Crónica San Sebastián 2023: “El juicio”: Semántica de la atrocidad

Autor: Filmin

Crónica San Sebastián 2023: “El juicio”: Semántica de la atrocidad

En la pasada edición de la Zinemaldia, “Argentina 1985”, de Santiago Mitre, se alzó con el Premio del Público tras recibir sonoras ovaciones e impactar con la historia de Julio Strassera, el fiscal argentino que logró sentar en el banquillo de los acusados y condenar al General Videla y al resto de criminales de guerra de la dictadura de su país. El gran acierto de la película, protagonizada por Ricardo Darín, fue adoptar las hechuras de un film de juicios tremendamente comercial, alejado de las singularidades narrativas del cine de Mitre y de su coguionista Mariano Llinás. En “La cordillera”, por ejemplo, Mitre ya nos había hablado de la memoria histórica de su país, pero lo metafórico de la propuesta le impedía llegar a un público amplio, algo que sí lograba con la mucho más convencional (y emotiva) “Argentina 1985”.

Ulises de la Orden nos presenta este año en Zabaltegi el reverso documental de la película de Mitre. El director ha logrado sintetizar las casi 600 horas de grabación del juicio contra los responsables de la dictadura del 76 en un metraje de menos de 3 horas, dividido en 18 episodios. El resultado es apabullante. “El juicio” no anda lejos, en relevancia y clarividencia, de “Nuremberg: Its Lesson for Today”, de Stuart Schulberg, o incluso de la “Shoah” de Claude Lazmann. Un monumento histórico dotado únicamente de imágenes de archivo grabadas en aquel juicio del 85, cálidamente adornadas por las marcas del tiempo que delatan su formato videográfico. En el documental asistimos a una sucesión de relatos atroces, alguno al borde de lo soportable, que ilustran las actuaciones de los responsables del llamado Proceso de Reorganización Nacional. La casi siempre deliciosa oratoria argentina da paso aquí a los testimonios de víctimas y familiares, pero también da voz a los asesinos, que se preguntan por qué deben “defenderse de haber ganado una guerra justa”.

Llamar “guerra” al terrorismo de Estado es solo uno de los ejemplos de cómo los criminales retorcieron las palabras, para vehicular un discurso a su favor. “Colaboración” o “Aniquilación” son otros términos sobre los que se debate en un juicio que es, entre otras muchas cosas, una batalla lingüística, semántica. El metraje es exigente con el espectador, pero le recompensa con creces. La banalidad del mal de Hannah Arendt resucita en el Juicio a las Juntas: “Yo solo cumplía órdenes. Soy un militar”, afirman los dictadores; “Ni siquiera en una guerra son aceptable estas atrocidades”, le replica Strassera. La indignación, la repulsión, hacen arder unas imágenes en U-matic que son Historia de la humanidad.

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