda prohibida la indiferencia.
Nota: 9 / 10